El último capítulo de la segunda parte del final de temporada de Ataque a los titanes fue otro de esos episodios en los que la serie presume de sus puntos fuertes. Shingeki no Kyojin prepara a fuego lento la trama para luego dejar tramos de acción memorables; quizá, dentro de los mejores en el anime actual. Su cierre (con tercera parte confirmada) deja varios puertas abiertas (y otras no tanto). 

El episodio titulado “El amanecer de la humanidad” aclaró distintas dudas. En él se cuenta cuál fue la misión de reconocimiento que hizo La Legión en Marley y el impacto en los protagonistas. De esa forma, varios de ellos tuvieron momentos de construcción. Esos explican su desarrollo durante toda esta segunda parte del final de temporada; en especial, en el caso del protagonista. 

Eren Jaeger siempre tuvo claro el destino que sufriría la humanidad. Su criterio, fundado en proteger a sus amistades, prevalecería. Por tanto, al pueblo de la Isla Paradis. Aunque esto fuera obvio, un aspecto que no estaba claro fue el lado humano, la confrontación que el persona experimenta cuando viaja hacia el otro lado del mar.

Ataque a los titanes,
desde la perspectiva de Mikasa

“El amanecer de la humanidad” fue narrado desde la mirada de Mikasa. Como si se tratara de hurgar en sus recuerdos, repasó distintos momentos con Eren. Intentó responder a la pregunta si su comportamiento siempre fue orientado hacia este final lleno de sangre y destrucción o si en algún momento la historia pudo ser distinta. 

La revisión reveló un diálogo clave que Eren y Mikasa. Él le pregunta qué significa para ella. El anime abrió la posibilidad de que la respuesta de ella cambiara hechos. Si Mikasa hubiera manifestado su amor hacia él, puede que parte de la desolación del protagonista se redujera, que sus propósitos tuvieran otro enfoque. Pero no. 

La escena, bien desarrollada porque se aleja de lo cursi, plantea la confrontación de Eren entre su destino y sus deseos. Shingeki no Kyojin vuelve sobre una de sus constantes: recordar a quien la mira que las pequeñas decisiones, que esos hechos que parecen intrascendentes, pueden tener un valor significativo en el desarrollo de las historias particulares y colectivas. 

Cada vez parece más claro que el destino de Eren está asociado con las decisiones que tomará Mikasa de ahora en adelante.

Eren Jaeger: el corazón de la bestia

Luego de varios capítulos sin tener imágenes pasadas ni presentes sobre Eren Jaeger, en este se le vio en los distintos planos temporales en los que se mueve Shingeki no Kyojin. Se recordó al niño, ese episodio que todo lo cambia, cuando un titán se come a su mamá, las promesas que se hizo, y su posterior búsquedas. Se le describió como ese adolescente que visita la tierra que cree que debe destruir. Para luego mostrarlo en su forma final, cegado por su deseo de sangre y muerte.

En el segundo de esos tramos se vio, quizá, el único momento en el que el personaje sonríe durante la última temporada. Si como espectadores revisamos, puede que la mayoría no recordemos cuándo fue la última vez que estaba riendo con sus amigos, que aquel niño, en un principio inocente y movilizado por su deseo de protección, dejó de sonreír. Es la viva imagen de las consecuencias de las espirales de odio. Esa última sonrisa de Eren se produce justo antes de celebrar con una serie de personas que, vistos fuera del relato, representan a los migrantes, marginados y desplazados por las distintas crisis del mundo. No es casualidad que él se reconozca en ellos porque conoce el peso del desprecio y los prejuicios. 

Al aportar toda esta información, Ataque a los titanes enriquece aún más al personaje. No justificó el genocidio que está propiciando, pero sí aportó argumentos para que, desde su perspectiva, se comprenda cómo el odio y su interés por defender a los suyos de un conflicto que marcó durante más de 2000 años a su pueblo. Quienes están del otro lado del mar tienen prejuicios, traumas y, visto lo visto, no dejarán la idea de que quienes viven dentro de las murallas son demonios peligrosos. Al reconocer, Eren abraza la única solución que reconoció dentro de sus posibilidades.

El retumbar en la costa

Luego de todo ese preámbulo emotivo, de tensiones, estrategias y movidas políticas, se completó con una muestra de lo que pueden hacer cientos de titanes colosales avanzando por mar y tierra. La adaptación dejó varias imágenes impresionantes, tan épicas como aterradoras, sin que la cámara estuviera todo el tiempo sobre las bestias. Los silencios, el miedo en las caras de los militares que intentan proteger Marley, la violencia de los ataques o la imagen de los los titanes avanzando aunque no tuviera la mitad de su cabeza. Todo, parte una adaptación impecable en cuanto a imágenes y manejo del sonido.

La base emotiva que Ataque a los titanes construye se nutre de estos momentos épicos y viceversa. Son un diálogo entre momentos que propician distintas reacciones en el espectador, desde la comprensión hacia el villano hasta el momento en el que se descubre como por primera vez en su forma final. Entonces, la narración, que había mostrado las distintas etapas de Eren Jaeger, revela la última. Se trata de un monstruo ajeno a aquel niño pero movido por todos los traumas y temores de la criatura. 

Ante la costa de Marley, uno de los espacios que desea destruir para salvar a sus amigos y a su pueblo, el Titán Fundador no muestra ningún tipo de piedad ni sentido de remordimiento. Por el contrario, parece ansioso por haber llegado a ese punto, a ese momento donde termina la segunda parte de la temporada final, para dejar en los espectadores una mezcla de vacío y expectativas que deberán aguardar hasta 2023. Durante ese año, Mikasa y Eren parecen destinados a volver a encontrarse.