El uso del VHS y sus cintas en producciones ambientadas en los ochenta lo valida como una pieza vintage. Más que un recurso que sirve para aportar verosimilitud a la serie o película, es el símbolo de un proceso cultural que influyó en distintas áreas, emocionales y comerciales. 

Las películas, series, e incluso programas de televisión, dejaron de ser exclusivos de la gran pantalla o estar regidos por los horarios de los canales. A través del VHS, si las productoras habían expandido su contenido hacia ese formato, las personas tenían en casa esa historia preferida o ese documental que les mostró cosas no vistas.

Aunque en la actualidad su uso es reducido –nulo, debido al avance tecnológico–, no es descabellado encontrar personas con alguna cinta de VHS en su casa. A través de ese soporte se reprodujeron varias de las películas más importantes de la época, incluso series y animes. Desde hace unos años, el VHS es al cine y la televisión lo que el vinilo para la música: un objeto de culto

VHS: el origen

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El VHS fue presentado al mundo por JVC durante la Feria Electrónica de Consumo de Chicago, el 4 de junio de 1977. Las siglas significan “Video home system”, sistema de video casero –al que luego le aparecería el Betamax como competencia. Nada muy rimbombante, pero claro, habría video en casa. La imagen, poco a poco, dejaba de ser un asunto ajeno: desde hace 44 años había otro método para acercarse a ella. 

Se trataba de un aparato robusto que, a ojos actuales, parecería obsoleto. Una caja que tenía un espacio en el que se colocaba la cinta de vídeo para que se reprodujera a través de un televisor. Ese proceso, que podría parecer básico, cambió varios hábitos durante los años ochenta. 

A partir de entonces fue posible dejar grabando un partido de fútbol o copiar contenido de una cinta en otra. Eso que ahora se puede hacer a través de una configuración o con solo enviar un enlace para el streaming tuvo sus primeros pasos durante esos momentos. A lo anterior se suma el cambio que, quizá, sea más evidente e importante: la aparición de los videoclubs y, con ellos, la posibilidad de alquilar esas cintas de VHS a mediados de los ochenta.

Blockbuster: ‘cine’ en la esquina de la casa

Blockbuster fue la primera empresa en posicionarse dentro del mercado de alquiler de vídeos. Comenzó a hacerlo a partir de 1985. El periodista, escritor y crítico cultural Jorge Carrión recuerda en La Vanguardia cómo era la experiencia del videoclub para un usuario. “Entrabas con 300 pesetas en el bolsillo; recorrías uno por uno los pasillos, donde las cintas estaban clasificadas por género; siempre había un cuarto oscuro al fondo, el del porno, y después de mucho dudar cogías una peli en VHS que sería la única de aquella semana o de aquel mes o de aquel verano que verías por elección”, comentó.

Aunque en algunos casos se podían comprar, el hábito era alquilarlas con el pago de un monto y el compromiso de que la cinta de VHS debía ser devuelta en un lapso de tiempo específico. ¿Qué permitía esto? Propiciaba una suerte de dinámica de consumo, un circuito en el que las películas iban por el barrio. Los vecinos podían devolverlas antes de tiempo, en caso de que no gustaran, o alquilarlas de nuevo para seguir viéndolas.

Las cintas de VHS funcionaban como la expansión de la experiencia generada en el cine. Quienes quedaran enganchados con alguna producción podrían volver a verla cuando estuviera disponible en ese formato; aquellas personas que no pudieron ver tal o cual título en las salas tenían la oportunidad de acercarse a ella sin salir de casa. La esencia de esa dinámica radicó en tener criterio al momento de elegir.

Para las empresas también era una oportunidad de expandir sus franquicias a través de producciones exclusivas para VHS y de incorporar títulos sin la calidad suficiente para el cine. En este caso, las portadas y las cajas tenían que atraer.  Así lo recuerda David Gary, bibliotecario de Historia Americana de la Universidad de Yale, consultado por Yale News y citado por BBC: “Muchas de las películas de bajo presupuesto que no eran tan buenas necesitaban que el arte de las portadas de las cajas en las que venían fuera muy bueno, para atraer y vender”. Como el papel, el VHS aguantaba todo. 

Del VHS y el DVD a Netflix y el streaming: la evolución

Entre el VHS, Netflix y otras plataformas de streaming hay diversos formatos y cambios culturales. Uno de los más significativos fue la aparición del DVD, el “Disco versátil digital”, a partir de 1995. El formato permitía almacenar más información. Ya no era necesaria ni la cinta de video ni el casete en el que venía. “Todo” cabía en un disco. Se comenzaban a simplificar procesos y encontrar otras maneras de reproducción. ¿Alguien recuerda el disquete?

Los videoclubs también comenzaron a adaptarse a este formato. De hecho, incluso en la actualidad, cuando el streaming y las plataformas online ofrecen una enorme variedad de títulos, aún persisten estos lugares. ¿Por qué? Porque en ellos se encuentran títulos en DVD o Blu-Ray que no se encuentran ni en Netflix, Amazon Prime ni Disney Plus, por solo mencionar algunas. De acuerdo con The Telegraph, más del 50% de las películas hechas para VHS no se editaron para DVD. ¿Has buscado películas clásicas en los servicios streaming? Un desafío. Como las cintas de VHS, los videoclubs también han pasado a ser espacios de culto. 

Esa evolución, aunque pueda resultar romántica, describe parte de la evolución tecnológica de la humanidad y cómo pequeños cambios alteran procesos en el corto, mediano y largo plazo. Parte del negocio de Netflix, Disney Plus y HBO Max consiste en tener catálogos amplios y diversos para incentivar suscripciones, ampliar su base de datos y estimular la permanencia dentro de su servicio. A medida que la competencia en este universo crece, la necesidad de ofrecer nuevas producciones parece más urgente desde el punto de vista de las empresas. 

Eso puede explicar que películas como La mujer en la ventana (2021), con poco respaldo de la crítica cinematográfica y con un lanzamiento en cines pospuesto durante 2020, terminase en Netflix. Ocurrió lo que antes pasaba con sagas como El Rey León o La Sirenita. Luego de un gran éxito con una primera película, surgían una serie de precuelas y continuaciones narrativas que no tenían el impacto de las primeras, pero permitían seguir alimentando un relato a través de otros formatos.

Aunque es difícil estimar cuánto dinero generó la industria del VHS durante los ochenta y noventa y cuánto genera en la actualidad, a través de los coleccionistas, un ejemplo sobre Star Wars puede dar pistas. De acuerdo con Mercado, el VHS dio ganancias a la franquicia de más 873,000 millones de dólares. Es cierto: Star Wars como producto cinematográfico y cultural come en una mesa distinta al resto. Pero el dato sirve para dimensionar la dinámica de consumo que había entre productoras, VHS y videoclubs. Ahora, además de la cantidad de dinero, también se habla sobre el número de views