El otro día me indignaba ante lo que entendí una falta de profesionalidad por parte de la organización de los Record Guinness, que coronaba al iPhone como consola portátil más rápidamente vendida de la historia. En cualquier caso, todo cambia según el cristal con que se mire y del mismo modo que el smartphone de Apple puede entenderse como una portátil, PSP y DS perfectamente podrían pasar por reproductores multimedia con los que, además, se puede jugar.

Seguiré defendiendo la especificidad de las portátiles de Sony y Nintendo, pero lo cierto es que al toparme con encuestas como ésta, uno se cuestiona dónde se sitúa la frontera entre sistemas de entretenimiento electrónico y centros de ocio multimedia.

El estudio en cuestión preguntó a usuarios iOS de Estados Unidos y otros seis países europeos. En conjunto, éstos suman la friolera de 63 millones de videojugadores, usuarios activos que casi pasan más hora dedicadas a jugar en su teléfono que a utilizarlo en menesteres más propios.

Distimo y Newzoo unieron esfuerzos analíticos el pasado marzo, examinando con lupa los hábitos de descarga del App Store. La conclusión fueron los 5 millones de apps jugables descargadas diriariamente. Si todas ellas fuesen de pago o freemium (con elevadas tasas de transacción) y calculásemos los beneficios arrojados, seguro que quedábamos sin habla.

El jugador iOS medio descarga una media de 2.5 juegos cada mes, de los cuales un 88% son gratuitos. Las microtransacciones en efecto, suponen ya el 40% de todos los ingresos por juegos móviles en la plataforma, porcentaje que se espera crezca considerablemente de aquí a final de año.

La encuesta muestra además como entre el 50 y 75% de los propietarios de un iPhone suelen jugar usualmente, lo que supone unos 15 millones de estadounidenses y unos 7 millones de europeos (más que con PlayStation Portable, por ejemplo).

Y por si os lo estábais preguntando, sólo un 10% de las descargas va a parar al iPad, que aún parece no concebirse como dispositivo de juego claro.

Lo dicho, que ahora ya no sé si seguir criticando a los del Record Guinness o darles la razón...