Aunque en un principio la secuela de Top Gun no generó mucha atención, incluso pudo haber pasado desapercibida entre otros estrenos, las críticas positivas invitan a pensar que será una de las películas del 2022. Los primeros comentarios sobre Top Gun: Maverick describen una película de acción con aires de vieja escuela que supo adaptarse al presente. Una experiencia cinematográfica de calidad que viene, de una u otra forma, de aquella primera producción.

Top Gun: Maverick parecía, desde su anuncio, un guiño al pasado y poco más que la enésima película de estos años inspirada en la nostalgia. El gesto generacional se vio afectado, como todo, por la pandemia de la COVID-19. Se reprogramó una y otra vez, a pura voluntad de Tom Cruise, quien insistió en que era un film para las salas de cine. Alérgico al streaming, el tiempo le ha dado la razón a la estrella, quien fue visto como un hippie cuando todo comentó: en las críticas se insiste en que es una producción para ver en pantalla grande.

La película refresca parte de la mitología de Top Gun y ofrece distintos agregados que le dan otro vuelo. Para comprenderlos del todo, convendría volver sobre esa primera entrega que marcó un antes y un después en la carrera de Tom Cruise y durante su año de estreno, 1986, fue la más taquillera. Como si esto fuera poco, también es una de esas producciones que describen una época. 

Top Gun y su relación
con Top Gun: Maverick

Como toda secuela, es necesario ver la primera entrega para tener claro el contexto y las referencias sobre la segunda. Aunque producciones como Avatar: el camino del agua sean propuestas como independientes a su historia de origen, el visionado de la historia previa se vuelve relevante porque asientan las bases de la narrativa. Con Top Gun y Top Gun: Maverick ocurre lo mismo.

Desde el tráiler, Top Gun: Maverick se encarga de tirar múltiples referencias a la primera película. Desde la necesidad por la velocidad hasta los guiños más dramáticos en relación con la primera historia. Para comprender del todo la dimensión y el carácter de Pete “Marverick” Michell, interpretado por Tom Cruise, urge acercarse a su historia de origen, marcada por una tragedia personal, por sus miedos y la constante búsqueda de reivindicación. 

Por otro lado, será mucho más sencillo entender la mística que el relato plantea sobre la aviación y ese microcosmo que vive dentro de los cuarteles. Eso incluye la competencia interna y el valor de algunas maniobras. Top Gun fue un proyecto en el que creyeron pocas personas; incluso el propio Tom Cruise tenía dudas y diversos actores rechazaron la propuesta protagónica.

No queda solo ahí.

El retrato de una época

Top Gun se presentó un año antes de Arma Letal (1987) y de Jungla de Cristal (1988). Las tres películas, dos de las cuales se convirtieron en franquicias, representaban una forma de tratar el cine de acción. Protagonistas con distintos dramas que se veían movidos al fuego cruzado. Mad Max (1979), el paradigma distópico y de acción contemporáneo, llegó antes.

Top Gun, protagonizada por Tom Cruise

En ese contexto, Top Gun propuso una historia en la que el adversario no tenía un rostro claro; un relato a medio camino entre lo bélico, un drama (que puede interpretarse como un drama gay, incluso), dentro de un contexto en el que los protagonistas evocan momentos escolares para medir su virilidad y descubrir quién es el mejor piloto. Entonces, después de distintas producciones desarrolladas en contexto de guerra, se descubre cómo podía ser ese mundo en el que se formaban los pilotos de aviación.

Aquella muestra trascendió la gran pantalla. Se sospecha que el modelo “Aviator” de Ray-Ban, la marca de lentes, disparó sus ventas: portarlos era tomar aires de grande; la ropa ajustada propia de la época tenía relación, también, con las bandas de heavy metal que predominan en el soundtrack de Top Gun. Una época en la que no pocas personas soñaban con poder volar un avión y, quizá, teniendo en cuenta la tradición bélica de los Estados Unidos, en la línea de fuego. 

Esa sensación trascendió fronteras, no solo por la disposición en las distintas salas de cine, sino también por el auge de un juego en el que se podía cumplir esa fantasía de volar: After Burner.

El usuario, en clave arcade, podía pilotar un F-14 Tomcat para destruir aviones enemigos a través de 18 etapas. El juego salió un año después de la película, en 1987. Más allá de si una motivó al otro o no, Top Gun ya estaba posicionado como un referente visual. El videojuego llegó para satisfacer esa búsqueda de adrenalina que, en su momento, el productor Jerry Bruckheimer definió como “Star Wars pero en la Tierra”.