En Río, la nueva película animada de DreamWorks, Blu, un pájaro doméstico, emprende un viaje a Brasil para emparentarse con única hembra que queda de su especie. Sin embargo, esta historia de ficción podría estar inspirada en la vida de Richard Henry, un ave de Nueva Zelanda que ayudó a salvar a los kakapos, una especie endémica del país oceánico.

El kapapo es un pájaro muy raro: de hecho, es la única ave de la psitaciformes (cotorra o perico, en el lenguaje coloquial) que es nocturna, pesada y no puede volar. Estas características son perfectas para el ambiente sin depredadores de la virgen Nueva Zelanda, pero la llegada de europeos en el siglo XIX cambió su hábitat al ingresar a más animales y barrer con los bosques.

Pronto, el número de kapapos empezó a caer en picada. Además, se habían convertido en un ejemplar muy codiciado por los biólogos extranjeros y los coleccionistas de animales. Por desgracia, esta ave jamás se adaptó a la vida en cautiverio, por lo que estos especímenes murieron sin remedio. Para 1890, el gobierno neozelandés se percató que el kapapo iba en camino de la extinción, tal como pasara con otra ave no voladora, el dodo. Para remediar la situación, las autoridades locales crearon una reserva en Resolution Island, donde se podría proteger a las aves. Así mismo, el naturalista Richard Henry fue designado para velar por estos pájaros.

No obstante, la reserva era insegura, ya que los depredadores eran capaces de nadar hacia la isla. Ataque tras ataque, las aves fueron pasando entre diferentes islas, siempre con el mismo problema. Finalmente, la isla de Fiordland fue el refugio perfecto, aunque parecía ya demasiado tarde. Las cifras de supervivencia seguían menguando, y **para 1970, los biólogos temían que el kapapo ya estuviera extinto. **

Entonces, en una exploración en 1975 en Fiorland, los investigadores encontraron a un kapapo macho en edad madura, al cual nombraron como Richard Henry, en honor al naturalista. Cuando otro grupo pequeño fue hallado en una isla cercana, Richard Henry se convirtió en un instrumento para producir descendencia con cierta diversidad genética entre la población diezmada. Con la ayuda de este ejemplar a través de las décadas, el número de kapapos ha incrementado paulatinamente. Gracias a la dedicación de activistas y ciudadanos, la población de estas aves ha llegado a los 112 ejemplares.

Este miércoles 13 de enero, el Departamento de Conservación neozelandés anunció el fallecimiento de Richard Henry, a sus 80 años de edad. El legado que deja es impresionante, pues se espera que la especie pueda repoblarse sin problemas en las siguientes décadas en Fiordland, así como en otras reservas en las islas de Codfish y Anchor. La población de machos sigue en ascenso, lo que hace que los biólogos estén optimistas sobre la recuperación. Recién en 2009 se apuntaron 26 polluelos más a la familia de Richard Henry. Ahora la estafeta le pasará a Sirocco el kakapo, vocero de la conservación de esta especie.

Descanse en paz, Richard Henry.

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