Con solo tres películas en su haber, y ya desde la primera, Robert Eggers ha puesto una pica independiente, estilizada y muy singular en Hollywood. Basta ver la fría solidez terrorífica de La bruja (2015), la pesadilla inclasificable de El faro (2019) y, ahora, la brutal precisión que luce en El hombre del norte (2022), una verdadera historia de vikingos con su propia mitología, para darse cuenta de ello.

Por la crudeza dramática que posee, la solemnidad del espíritu shakespeareano en sus conversaciones, monólogos y juramentos y su tragedia vengativa a lo Hamlet (1603) o, vaya, El rey león (1994), la animalidad violenta en el modo de vida de la sociedad representada y su credo de ultratumba y, en fin, la composición audiovisual medida, barroca y con gozosos planos secuencia del norteamericano.

La base principal de El hombre del norte, aparte de los mitos nórdicos, es la leyenda del Amleth al que encarna Alexander Skarsgård; contenida en los libros tercero y cuarto de la Gesta Danorum, obra que se ha perdido a excepción de cuatro fragmentos y que se atribuye a la escritura del historiador Sajón Gramático en el siglo XII. Y de ella salió, por cierto, el atribulado príncipe de Dinamarca.

Alexander Skarsgård, el impulsor de ‘El hombre del norte’

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“No me tomé ninguna libertad, excepto con cosas que no sabemos, porque fue hace mil años. Hice todo lo posible para hacer todo lo más históricamente preciso posible. Hice una enorme cantidad de investigación”, ha explicado Robert Eggers en una entrevista para IndieWire. Por este deseo riguroso, elaboró el libreto con el galardonado novelista y poeta islandés Sigurjón Birgir Sigurðsson o Sjón.

E insiste: “Tenía a los mejores historiadores y arqueólogos vikingos trabajando conmigo. Tenía gente en la comunidad de historia viva y arqueología experimental. Tuvimos una gran cantidad de expertos vikingos trabajando en la película. Todo está superconsiderado”. No obstante, el impulso para realizar El hombre del norte salió de su actor protagonista, el sueco Alexander Skarsgård.

He alimentado este sueño de hacer una película vikinga durante muchos años”, le ha dicho al mismo medio el hijo del veterano intérprete Stellan Skarsgård. “En realidad, no quería ser actor cuando era niño; pero tengo muy buenos recuerdos de nuestra casa de campo en Ölanda, una isla en el Báltico. Hay casi 200 piedras rúnicas masivas en la isla, y fue una experiencia muy profunda cuando era niño”.

Y continúa con estas palabras: “Ver estas piedras rúnicas con las inscripciones, erigidas por un vikingo hace mil años, donde simplemente hizo volar mi imaginación. «¿Quiénes son estos vikingos? ¿Adónde fueron y qué pasó?». Así, hace unos diez años, tuvo la idea porque “nunca había visto una representación veraz e históricamente precisa de la era vikinga en una pantalla grande”.

Deseaba que se pudiese combinar “el alcance, el lienzo de una gran película de aventuras épicas”, pero que se “mantuviese fiel a las antiguas sagas islandesas y el tono y el lenguaje, la crudeza del mismo”, el de “este mundo duro” y su “gente dura”, a menudo involucrada en “una disputa familiar, una historia de venganza”. Luego conoció a Robert Eggers, y el resultado ha sido El hombre del norte.

Una violenta fantasía oscura: las antiguas creencias de los vikingos

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Si uno ve el nuevo filme del director estadounidense, nacido en Canadá, podrá reconocer la misma intención de ofrecernos una recreación minuciosa de una ideología espiritual como ya se propuso en La bruja con la brujería satánica según los fanáticos cristianos puritanos, en otra obra de fantasía oscura pero sobre la antiguas creencias de los pueblos escandinavos germanos para esta ocasión.

Aquí están sus hechiceros, Odín y las valkirias; pero más vale que os olvidéis de los personajes amistosos del Universo Cinematográfico de Marvel con la cara de Anthony Hopkins y Tessa Thompson. Porque la idea de que hay personas en las que viven espíritus de animales, la agresividad como una virtud y el anhelo de perecer batallando para ir al Valhalla no producen un retrato amable en absoluto.

“Estoy tratando de hacer una película ambientada en un gran escenario de acción y aventuras”, ha reconocido Robert Eggers a Screen Rant. “Las sagas en las que se basa a veces se leen como películas de acción de los 80, y es una cultura que celebra la violencia, por lo que hay momentos en los que debe ser emocionante. Pero (…) no quiero glorificar la violencia”. La gran paradoja de El hombre del norte.