Una nueva encuesta realizada a mil empleados en Reino Unido reveló algunos datos interesantes: uno de cada cinco trabajadores explotan contra sus jefes a través de las redes sociales. El reporte, realizado por la firma MyJobGroup, muestra información muy útil. Por ejemplo, 70% de los encuestados afirman que no están conscientes si su compañía tiene políticas o directrices respecto al uso de las redes sociales, mientras que sólo el 16% afirma tenerlas. Menos mal que no trabajan para Reuters, que si no...

Oto de los datos importantes es que el 58% de los empleados dicen que serían más cuidadosos con lo que suben a Twitter o Facebook si sus jefes tuvieran acceso a sus perfiles (es decir, vamos a tirar la piedra, pero a esconder la mano). También un 55% de los encuestados considera que deberían existir castigos o acciones disciplinarias para los empleados que hablen mal de sus lugares de trabajo o de sus colegas en las redes sociales.

¿Hasta dónde puede llegar el control de una empresa respecto al perfil personal de alguno de sus trabajadores? Hace unos meses, discutía sobre dónde está la línea entre la ética laboral y las redes sociales. Recalco: las compañías tienen todo el derecho de proteger sus intereses sobre revelar información sensible, pero nada más. Un empleado es libre de decir lo que quiera, pero por supuesto, encarando las consecuencias. No se puede despotricar contra el jefe y esperar que no pase nada.

El uso de redes sociales en el ámbito laboral es una cuestión de sentido común. La información es pública. Aunque publicar en Twitter o Facebook puede resultar catártico, por una ilusión de ruptura entre el mundo virtual y el mundo real, la verdad es que no existe tal disociación. Lo que dices en las redes sociales tiene consecuencias, igual o más que lo que dices en una conversación cara a cara. No se necesita un documento de cientos de páginas sobre cómo comportarse en una red social. Sólo hay que obedecer una máxima, y ya: No digas en Internet lo que no serías capaz de afirmar de frente. Punto.