**GlaxoSmithKline**, el gigante farmacéutico, ha decidido [abrir al público los diseños de 13,500 compuestos químicos que podrían inhibir la malaria](http://online.wsj.com/article/SB10001424052748703341904575266583403844888.html?mod=rss_whats_news_us), con la finalidad de que la gente interesada colabore con los científicos en el desarrollo de una droga que pueda controlar esta enfermedad. La [**malaria**](http://es.wikipedia.org/wiki/Malaria) (o paludismo) es un padecimiento ocasionado por parásitos del género *Plasmodium*, los cuales se transmiten a través de una picadura de mosquito. Es uno de los mayores problemas sanitarios del planetas, pues se dan cerca de 210 millones de casos anualmente.

Ante los problemas para encontrar una medicina eficaz para combatir esta enfermedad, la gente de **Glaxo** ha optado por una estrategia open-source. Inspirada en la revolución generada por **Linux**, la farmacéutica ha liberado su fórmula para que otras personas ayuden en el proceso, y se llegue a una solución más rápidamente. «Otros investigadores podrían ver estas estructuras en una forma diferente, y ver algo que nosotros no», mencionó **Nick Cammack**, jefe del **Área de Desarrollo de Medicinas** de **Glaxo** en **España.**

No es un movimiento que deba tomarse a la ligera, ya que **Glaxo** se ha arriesgado financieramente al revelar su fórmula, exponiéndola a otros competidores. La industria farmacéutica es muy celosa de sus compuestos, ya que cualquier éxito se traduce en un volumen amplio de ventas. Sin embargo, esta vez la carrera por la cura parece más importante que el mero interés económico, ya que de por sí la malaria es una afección típica de los países pobres, lo que minimiza el impacto en pérdidas.

**Glaxo** ha dejado claro que no busca patentes por cualquier droga contra la malaria que provenga de sus compuestos, y confía que los otros investigadores también donen su propiedad intelectual en el combate a esta enfermedad. Eso sí, si los compuestos de **Glaxo** se emplean para el desarrollo de tratamientos para otros padecimientos, entonces la compañía estudiaría si aplican las cuestiones de propiedad intelectual. Hay que aflojar la correa, pero no tanto.

Aunque no es la primera vez que las ciencias de la salud recurren a este modelo (ahi está el **[Proyecto Genoma Humano](http://www.nationalreviewofmedicine.com/issue/2004/09_23/government_medicine02_17.html)**), es algo inexplorado en las farmacéuticas. Si el experimento de Glaxo tiene éxito, quizá la industria farmacéutica podría empezar a plantearse una nueva ruta colaborativa en el desarrollo de medicinas para ciertas enfermedades. Claro está que la pasta no puede quedar de lado, pero por lo menos, admitiría un modelo flexible en un rubro que históricamente ha sido de los más cerrados en cuestiones de propiedad intelectual y patentes. ¿Quién se anima a experimentarle?

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