Hay muchísimo mito alrededor de los antojos de las embarazadas. Por ejemplo, si una tiene un antojo de cacahuetes, puede estar tranquila, su hijo no tendrá una mancha de nacimiento con esa forma. Esto no es cierto. No obstante, también se suele decir que si tu madre comió repetidamente espárragos cuando estabas en su vientre, a ti posiblemente también te guste su sabor. Y eso, según un estudio sobre bebés que acaba de publicarse en Psychological Science, sí que podría tener una explicación.

En él, se ha hecho algo que no se había hecho jamás: estudiar los gustos de los bebés por diferentes sabores cuando aún se encuentran en el vientre de sus madres. Anteriormente, se habían llevado a cabo estudios similares, pero siempre una vez que ya habían nacido los bebés. Esto es mucho más innovador, pues se ha basado en las muecas de los pequeños en ecografías 4D.

Se han probado dos sabores, el de las zanahorias y el de la col rizada. En general, las primeras les chiflan y lo segundo les repele. No obstante, los autores del estudio, procedentes de la Universidad de Durham, creen que esto podría servir para educar el paladar de los niños desde el momento más temprano posible. Y, de paso, podría explicar que ese famoso mito sobre los antojos tampoco era tan mito como pensábamos. Pero esa ya es otra cuestión. 

El gusto de los bebés antes de nacer

Este estudio se llevó a cabo con un procedimiento muy sencillo. Los bebés se expusieron a estas dos verduras, a través de sus madres. Estas eran 100 embarazadas de entre 32 y 36 semanas de gestación, a las que se les administraron cápsulas que contenían o polvo de zanahoria o polvo de col rizada.  Además, paralelamente se sometieron a una ecografía 4D.

Así, se podía ver a los pequeños con todo lujo de detalles y distinguir sin problema sus muecas. Se observó claramente que la mayoría de ellos respondían con una sonrisa cuando se exponían a zanahoria. Sin embargo, en el caso de la col rizada, las muecas eran las típicas del llanto. Esta última mueca aparecía más tarde en el embarazo, pero no porque el disgusto se desarrolle después, sino porque tardan más en ser capaces de contraer la musculatura que necesitan para torcer tanto el gesto. 

Pero volviendo al gusto por un sabor u otro, aún no está claro cómo ocurre. No obstante, los autores creen que puede ser por una combinación de olores y sabores resultantes de la inhalación e ingestión de líquido amniótico. 

Sonrisa tras probar la zanahoria. Jackie Blissett.

Educación nutricional prenatal basada en el sabor

Se suele decir que para que los niños coman sano lo mejor es educar su paladar desde que son pequeños. Por ejemplo, si no toman a diario golosinas y dulces, con el tiempo podrán tomar yogur natural sin que les desagrade la acidez.

Esto suele hacerse con niños muy pequeños. ¿Pero qué pasaría si el procedimiento se llevase a cabo desde antes de nacer? Eso es algo que estos científicos aún no pueden contestar. Su siguiente paso en la investigación será comprobar si el gusto de los bebés por los sabores que les desagradan varía a medida que se exponen a ellos. De ser así, podríamos tener niños a los que les encante el brócoli, por ejemplo. O la propia col rizada que se utilizó en el estudio.

Además, si se demuestra que exponerse repetidamente a un sabor hace que les agrade más, la explicación de los antojos tendría mucho sentido. Pero solo la parte del sabor, lo de las manchas de nacimiento sigue sin tener ningún tipo de evidencia científica. Afortunadamente.

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