En el mes de junio, Intel nos presentó los esperados procesadores Haswell; la cuarta generación de procesadores Intel Core nos trae mayor potencia y menor consumo. Si los procesadores Haswell nos sorprendían por sus prestaciones, en el MIT han decidido subir el listón y mirar hacia un futuro en el que los procesadores podrán gestionar grandes volúmenes de información con pocos ciclos de trabajo y, además, reducir radicalmente el consumo. Aunque nos pueda parecer que estas especificaciones tardarán en llegar, un equipo de investigadores del MIT ha desarrollado un procesador de 110 núcleos que, aunque aún es experimental, presenta un futuro muy interesante para el desarrollo de microprocesadores.

Execution Migraine Machine, que es como se llama este procesador, es un proyecto de investigación del MIT que nos muestra dos cosas muy interesantes. Por un lado, que la tecnología actual de fabricación de circuitos integrados no está muerta (ni mucho menos) y, además, aún es posible aumentar radicalmente la capacidad de proceso de los microprocesadores apostando por nuevas arquitecturas.

Este procesador está compuesto por 110 núcleos es un procesador de propósito general que ha sido desarrollado por un estudiante de doctorado llamado Mieszko Lis. Si en un procesador normal, existe un intenso intercambio de datos entre los núcleos y la caché del procesador; con esta arquitectura de 110 núcleos se elimina la caché y se incluye una memoria de acceso compartido que permite reducir los canales de transferencia de datos. Con esta arquitectura, el chip es capaz de predecir los movimientos de datos que se van a realizar y, así, reducir el número de ciclos necesarios para transferir y procesar los datos.

Al reducirse los ciclos de CPU necesarios para procesar la información, el procesador trabaja de manera más eficiente y esto se traduce en un menor consumo y también en menos calor disipado. Esta reducción del consumo sumado a su capacidad, hacen que este procesador, al igual que los procesadores Haswell de Intel, sea muy interesante para su integración en dispositivos móviles o, incluso, en servidores destinados a manejar grandes bases de datos.

¿Y realmente es posible fabricar un procesador así o es un diseño teórico? Según Mieszko Lis, autor de la investigación, esta nueva arquitectura es capaz de reducir en 14 veces el flujo de datos que se intercambia en el interior de un procesador y esto se materializaría en un reducción del 25% del consumo energético comparado con un dispositivo de mercado.

Particularmente, creo que este esquema es muy prometedor puesto que estamos hablando de un chip de 10 x 10 milímetros que tiene 110 núcleos y se ha fabricado con transistores de 45 nanometros (que son el doble de grandes que los utilizados en los procesadores Haswell de Intel); por tanto, no sería descabellado pensar en una eventual reducción para conseguir procesadores aún más pequeños.

Un proyecto de investigación muy interesante que nos abre una ventana a un futuro tecnológico bastante prometedor.