Se habla mucho sobre cómo cambia el cerebro de las madres después de tener hijos. Tiene sentido, al fin y al cabo, una nueva vida ha estado gestándose en su interior durante nueve meses. ¿Pero qué pasa con los padres primerizos? Biológicamente, puede parecer que su papel termine una vez que finaliza la fecundación. Aunque, afortunadamente, socialmente siguen interviniendo en la crianza. O al menos deberían. Por eso, es interesante estudiar si su cerebro también experimenta cambios a través de la paternidad. Es algo que se ha intentado estudiar durante años, aunque generalmente con investigaciones poco sólidas. Ahora, en cambio, un equipo de científicos españoles ha dado una nueva información mucho más específica sobre este tema.

En su estudio, recién publicado en Cerebral Cortex, detallan cómo el cerebro de los padres primerizos se contrae después de nacer sus hijos. Esto puede sonar bastante negativo. Pero lo cierto es que se trata de un refinamiento que potencia la conexión con el bebé. En definitiva, no pierden capacidades, sino que se enfocan mejor en las que son realmente necesarias para cuidar de su descendencia.

Los cambios no son tan drásticos como en las madres, quizás por eso han pasado desapercibidos. Sin embargo, los resultados del estudio son claros: su cerebro también cambia tras el nacimiento del primer hijo. 

Así cambia el cerebro de los padres primerizos

En este estudio participaron un total de 40 padres primerizos heterosexuales, de los cuales 20 se encontraban en España y el resto en Estados Unidos. El seguimiento fue ligeramente diferente en cada país.

A los padres que se encontraban en España se les hizo una resonancia magnética cerebral antes del embarazo de sus parejas y después del nacimiento de sus bebés. Sin embargo, los de Estados Unidos tuvieron también un seguimiento durante la gestación. Además, hubo un control de 17 hombres sin hijos residentes en España. Esto sirvió para comprobar si, en caso de detectarse cambios en el cerebro, estaban realmente vinculados a la paternidad.

Al analizar las resonancias magnéticas vieron que a medida que avanzaba el embarazo, y después del parto, iba reduciéndose el volumen cerebral en zonas muy concretas. La más afectada fue la materia gris cortical, que se asocia con la recompensa y la motivación. Además, dentro de la corteza cerebral, se observó una mayor contracción en un área conocida como red de modo predeterminado. Estudios anteriores han encontrado una vinculación entre esta y la aceptación y el apego entre padres e hijos, por lo que no parece casual. Incluso parece que hay cierta reducción en el volumen del sistema visual. Esto podría tener relación con la capacidad de los padres para reconocer a sus hijos, aunque se requiere más estudio para saberlo.

No tan pronunciado como en las madres

Si hasta ahora no se había dado importancia a estos cambios cerebrales, es porque la plasticidad neuronal de las madres está mucho más pronunciada. En ellas intervienen factores hormonales, que provocan cambios en regiones como la red subcortical límbica, vinculada a las emociones. Los padres primerizos no tienen ese tipo de modificaciones. De hecho, aún no se sabe con exactitud cuáles son ni a qué se deben. 

Aun así, está claro que la paternidad deja una huella tan profunda que puede verse hasta en el cerebro. Sabiendo esto, no hay excusa para escaquearse de cambiar pañales.

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