Su página sigue en funcionamiento, aunque indica claramente que SETI@home está en hibernación. Una historia que empieza en 1999 con la primera versión de un software que instalado en tu ordenador personal te permitía colaborar en un proyecto de alcance mundial. Buscar señales de vida extraterrestre. En una época en la que internet empezaba a ser popular pero la computación en la nube estaba en pañales. Un proyecto que contó con más de 5 millones de voluntarios en su momento álgido. 

La idea era sencilla pero prometedora. Usar ordenadores de todo el mundo conectados a internet para buscar vida extraterrestre. O mejor dicho, inteligencia extraterrestre. Lo que se conocía como SETI por sus siglas en inglés: Search for Extraterrestrial Intelligence, Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre. Una excusa para ver hasta dónde podía llegar la colaboración desinteresada de millones de personas.

Hoy, el procesamiento de grandes cantidades de datos se realiza empleando supercomputadoras. Son costosos pero, a cambio, permiten crear mapas meteorológicos muy preciosos o resolver problemas científicos y técnicos mediante simulaciones. Y cuando no hay presupuesto para tanto, se trabaja con centros de datos y granjas de servidores empleando tecnologías como el cloud computing. Pero en la Universidad de Berkeley, antes de que todo esto fuera posible, idearon una solución más de estar por casa. Literalmente. Pedir ayuda a los internautas. 

¿Hay alguien ahí?

Lo explica bien la página oficial de SETI@home, hospedada en los servidores de la Universidad de Berkeley, en California, Estados Unidos. SETI es un “área científica cuya meta es detectar vida inteligente fuera de la Tierra”. Tradicionalmente, se empleaban radiotelescopios para captar las señales de radio que procedían del espacio. Según aclara la explicación, “no se tiene conocimiento de que estas señales ocurran de manera natural, por lo que su detección puede proporcionar evidencias de tecnología extraterrestre”.

Pero cuando se captan esas señales de radio, no se acaba el trabajo. Hay que analizar los datos de esas señales para saber si se trata de ruido o si realmente alguien o algo mandó esas señales. Y aquí es donde entran los ordenadores. Máquinas capaces de procesar datos más rápido que el ser humano. Con esta premisa, David Gedye ideó en 1995 un proyecto que consistiría en crear un superordenador virtual formado por ordenadores personales conectados entre sí a través de internet. Ese gran superordenador se encargaría de procesar los datos recabados por los satélites del proyecto SETI. Así que a esta idea se la llamaría SETI@home. Es decir, buscar vida extraterrestre desde casa.

Cómo funcionaba SETI@home

El proyecto fue anunciado oficialmente en mayo de 1999. Hasta entonces, los responsables del proyecto tenían que crear las herramientas necesarias para llevarlo a cabo. Lo que harían es facilitar un software, un programa gratuito que cualquiera podía instalar en su ordenador. El programa se conectaba a internet con los servidores del proyecto y, así, la potencia de procesamiento de los ordenadores conectados servía a un noble fin.

Una vez instalabas el programa en tu ordenador, cuando no lo estabas usando, se ponía en marcha un salvapantallas. Pero en vez de servir para no quemar o dañar la pantalla, el salvapantallas de SETI@home hacía su trabajo. Tú podías ver gráficos y datos del procesamiento de información que hacía el programa y éste usaba la CPU de tu PC para procesar datos mientras tú dejabas tu ordenador desatendido.

El primer SETI@home se pone en marcha

El programa de ordenador necesario para participar en el proyecto estaba basado en BOINC. Es el acrónimo de Berkeley Open Infrastructure for Network Computing, que podríamos traducir como Infraestructura abierta de Berkeley para la computación en red. En los primeros años de SETI@home, el cliente que instalaban los voluntarios era fácilmente manipulable y podía dar resultados erróneos. Así que para resolverlo, crearon un software mejorado que haría posible crear una red de clientes conectados para tareas distribuidas como la del proyecto en cuestión.

Como dije antes, SETI@home da comienzos en 1999. Por su parte, BOINC lanza su primera versión en 2002. Inicialmente para este proyecto, si bien a lo largo de los años ha servido a otros muchos experimentos científicos que necesitaban procesar grandes cantidades de información sin tener que invertir en costosas infraestructuras informáticas. BOINC es de código abierto, por lo que cualquiera puede mejorarlo y adaptarlo a sus necesidades. Y está disponible para instalar en Windows, macOS, Linux y hasta Android. 

La primera fase de SETI@home dura seis años. Entre 1999 y 2005. El 15 de diciembre de ese año, lo que ahora se conoce como Classic SETI@home llega a su fin. Y las cifras demuestran que fue todo un éxito. No en lo que respecta a encontrar vida extraterrestre. Pero sí en el objetivo de crear una red de colaboración entre ordenadores conectados. Participaron 5,4 millones de voluntarios. Recibieron más de 2.000 millones de resultados. El equivalente en tiempo de procesamiento a más de 2’4 millones de años. Y de media, cada ordenador voluntario participó unas 10 horas en el proyecto. Como curiosidad, España fue el país número 15 en la lista de más voluntarios. Y Brasil y México ocuparon las plazas 30 y 31 respectivamente.

Con BOINC todos podemos ayudar a encontrar vida extraterrestre o cualquier otro proyecto científico

El fin de SETI@home

Aunque el primer SETI@home finaliza a finales de 2005, el proyecto seguirá en marcha hasta 2020. A finales de ese año, el Observatorio de Arecibo será dañado de muerte por culpa de la rotura de varios cables que aguantaban la plataforma receptora. Y permanecerá sin uso hasta que dos años más tarde se hace oficial la decisión de no reparar el Observatorio. Aunque los datos que recibía el proyecto SETI@home venían de ese Observatorio, el proyecto terminó por otras causas.

Los responsables de SETI@home hubieran podido emplear datos de otros radiotelescopios, pero el 31 de marzo de 2020 anuncian que SETI@home queda parado en fase de hibernación. Los motivos para llevar a cabo esta decisión tan drástica son, oficialmente, dos. El primero es importante: “Hemos analizado todos los datos que necesitamos por ahora”. Y el segundo: “Gestionar el procesamiento distribuido de los datos es mucho trabajo para nosotros. Tenemos que centrarnos en completar el análisis de fondo de los resultados que ya tenemos, y escribirlo en un artículo de revista científica”.

En cualquier caso, la página sigue en pie. Tanto la actual como la que sirvió al proyecto original. Además, datos, información y documentación relacionada aparecen enlazados para quien guste de bucear en todo lo publicado al respecto. Y si quieres seguir colaborando, siguen existiendo otros muchos proyectos basados en BOINC.

SETI@home y BOINC hacen posible ayudar a la ciencia de muchas maneras
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Colaborando con la ciencia desde casa

La popularidad de SETI@home en su primera fase (1999 – 2005) tuvo que ver mucho con cómo era esa internet. Una época en la que nacieron tecnologías como Napster, eDonkey2000 o BitTorrent. Todo estaba por hacer y todo era posible. No existía el smartphone ni los televisores inteligentes y mucho menos servicios como Spotify o Napster

Internet había nacido como una manera de conectar ordenadores y personas a kilómetros de distancia. Y el proyecto SETI@home le daba sentido a esta idea más allá de la internet comercial que empezaba a surgir. Colaborar para ampliar nuestro conocimiento. Algo que también hizo posible otro proyecto tan conocido como es Wikipedia, y que nace en 2001.

Volviendo a SETI y a SETI@home, en la actualidad es posible seguir colaborando a través de BOINC en proyectos similares más allá de buscar vida extraterrestre. Sin ir más lejos, hubo un proyecto relacionado con la COVID que usaba la plataforma BOINC para estudiar y conocer mejor este coronavirus. Pero hay muchos más y de distintas ramas de la ciencia: matemáticas, astrofísica, astronomía, física, ciencias de la computación y un largo etcétera.

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