La mamografía es el método más eficaz para diagnosticar el cáncer de mama. Sin embargo, un estudio recién publicado en Circulation: Cardiovascular Imaging demuestra que también podría ser útil para predecir la probabilidad de desarrollar enfermedades cardíacas o un accidente cerebrovascular.

Los autores del estudio, procedentes del Centro Kaiser Permanente de Northern California, optaron por investigar esta cuestión al percatarse de dos factores muy importantes. Por un lado, que las calculadoras que se usan habitualmente para evaluar los factores de riesgo cardíaco son mucho más eficaces en hombres que en mujeres. Por otro, que la mamografía es una herramienta muy útil, ya que se realiza de forma rutinaria a todas las mujeres a partir de cierta edad. O al menos debería. 

En las imágenes tomadas mediante mamografía se puede ver si existe calcificación arterial mamaria. Sospecharon que este fenómeno podría servir para predecir la probabilidad de desarrollar patologías cardíacas. Pero para estar seguros necesitaban una gran muestra de mujeres. Por eso, recurrieron al estudio MINERVA (MultIethNic study of brEast aRterial calcium gradation and cardioVAscular disease), en el que se incluye a más de 200.000 participantes. 

¿Qué nos cuenta una mamografía?

Una mamografía es una técnica diagnóstica consistente en el análisis de las glándulas mamarias a través de rayos X. Aunque se ha ido perfeccionando con el tiempo, se ha usado desde 1913 para diagnosticar cáncer de mama, así como otras patologías asociadas a los senos.

En la actualidad es tan eficaz que incluso puede servir para diagnosticar un tumor tres años antes de que empiecen los primeros síntomas. Por eso, la mayoría de países incluyen en sus planes de sanidad pública protocolos de cribados periódicos a mujeres de determinada edad. En España, por ejemplo, se aconseja una mamografía cada dos años para mujeres de entre 50 y 69 años. Por encima o por debajo de esa edad, dependerá de la predisposición de cada paciente. Además, podría ser que algunas dentro de ese rango tuvieran que hacérsela de forma más continua. Ahora bien, ¿qué tiene que  ver todo esto con las enfermedades cardíacas?

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La discriminación en el cálculo de riesgo de enfermedades cardíacas 

Durante mucho tiempo, el discurso científico se ha centrado en la figura masculina del ser humano. Esto ha incluido también una investigación médica dirigida por y para los hombres. Por suerte, hoy en día la situación no es tan extrema. Sin embargo, sigue habiendo algunos detalles que nos hacen ver que la discriminación, aunque sea de forma inconsciente, continúa. Por ejemplo, la posología de muchos fármacos se basa en ensayos clínicos realizados únicamente en hombres. Las cantidades consideradas seguras para un hombre pueden ser peligrosas para una mujer, por lo que podría llegar a ser un problema.

Con los síntomas de las enfermedades pasa algo parecido. Muchas se han estudiado mayoritariamente en hombres. Por ejemplo, los síntomas asociados normalmente al infarto, como el dolor en el brazo izquierdo, son más comunes en hombres. Las mujeres pueden tener otros signos, como dolor en la espalda, pero esto es algo que no está tan divulgado. Y con las calculadoras de riesgo de enfermedades cardíacas ocurre lo mismo. Se han hecho en base a estudios realizados generalmente con hombres, por lo que los resultados no son tan precisos para las mujeres.

La calcificación arterial mamaria se encuentra aproximadamente en la cuarta parte de mujeres con edades comprendidas entre los 60 y los 79 años

Por eso, estos científicos optaron por recurrir a la calcificación arterial mamaria. Esta consiste en la acumulación de calcio dentro de la capa media de la pared arterial de la mama. No es lo mismo que la calcificación de la capa interna, muy común en fumadores o personas con el colesterol alto. Esta se asocia más bien al envejecimiento. De hecho, se sabe que está presente en aproximadamente una cuarta parte de las mujeres entre 60 y 79 años. Y parece ser que está aún más asociada con la presencia o el riesgo de enfermedades cardíacas. Dado que es algo que puede verse en una mamografía fácilmente, estos científicos decidieron hacer un seguimiento de las mujeres participantes en el estudio MINERVA. De este modo, podrían comprobar si el riesgo cardiovascular estaría asociado a la presencia de esta calcificación mamaria. Y así fue.

Una calculadora más eficaz

En el estudio participaron alrededor de 200.000 mujeres sin antecedentes de cáncer de mama ni enfermedades cardíacas. Todas se realizaron al menos una mamografía entre octubre de 2012 y febrero de 2015. Después, se sometieron a un seguimiento de unos 6 años y medio.

El objetivo era comprobar cuántas desarrollaban enfermedades cardíacas y compararlo con la presencia o ausencia de calcificación arterial mamaria. Así, vieron que las que exhibían este rasgo en la mamografía tenían un 51% más de probabilidad de desarrollar enfermedades cardíacas o un accidente cerebrovascular. Además, esto ocurría con más probabilidad en mujeres blancas o latinas que en las negras. Es un detalle importante, pues el estudio MINERVA incluye una amplia variedad de etnias, precisamente para poder tener en cuenta estos datos, que a pesar de su importancia a veces se dejan de lado.

Las mujeres que participaron en el estudio no tenían antecedentes de cáncer de mama ni enfermedades cardíacas

En un comunicado, los autores del estudio recuerdan que en Estados Unidos no es obligatorio que los radiólogos indiquen en los resultados de la mamografía si hay calcificación arterial. No obstante, dados sus resultados, opinan que se podrían cambiar los protocolos para que sí fuese obligatorio. Es un dato muy útil, que se obtiene de forma periódica y sencilla. La mamografía nos estaba poniendo en bandeja calculadoras de riesgo cardiovascular más eficaces y nosotros no nos dábamos cuenta. ¿Qué menos que tenerla en cuenta a partir de ahora?