¿Cómo surge un meme de Internet? ¿Quién implanta la idea? ¿Quién la populariza? ¿En qué momento una broma local trasciende lo suficiente como para integrarse a este imaginario colectivo? Explicar el nacimiento de un meme es más complicado que responderle a un hijo de dónde vienen los niños. Los memes sólo se dan, casi por generación espontánea. Desde una ardilla dramática hasta una canción ochentera, forman parte de una especie de folclor global. ¿Cuál es la receta? Nadie la sabe. Un buen meme trasciende los quince minutos de fama y se queda instalado como una referencia, un guiño para los navegantes.

No todos los memes son iguales. Aunque muchos son de alcance mundial, cada país también desarrolla sus propios fenómenos de Internet. En México, por ejemplo, tenemos el caso del vídeo de La caída de Edgar en 2006; o en España, el famoso *¿Por qué no te callas?. Tampoco todos los memes son ampliamente difundidos. Varios quedan como iconos o frases de culto, identificando a ciertos grupos sociales y sus dinámicas. Así, sin que nadie se percate de cómo ni cuándo, una figura emerge de las entrañas del inconsciente colectivo para revelarse como un nuevo símbolo compartido por una comunidad. Ése es el caso de @SoyMargarito.

Comencemos por contextualizar. Margarito Esparza Nevárez es un comediante mexicano, quien se define a sí mismo como "el hombre más pequeño del mundo y de Sinaloa desde 1936". Es conocido por sus múltiples apariciones televisivas, ha participado en un sinnúmero de programas televisivos y películas de bajo presupuesto. Su gracia radica en su baja estatura y su peculiar forma de hablar, y es usado a menudo como un recurso cómico barato. Margarito encierra toda la esencia del kitsch mexicano, una estética muy explotada dentro de la televisión nacional.

@SoyMargarito es la cuenta paródica de este personaje. Aunque a simple vista parece escrita en simple hoygan -- jerga hiperbólica de Internet para burlarse de los usuarios que no respetan el uso de mayúsculas o las normas ortográficas -- cuenta con ciertos recursos consistentes. Destacan la supresión del espacio entre palabras como un recurso para demostrar impericia tecnológica; la eliminación de los signos de interrogación y exclamación -- mismos que son sustituidos por neologismos como espregunta; la inclusión de indicadores de oralidad (así, bueno) o de espacialidad (allá, aquí); y el monólogo del personaje, quien se responde preguntas retóricas elaboradas al vacío.

Resulta también curioso cómo @SoyMargarito se niega a hacer replies a los comentarios de sus seguidores -- asumo, para subrayar aún más su torpeza tecnológica. Sin embargo, el personaje sí responde, al aire, a cualquiera que quiera leerle (y muchas veces hasta da retweet). La cuenta es una especie de usuario en bruto que no respeta formalismos ni convenciones. Lo mismo referencias constantes a los eventos actuales, sus opiniones políticas, o cualquier tema que le venga en gana. Sus construcciones son sin tono, sintagmáticamente rotas, fragmentos casi aleatorios. No obstante, al leerse su timeline completo, se adivina un cierto hilo conductor, casi una especie de cadáver exquisito de la vida cotidiana.

(O quizá sólo la explicación más sencilla es que es tremendamente divertido.)

@SoyMargarito tiene más de 9300 seguidores, y su estilo ha comenzado a permear entre varios usuarios mexicanos. Neologismos como avedá (¡Ah, verdad!) se popularizan como parte de una jerga característica dentro de la red social. Muy parecido al caso de la marca de ropa Naco, ocurre un fenómeno de explotación de la estética kitsch (en este caso, de la expresión escrita) como un identificador social mediante la alteridad. "Soy lo que no soy", es la premisa. Es decir, puedo ponerme una prenda de mal gusto sin ser socialmente rebajado, del mismo modo en que puedo escribir con evidentes errores ortográficos o sintácticos sin que mi capacidad intelectual sea cuestionada. Por eso es que buena parte de los fanáticos de @soymargarito son los mismos que defienden la buena escritura a ultranza.

Avedá.

Las frases de @soymargarito parecen haber llegado para quedarse. En cierto modo, me recuerda al caso de @drunkHulk: cuentas que trasgreden las convenciones de redacción, acompañadas por la personalidad consistente de un referente de la cultura popular. Al final, los usuarios se apropian del contenido, lo replican y lo reinterpretan. El meme, entonces, se convierte en parte de ese tramado de códigos que nos permite experimentar con la forma en que nos comunicamos, jugar con los recursos de nuestro lenguaje, y por supuesto, reírnos un buen rato. ¡Larga vida, Margarito!

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