Hace exactamente diez años, medio mundo volvió la vista a Madrid. Aquel fatídico jueves sucedían los atentados terroristas en la estación de Atocha, El Pozo y Santa Eugenia, que quitarían la vida a 192 personas. Aquel 11-M media España se volcaría en una oleada de solidaridad y ayuda pocas veces vista. Aquel terrible jueves todos fuimos Madrid.

Solo siete años después sucedería el desastre de Fukushima. Ambas tragedias, ocurridas en la misma fatídica fecha del 11-M, despiertan en nuestro cerebro los recuerdos más nítidos y cercanos de sucesos que hayamos podido vivir. Es posible que nos olvidemos de acontecimientos menos relevantes, sin embargo, nuestro cerebro es capaz de procesar y almacenar cada detalle de esas fechas tan duras para todos.

Hoy rememoro claramente la sensación de inseguridad e incertidumbre de los primeros minutos, cuando saltó la noticia de unas extrañas explosiones en Atocha. Recuerdo vivir aquel 11-M como estudiante, tratando de localizar a familiares de algunos amigos que vivían en Madrid. Y creo que todos los que seguimos aquella tragedia minuto a minuto sabe perfectamente qué estaba haciendo en cada momento.

11-m
Antonio (Flickr)

Los recuerdos se entremezclan en la memoria: la incertidumbre inicial al escuchar la radio, la angustia al no poder localizar a personas cercanas que vivían en Madrid (en una época no tan lejana en la que no contábamos con WhatsApp o Twitter), el horror y el miedo de las horas posteriores. Parece como si mi cerebro, igual que el de todos los que recordamos hoy a las víctimas del 11-M, estuviera reviviendo de nuevo aquellos trágicos sucesos.

Cuando ocurrió el 11-S, investigadores de la Universidad de Nueva York y del Weill Cornell Medical College decidieron conocer qué ocurría en la mente de todos aquellos que vivieron de forma especialmente cercana los atentados terroristas contra las Torres Gemelas. Salvando las distancias, podemos decir que emocionalmente resulta lógico recordar de manera más vívida este tipo de tragedias o catástrofes, como la también reciente desaparición de un avión.

¿Por qué nuestros recuerdos son tan nítidos?

En personas que han vivido de manera cercana sucesos como los atentados del 11-M, una parte del cerebro queda especialmente "afectada". Según los investigadores de Estados Unidos, la amígdala de los voluntarios de su estudio parecía más activa de lo normal tras los atentados del 11-S, en base a las "fotografías" del cerebro obtenidas por resonancia magnética. Esta región cerebral se asocia con la regulación de la intensidad emocional, creando además los recuerdos emocionales.La memoria episódica permite que guardemos recuerdos con especial nitidez

Este tipo de recuerdos se asocia a la conocida como memoria episódica, que guarda en nuestro particular "archivador" aquellos sucesos autobiográficos asociados a momentos, lugares y emociones que podemos evocar de manera explícita. Dentro de este tipo de memoria episódica encontramos también los recuerdos flashbulb, responsables de las experiencias o sucesos que podemos revivir de manera más nítida.

Estos recuerdos flashbulb se asocian con eventos que nos son emocionalmente "cercanos". Estudios clásicos relacionados con la psicología relacionan esta memoria con eventos tan diferentes como la tragedia del transbordador Challenger, el asesinato de Kennedy o Luther King. Por "separados" que parezcan estos sucesos, lo cierto es que provocan un impacto emocional muy fuerte en nuestro cerebro.

Científicos de la Universidad de Berkeley sugieren que la información que archiva nuestro cerebro sobre estos recuerdos flashbulb no tiene por qué ser precisa. Simplemente nos llega de forma particularmente intensa, aunque no todos los datos coincidan con lo que realmente ocurrió durante una determinada tragedia, como pudieron ser los propios atentados del 11-M.

Nuestra percepción sobre los recuerdos flashbulb no es precisa ni consistente, pero sí que está marcada por el impacto emocional que sufrimos. No solo recordamos lo que vivimos, sino lo que creemos haber vivido, como demuestra otra investigación realizada en la Universidad de Duke con estudiantes que vivieron el 11-S.No recordamos solo lo que vivimos, sino lo que "creemos" haber vivido

En cierta manera, las emociones viscerales que almacenamos en nuestro cerebro no tienen tanto "peso" como erróneamente creemos. Guardar estos trágicos sucesos en nuestra memoria sirve para rememorar de manera nítida qué hacíamos en cada momento de aquel 11-M, o cualquier otra fecha con un fuerte impacto emocional en nuestra vida, como también pudo ser el desastre de Fukushima o la reciente desaparición de un avión.

Recordar esa mañana del 11-M, y entender cómo un suceso tan traumático puede dejar "huella" en el cerebro de las víctimas y sus allegados es importante, para así mejorar la efectividad de los tratamientos psicológicos. Entender los mecanismos por los que nuestra memoria se regula también debe servirnos para entender un poco más el funcionamiento del cerebro.

Aquel terrible 11-M, el reloj se paró a las 7:39 de la mañana. Nada volvería a ser igual. Nadie volvería a ser el mismo. Ojalá que los avances en tecnología y medicina permitan que estas catástrofes jamás se repitan, y podamos ayudar de la manera más cercana posible a sus víctimas.

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