La Industria Fonográfica Británica (BPI) ha envíado una orden de cese y desista a Google para que remueva las ligas hacia nueve sitios de descarga de torrents. En esta ocasión, la BPI ---organización que agrupa a gigantes de la industria como EMI, Warner, Sony y Universal--- ha ido un poco más lejos: la petición solicita no sólo pide inhabilitar las URLs específicas donde se aloja el material, sino la página completa. Por si fuera poco, le han exigido a Google que desaparezca cualquier referencia a los nueve portales de descarga.

El mayor objetivo, como casi siempre, es The Pirate Bay, con quien se ha ensañado la Federación Internacional de la Industria Fonográfica (IFPI). Citando el Acta de Derechos de Autor Digitales del Milenio, así como las reglas de Google sobre copyright, la IFPI va directamente a la yugular: The Pirate Bay debe ser removido por completo del directorio de Google. Su solución es simple: si no lo pueden encontrar, no lo pueden descargar.

Otro ejemplo más del eterno bucle entre el gobierno, Google, y los sitios de descargas. ¿Por qué no se resuelven nunca este tipo de casos, para uno u otro lado? Sencillo: porque el sistema está atascado. El modelo es siempre el mismo: un gobierno (o alguna asociación quisquillosa) se inconforma porque un sitio de descargas viola los derechos de autor; el gobierno salta y manda una orden de retiro a Google; el buscador hace caso omiso (o en su defecto, lo cumple parcialmente), argumentando que no puede interferir de una manera tan directa en terceros; el sitio haya una nueva forma de saltarse la prohibición (sea por la vía legal o no) y el ciclo sigue.

Si el modelo sigue sin funcionar, haciendo pagar malos tragos a cualquiera de los tres involucrados, es porque ninguno tiene el suficiente peso para inclinar la balanza. Las legislaciones son borrosas al respecto, y en todos los países, las regulaciones de copyright se enfrentan a numerosas protestas ciudadanas. Los marcos en derechos de autor aún no encuentran el justo medio, por lo que, dependiendo el enfoque y la conveniencia, los sitios de descarga y las asociaciones tienen el argumento correcto.

Y a Google no le puede importar menos, porque aunque es una compañía que debería acatarse a la legislación local, ya quiero ver a algún gobierno (que no sea China, o Estados Unidos) que quiera ponerse al tú por tú. Google, como un poder de facto, no funciona como un árbrito ni como un moderador. Simplemente se mueve como veleta hacia donde su interés le marque: por una parte, no puede alejarse de los gobiernos y grandes empresas porque necesita de su apoyo, pero tampoco puede contravenir a la opinión pública. Así, sin nadie que se decante, seguiremos repitiendo el show una y otra vez: el gobierno (o alguna asociación quisquillosa) se inconforma...