En su tercer capítulo, La Casa del Dragón, que ya puede verse en HBO Max, anunció que un cisma en la familia real es inevitable. Con Viserys convertido en el primer regente con una heredera, su situación es inestable. Mucho más, después de haber contraído un segundo matrimonio que le permitió concebir al ansiado heredero masculino. 

De modo que el derecho al Trono de Hierro de su hija mayor, Rhaenyra, se encuentra en la mitad de un enfrentamiento peligroso. Uno que deja claro que, en el Westeros de La Casa del Dragón, la mirada sobre las mujeres no es únicamente un prejuicio. Es, también, una forma de comprender cómo se transmite el poder en sucesiones hostiles y marcadas, con frecuencia, por tránsitos políticos tumultuosos. 

De nuevo, la percepción de las mujeres en el mundo ficticio de George R.R. Martin está en el centro del debate televisivo. Pero esta vez, a diferencia del que se centró en la crueldad de Cersei Lannister o la caída en la locura de Daenerys Targaryen, la pregunta es otra. ¿Cuál es el punto real que plantea la intriga alrededor del Trono de Hierro y la sucesora de Viserys I? La respuesta no se refiere solamente al sexo de la heredera. También alude a las implicaciones que enlazan al argumento con una reflexión complicada sobre el control. 

No es solo misoginia, es ambición al Trono de Hierro

Rhaenyra, con derecho al Trono de Hierro, tiene la edad correcta, la preparación necesaria y el carácter suficiente para convertirse en una reina respetada. Pero la corte y las Casas que sostienen la estabilidad del Reino prefieren la promesa inconclusa de Aegon II, con apenas dos años de edad.

Trono de Hierro La Casa del Dragón

En la trama, todo parece concentrarse en un tipo de discriminación tradicional y ancestral. Sin embargo, la historia de Martin analiza las conexiones entre los diferentes miembros de la familia Targaryen desde lo complejo de su árbol genealógico. 

Con una serie de incestos que vinculan a la familia con una herencia perturbadora, la decisión de quién ocupa el Trono de Hierro es crítica. Jaehaerys I lo estableció al decidir por consenso de nobles a su sucesor. De hecho, la gran primera secuencia de la serie termina con una frase demoledora. “El rey sabía que la Casa más fuerte de todas solo podía ser destruida por ella misma”, explica Rhaenyra con pesar. 

Una visión sobre el poder, el sexo y el miedo que imita la realidad 

En Juego de Tronos — cuyo conflicto provino de una usurpación sucesoral — la línea dinástica Targaryen era temida. Primero Varys, La Mano del Rey del temible Aerys II, y después Cersei, dejaron claro que la salud mental de La Casa era un problema. “Cada vez que un Targaryen nace, los dioses lanzan una moneda al aire y el mundo aguanta la respiración para ver de qué lado cae”. Lo que parece una frase coloquial, o, en cualquier caso, una justificación a traiciones y asesinatos, está relacionada con algo más. 

Particularmente, con la decisión de la familia de contraer matrimonio entre miembros muy cercanos. Eso asegura que la línea de herederos siempre esté dentro de los límites del control consanguíneo. A pesar de que, por supuesto, repercuta en la salud mental y física de sus miembros.

Que George R.R. Martin les describiera con una apariencia muy semejante entre sí no es casual. Es una forma de dejar entrever que los Targaryen, con su cabello platino y ojos violeta, tomaron la decisión de crear un grupo cerrado. Tanto como para afectar a futuro a sus descendientes. 

También se trata de algo más. En el primer capítulo de La Casa del Dragón, la violenta escena de la muerte de Aemma Targaryen durante el parto incomodó y desconcertó al público. Pero la secuencia fue intencional. Podría, de forma retrospectiva, explicar el motivo de la resistencia a la llegada de una heredera femenina al trono. Se trató de un suceso concreto que dejó claro que la vida de las mujeres en la época que imita la ficción era dura. Tanto como para que el programa haga hincapié en el tema de modo brutal y sangriento.

Los terrores de un reino dividido en 'La Casa del Dragón' 

Posteres de La casa del dragon 9
Princesa Rhaenys Targaryen

Una reina Targaryen podría morir durante el parto. Lo que supondría un trastorno mayor, no solo para el posible heredero, sino para el rey consorte, sin verdadero poder. Mucho más, en medio de un territorio hostil que mantiene su estabilidad debido al miedo que provoca el poder de la casa reinante

A menos que la reina contrajera matrimonio con su hermano u otro pariente muy próximo, la batalla por ocupar el Trono de Hierro podría crear facciones. De hecho, se trata de algo que menciona Otto Hightower en el tercer capítulo. La Mano del Rey ofreció una posible solución a la sucesión dividida entre Rhaenyra y Aegon II. “Comprométalos, es la única forma de mantener al reino unido”, sugirió el personaje a un aterrorizado Viserys. 

Más preocupante aún, la posibilidad de una reina en Westeros aviva las complicadas tensiones entre bandos en confrontación. La regente podría engendrar un hijo que no tuviera la legitimidad del padre, tal y como se entiende en la historia de Martin. En otras palabras, si la monarca contrajera matrimonio con un hombre que no fuera un Targaryen, encumbraría la posición de este último. Además, lo pondría en un lugar ventajoso respecto al resto de Las Casas y ocasionaría un desequilibrio latente. 

Durante el tercer episodio de la serie, el mismo Viserys I lo deja claro. “Estoy sepultado en cartas de familias que piden tu mano”, explica a Rhaenyra. Un punto delicado que implica que el rey tendría que escoger un candidato que no suponga un peligro futuro para la corona. Tanto por la ambición del candidato como el peso de su herencia en la sucesión. Algo que, en el caso de los hombres, funciona de manera por completo distinta. 

El Trono de Hierro, el poder y sus posibilidades 

Viserys I engendró un heredero varón con una mujer que no pertenecía a su casa. Aun así, su hijo es considerado legítimo por los nobles de Westeros. Pero si ocurriera lo mismo en el caso de Rhaenyra, se consideraría un suceso peligroso.

Mucho más, al concebir un heredero que sería tanto parte de La Casa de su padre como de la de su madre. Algo que ocurrió, aunque no de manera directa ni pública, con la llegada de Joffrey Baratheon al poder. Reconocido como hijo de Robert Baratheon, en realidad lo era de Jaime Lannister, lo que brindó a su familia un considerable y peligroso poder. A su vez, provocó que tanto Renly como Stanis considerasen que tenían derecho a reinar. 

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Así que, la posición de Rhaenyra es la de convertirse, casi de forma involuntaria, en una crucial amenaza para su familia y Westeros. Algo que el nacimiento de sus hermanos solo complica aún más y hace que sea más duro de sobrellevar. Una guerra está a punto de comenzar y se tratará de una en la que todos los contrincantes lleven la misma sangre en las venas. 

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