¿Qué ocurriría si os contáramos que la conocida como ilusión de la mano de goma esconde el secreto sobre cómo nuestro cerebro altera la percepción que tenemos de nosotros mismos? En varias ocasiones, desde ALT1040 os hemos hablado de las conocidas como ilusiones ópticas, esos trucos que usamos para engañar a nuestra mente y hacerle creer lo que no es.

Hoy os contamos qué hay detrás, desde la perspectiva científica, de uno de los engaños al cerebro más conocidos, denominado ilusión de la mano de goma. Este viejo truco fue utilizado por primera vez por Matthew Botvinick y Jonathan Cohen, de la Universidad Carnegie Mellon de Pittsburgh.

Lo que empezó como un juego, tal y como nos cuentan en este blog, se convirtió posteriormente en una herramienta realmente útil para ver cómo funciona nuestro cerebro. Y aunque podemos hablar de abordar estas cuestiones desde la biología, la psicología, la neurociencia o incluso la filosofía, la pregunta principal es: ¿cómo puede saber nuestra mente que nuestras dos manos son nuestras y no del vecino?

Obviamente existe un complejo sistema de integración de datos en nuestro cerebro, que nos permite recabar toda la información posible, obtenida a partir de la visión, el tacto y el sistema de propiocepción (células sensoriales situadas en todo nuestro cuerpo). Esta recopilación de datos permite a nuestro cerebro situar nuestro cuerpo y las zonas que forman parte de este, en relación con él y con nuestro entorno.

La ilusión de la mano de goma se explica muy bien con el vídeo siguiente, realizado por la BBC. En él entendemos lo complicado que es percibir cómo somos, qué nos integra y cómo podemos alterar con pequeños engaños la información que recibe nuestro cerebro.

Hasta ahora, los investigadores creían que la ilusión de la mano de goma estaba provocada por la acción de ser acariciados mediante un pincel, en nuestra mano real (oculta) y la mano falsa (visible). ¿Somos los que vemos y sentimos, entonces? ¿O nuestro cerebro se anticipa a la caricia con el pincel y percibe una situación imaginaria antes de tiempo?

Aunque los científicos pensaban que la primera pregunta era la correcta, una investigación realizada por investigadores italianos y publicada en la revista Proceedings of the Royal Society, parece apuntar lo contrario. En su trabajo, demuestran que nuestra mente podría construir expectativas antes de que el propio estímulo con el pincel fuera realizado.

Es decir, no sería necesario, en principio, para llevar a cabo la ilusión de la mano de goma, acariciar a los participantes, sino más bien hacerles creer que lo vamos a hacer. Este hecho sería suficiente para que nuestro cerebro pudiera reconstruir y recopilar los datos de tal manera, que empezara a sentir como suya la mano que no es.

Tanto los estudios existentes por resonancia magnética como por magnetoencefalografía, apuntan a que la (casi) percepción de un estímulo, o un engaño asociado, provoca cambios en nuestra corteza somatosensorial. Es decir, nuestro cerebro no construye la percepción sobre nosotros mismos de una manera reactiva, como consecuencia de las caricias con el pincel que se hacen en la ilusión de la mano de goma.

La acción proactiva del cerebro, apuntan los investigadores, podría permitir la construcción de la percepción de nuestro organismo y sus partes de manera mucho más rápida, coherente y unitaria. Un experimento que comenzó como un juego se ha convertido, años después, en un buen método para conocer cómo funciona nuestro cerebro.