Históricamente existe una vieja creencia que afirma que el olfato es el sentido menos desarrollado en los seres humanos. Quizás si comparamos nuestra habilidad con la capacidad que tienen otras especies animales, como los perros, entendamos esta afirmación. ¿Pero es tan cierta como pensamos?

Pensemos un momento en los ratos que utilizamos el olfato. Quizás acabamos de despertarnos, y nos llega el olor de la panadería cercana a nuestra casa, y como reacción, sintamos que de repente nos ha entrado el apetito. Otros olores pueden alejarnos de lugares donde existe mucha contaminación y suciedad. Sin embargo, es cierto que no usamos el olfato tanto como hacemos con otros sentidos, como la vista o el gusto.

Estimular el olfato: nuestro sensor más natural

Un estudio realizado por científicos de la Universidad de Duke ha determinado que nuestro olfato es mucho más hábil de lo que pensamos. Los resultados del equipo de Sanne Boesveldt concluyen que nuestra nariz es un potente sensor de grasa en la comida.El olfato es uno de los sentidos más desconocidos

A día de hoy, muchas de las dietas presentan un porcentaje de calorías muy elevado (en torno al 40%) que procede de grasas. Esta tasa tan alta no es solo un problema nutricional, sino que puede provocar el desarrollo de enfermedades cardiovasculares. La alimentación es fundamental, y quizás en el futuro podamos ingerir comida más saludable mediante el uso de nuestro olfato, según los investigadores norteamericanos.

olfato
Uberto (Flickr)

En su análisis han participado algo más de un centenar de individuos, que han sido sometidos a tres experimentos diferentes. El objetivo del estudio era determinar si el olfato puede ayudarnos a distinguir alimentos con un mayor o menor contenido de grasa. Por este motivo, los científicos retaron a los participaron a diferenciar varios tipos de leche (con distinta cantidad de grasa) mediante el uso su olfato.La nariz podría servir como un sensor de grasa en la comida

Los resultados pueden sorprendernos, pero no dependían del consumo de alimentos habitual ni del índice de masa corporal de cada individuo. Las conclusiones publicadas en la revista PLOS One confirman que nuestra nariz puede ser utilizada como un potente sensor. Ahora solo falta que los investigadores determinen qué células y sustancias son las responsables de que podamos diferenciar con el olfato la cantidad de grasa de un alimento.

Como vemos, el olor es una fuente muy interesante para controlar la comida que ingerimos a diario. Pero, sin duda, el potencial del olfato está aún sin explorar, ya que recientemente otros investigadores concluyeron que una sustancia presente en el olor humano puede determinar si alguien está o no enfermo. Ya sea desde una perspectiva médica o nutricional, lo cierto es que el olfato puede ser considerado como un potente sensor todavía desconocido.