Acabo de volver de la acampada de Sol, en la céntrica plaza de Madrid, vengo con una extraña sensación en el cuerpo, con esa especie de 'rush, de aceleración que ya experimenté en la Operación Goya. Y es que uno no puede asistir a un evento así y quedarse indiferente, es imposible, sonará cursi, pero hay una electricidad en el aire, un ambiente, una sensación continua de estar siendo parte de algo grande que no puede ser obviada. Para mí, todas las acampadas que se están generando a lo largo y a lo ancho del territorio español no son más que la evidencia de dos cosas, dos verdades de proporciones monumentales: que nuestra clase política es una mierda y que el poder de convocatoria de Internet. Es así de simple.

Toda la tarde a través de Twitter iba llegando información bastante confusa: que si no se iba a celebrar, que si la policía y los antidisturbios iban a realizar cargas, que si iban a cerrar el acceso al recinto... así que cuando me he acercado desde la calle Preciados tenía mis dudas de que me dejasen pasar, lo cierto y verdad es que al final lo único que me he encontrado es un policía que de buenas maneras me ha pedido mi documento de identidad y me ha dejado franquear el control de seguridad sin mayores problemas. Una vez dentro de Sol asombra muchísimo ver el hervidero de actividad que es aquello, hay pancartas colgadas de prácticamente cualquier lado y una actitud generalizada de protesta pacífica que sorprende. A mí que no me vengan con tonterías de gente de izquierdas y de derechas, allí había claramente gente de todos las clases, ideologías, facciones, políticas y demás formas absurdas de calificar a las personas, cualquier intento de atribuir la manifestación a algo en concreto no es más que un intento inútil de descalificarla.

En el siglo XVIII, los franceses soñaron con el poder del pueblo, lo hicieron tomando la Bastilla y cortándole el gañote a unos cuantos de los que hoy podríamos considerar políticos. Afortunadamente (para los políticos, se entiende) más de 200 años después esa revolución bien entendida (que es muy fácil quedarse en la palabra), ese poder del pueblo se deja ver a través de Internet, a través de una red social que paradójicamente sólo permite expresarse en 140 caracteres y que se hace viva a través de miles de ciudadanos que cuentan y retransmiten al momento lo que está ocurrendo, son los aires de esa #spanishrevolution (que menudo hashtag más cutre por cierto, parece que cuando ponemos las cosas en inglés suena menos castizo y más cool).

Precisamente por el papel que juega internet en todo esto resulta especialmente frustrante lo mala que es la conexión de datos desde la mayoría de las operadoras (al parecer se salvan Yoigo y Simyo) dentro de la Plaza Mayor, enviar un par de tweets y un par de DMs se ha convertido, al menos para mí e incluso antes de que comenzase oficialmente la manifestación a las 20:00 una auténtica misión imposible, y por supuesto nada de enviar ninguna imagen o vídeo. Pero aún y con todo resulta también impresionante ver la cantidad de gente pegada a sus teléfonos tomando fotos, organizándose o simplemente siguiendo un poco desde fuera o desde Twitter pese a la pésima conexión qué esta ocurriendo.

La #acampadasol es algo más que miles de personas manifestándose y exigiendo un cambio y una clase política a la altura, es un símbolo, es el objeto de miradas de muchos ojos en Europa (ya hay #acampadalondres y está en ciernes #acampadaparis) y en diversas partes del mundo, es un trozo de historia de la historia de la democracia y algo demasiado grande como para reducirlo al partidismo político, a encasillarlo dentro de una ideología. Podrás estar de acuerdo o no con #nolesvotes, con #spanishrevolution o con las #acampadas, todo el tema te podrá parecer obra de unos cuantos perroflautas exaltados o de unos liberales con demasiado tiempo libre, pero esto, querido lector, es la revolución, y se escribe aquí, en Internet.