¿Qué fue antes, el huevo o la gallina? Esta famosa frase puede usarse para hacer referencia a muchas cosas, entre ellas la relación entre el consumo de drogas y la presencia de enfermedades mentales. Y es que no está del todo claro si las personas con enfermedades mentales tienen más tendencia al consumo de drogas o si estas sustancias, especialmente las drogas alucinógenas, pueden ser las responsables de la aparición de estos trastornos. 

En realidad todo puede ser el resultado de una combinación de ambas posibilidades. Alguien con una enfermedad mental puede ser más propenso a consumir drogas, que a su vez podrían adelantar la aparición de los primeros signos de su trastorno. Esto es aplicable a cualquier sustancia, pero sobre todo a las drogas alucinógenas, precisamente porque provocan algunos de los síntomas más comunes de enfermedades mentales como la esquizofrenia.

Ahora bien, también es importante tener claro que el consumo de drogas alucinógenas puede ser incluso beneficioso si se da en un contexto apropiado. Es decir, si no se hace con fines recreativos y hay un profesional sanitario controlando la situación, podrían ser muy beneficiosas. Por ejemplo, se ha visto que algunas de estas sustancias pueden ayudar a tratar enfermedades mentales como el trastorno por estrés postraumático o la depresión. Pero vayamos paso a paso y empecemos con algunas definiciones. 

Drogas y enfermedades mentales

Según la Organización Mundial de la Salud, una droga es cualquier sustancia con potencial para curar o prevenir una enfermedad. Por lo tanto, hasta un paracetamol podría considerarse como una droga.

No obstante, de forma más coloquial este término se usa para hacer referencia a sustancias con efectos psicoativos, que producen placer y pueden generar dependencia. Es aplicable tanto a sustancias legales como ilegales, ya que, por mucho que a veces nos cueste admitirlo, el alcohol también es una droga. 

Hay sustancias legales, como el alcohol, que también se consideran drogas

En el tema que nos ocupa son especialmente importantes las drogas alucinógenas, cuyo nombre se debe a que causan alteraciones en la percepción de quien las consume. 

Esto puede estar muy ligado a las enfermedades mentales. Es decir, a aquellos trastornos en los que se encuentran alterados procesos como el razonamiento, el comportamiento, las emociones o la capacidad para comprender la realidad.

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Una relación complicada

Pepe (nombre ficticio) tenía 16 años cuando probó por primera vez el alcohol. Ese fue su primer contacto con las drogas. El mismo que el de la mayoría de las personas. De hecho, reconoce que lo hizo por acto social, para comportarse como la mayoría de chicos de su edad. Sin embargo, poco después comenzó también a sentirse atraído por lo prohibido y procedió a consumir hachís y marihuana. Ese fue su combo principal hasta los 21 años, cuando debutó en el consumo de drogas alucinógenas. “He probado pocos alucinógenos en mi vida, y muy espaciados entre sí en general”, señala a Hipertextual. “Aquella primera vez fueron unas setas, las Psilocybe cubensis, luego probé la ayahuasca, después otra vez setas y lo último que probé en mi vida en este sentido fue la Salvia divinorum. Lo hice en cuatro ocasiones, esta vez menos espaciadas, con diferencia de días”.

Las personas tendentes a consumir drogas pueden tener afectado el sistema de recompensa cerebral

En ese periodo, cuando tenía 26 años, tuvo su primer brote psicótico. Años después la situación se repitió y finalmente fue diagnosticado con esquizofrenia paranoide a los 32 años. No había tenido ningún brote antes de comenzar a tomar drogas, por lo que lógicamente no tardó en relacionarlas con su diagnóstico. Los psiquiatras están acostumbrados a encontrarse con casos como el suyo. Pero, aun así, no pueden estar seguros de que realmente las drogas sean el desencadenante de las enfermedades mentales.

“Hay varias hipótesis”, relata a este medio el psiquiatra investigador del grupo PsyNal Miguel Ruiz Veguilla. “Una, la más entendible, es que fumar cannabis o consumir un exceso de alcohol aumenta el riesgo de presentar esquizofrenia. Pero claro, hay otra hipótesis que está tomando más evidencia y es que el riesgo de desarrollar una enfermedad mental también asocia un riesgo a las adicciones, de tal manera que una persona con un cerebro que está funcionando mal y puede desarrollar una esquizofrenia, también puede tener el sistema de recompensa alterado”. 

El sistema de recompensa comprende los procesos neurológicos por los que algunas sustancias generan placer. Ocurre a través de la liberación de dopamina, un neurotransmisor conocido como una de las hormonas de la felicidad, y tiene fines beneficiosos a nivel evolutivo. Por ejemplo, el sexo produce placer como incentivo para que lo realicemos y aumentemos las posibilidades de perpetuar la especie. Comer un chuletón o un helado de chocolate es placentero, porque nos aportan una gran cantidad de energía. Es cierto que hay formas más sanas de obtener esa energía, pero hasta ahí no llega nuestro cerebro. El problema es que hay sustancias que actúan muy fuertemente sobre esos sistemas de recompensa y personas más sensibles en las que las dosis habituales de dopamina no parecen ser suficientes, de modo que necesitan cada vez más cantidad de ese estímulo que las produce. Es así como se producen las adicciones. 

Por eso, según la explicación de Ruiz Veguilla, esta segunda hipótesis señala que “si alguien es susceptible de tener una adicción, es porque ese mismo cerebro funciona mal en más cosas”. No está claro cuál de las dos hipótesis descritas por el psiquiatra es la más probable, “lo que sí está claro es que una persona con enfermedad mental y una adicción tiene mucho peor pronóstico de la misma enfermedad y también de la adicción”. Es decir, “cuesta más quitar una adicción a alguien con enfermedad mental y al revés”.

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Enfermedades mentales más allá de la esquizofrenia

La esquizofrenia paranoide, como la que se diagnosticó a Pepe, puede estar muy relacionada con el consumo de sustancias como las drogas alucinógenas que él tomó. Básicamente porque cuentan con síntomas comunes. No obstante, hay otras muchas enfermedades mentales que pueden verse afectadas por el consumo de drogas.

“El consumo de cocaína, cannabis y alcohol están muy relacionados con la depresión”, ejemplifica Ruiz Veguilla al otro lado del teléfono. “Fíjate que digo relacionado, no que sea su causa”.

Con el cannabis hay una curva en la que pasa de tener un efecto ansiolítico a provocar síntomas excitatorios

Concretamente, en el caso del cannabis, pasa algo muy curioso, pues de un momento a otro pasa a generar efectos totalmente opuestos. “Aunque mucha gente lo fuma para quitar la ansiedad, tiene una curva en la que deja de tener ese efecto ansiolítico y pasa a tener un efecto excitatorio”. El problema es que no está claro dónde se encuentra ese límite, pues parece ser único de cada persona. “Cada vez hay más casos de consumidores de cannabis que empiezan a no tener ese efecto relajante, sino todo lo contrario, con ansiedad, insomnio o incluso vómitos”, explica el psiquiatra. “Ocurre con el consumo crónico, pero no sabemos cuándo va a empezar a desarrollarlo cada persona”.

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Más grave en adolescentes

Como la mayoría de consumidores de drogas, Pepe empezó siendo un adolescente. Es cierto que su primer brote psicótico le llegó ya como adulto, pero no se pueden olvidar los años de consumo previo. Y es que la adolescencia es una etapa en la que cualquier cambio genera muchas más consecuencias.

Cuando nacemos tenemos una gran cantidad de conexiones neuronales. Unas nos serán útiles durante los años posteriores, pero otras no tanto. Por eso, en la adolescencia se produce algo conocido como poda neuronal. Es un proceso en el que se afianzan las conexiones que han sido útiles y se eliminan las que no. Se ha visto que una poda excesiva o escasa puede estar relacionado con trastornos como la esquizofrenia y el autismo, respectivamente.

“Cualquier factor ambiental que aparezca en épocas de desarrollo cerebral va a tener un impacto mayor a largo plazo”

Miguel Ruiz Veguilla, psiquiatra

Pero, además, todo ese proceso de cambios en nuestro cerebro convierte a los adolescentes en personas más vulnerables ante estímulos desencadenantes de enfermedades mentales. “Cualquier factor ambiental que aparezca en épocas de desarrollo cerebral va a tener un impacto mayor a largo plazo”, recuerda el psiquiatra consultado para este artículo. “Esto vale para todo: no es lo mismo sufrir bullying con 14 años que el hecho de que a una persona de 40 le hagan mobbing en el trabajo”. Eso no quiere decir que como adultos no suframos, por supuesto, “pero el impacto a largo plazo es diferente”. 

Por este motivo, Ruiz Veguilla opina que debería haber un consenso nacional donde se diga que los menores de 18 años no deben fumar tabaco, ni consumir cannabis ni beber alcohol. “No como prohibición, pero sí cómo recomendación. Pueden hacer lo que quieran, pero que tengan claro dónde está ese punto de partida”.

Al fin y al cabo, aunque haya sustancias más aceptadas, algunas de ellas incluso legales, todas pueden ser dañinas. Además, pueden ser la antesala a otras todavía más peligrosas, como le ocurrió a Pepe con las drogas alucinógenas. 

Y si no es posible que se llegue a ese consenso, al menos sí que es muy recomendable que se refuercen las campañas de concienciación. Por eso son tan importantes los proyectos como Mentescopia. Esta es una iniciativa de PsyNal y el Centro de Investigación Biomédica en Red de Salud Mental (CIBERSAM), en colaboración con la Federación Española de Ciencia y Tecnología (FECYT), dirigida a visibilizar entre los adolescentes algunos de los problemas de salud mental a los que pueden enfrentarse. Lo hacen a través de redes sociales, con entrevistas a expertos y vídeos cortitos y muy divulgativos. Entre otros temas, este año han tratado precisamente la relación entre el consumo de drogas y las enfermedades mentales, por lo que han hecho un trabajo muy necesario en este aspecto.

La importancia del contexto en las drogas alucinógenas

Pepe considera que las drogas alucinógenas fueron el desencadenante de su esquizofrenia. No obstante, él mismo reconoce que esta “no deja de ser una suposición basada a medio camino entre sus propias vivencias y las explicaciones de los psiquiatras”. Está claro que puede haber cierta relación, aunque no tanto que fuese el desencadenante. 

Ruiz Veguilla opina que estos casos pueden deberse a la existencia de cierta predisposición al desarrollo de enfermedades mentales tras el consumo de drogas alucinógenas. El problema es que no es fácil saber quién tiene esa predisposición. Además, hay menos casos para estudiar, porque “no son drogas tan fáciles de obtener”.

La combinación de drogas alucinógenas y terapia psicológica podría ayudar a tratar el trastorno por estrés postraumático

Aun así, el psiquiatra recuerda que a la hora de hablar de los perjuicios de las drogas alucinógenas es importante tener en cuenta el contexto. “No hay sustancias buenas o malas”, aclara. “Hay sustancias alucinógenas que tienen unos efectos muy revolucionarios”. Por ejemplo, se ha visto que, combinadas con terapia psicológica, se pueden usar para acceder a los recuerdos causantes de un trastorno por estrés postraumático e intentar cambiarlos por otros. 

Esto se haría en un contexto y unas dosis controladas. Pero incluso a la misma dosis, el contexto hace mucho a la hora de evaluar los efectos de las drogas. “Por ejemplo, se ha visto que tomar anfetaminas en un ambiente sanitario no crea los problemas de efectos secundarios y adicción que se experimentan con formas recreativas, incluso a la misma dosis”.

Si lo necesitas, pide ayuda

Pepe lleva 10 años sin consumir drogas, ni siquiera alcohol. Gracias a la ayuda que se le brindó en su momento ha podido reconducir su vida. Pero para eso, lógicamente, tuvo que pedirla. “Busqué ayuda porque, dentro de mis delirios, sabía que no estaba bien”, recuerda. “Mi familia ya estaba al tanto de que algo no marchaba correctamente conmigo (creo que se dieron cuenta antes que yo de esto), y entre ellos, una psicóloga de mi actual centro de día y yo mismo, conseguimos mi primer internamiento, el cual fue voluntario”.

Así empezó la historia de su nueva vida. Y es que da igual si fue antes el huevo o la gallina. Lo importante es intentar romper ese círculo vicioso entre drogas y enfermedades mentales. Se puede, pero para eso hay que buscar ayuda. Si estás en una situación como la de Pepe, no dudes en apoyarte en las personas que te quieren y consultar con un psicólogo o un psiquiatra.