Sí, parece un clickbait de manual, pero nada más lejos de la realidad. El caso que hoy venimos a comentar es tan real como la vida misma, por desgracia. Un joven de 19 años sufrió amputación de sus extremidades tras comer sobras de comida en mal estado. Concretamente, unos fideos con pollo. Tal y como lo lees.

En 2021, un adolescente de 19 años ingresó en una UCI debido a una insuficiencia orgánica múltiple y una grave erupción cutánea. Aproximadamente, unas veinte horas antes de su ingreso tuvo un fuerte dolor abdominal y náuseas tras comer las sobras de comida de un restaurante. Además, unas cinco horas antes de su hospitalización desarrolló una coloración violácea en la piel que parecían moratones.

Este caso de las sobras de comida en mal estado y su efecto en el organismo no se trata de otro macabro rumor de Internet, sino que ha quedado recogido en la literatura científica. Sucedió en el Massachusetts General Hospital, y también ha sido recogido en un vídeo divulgativo de YouTube por parte del creador Chubbyemu, profesor clínico adjunto de la Universidad de Illinois.

Los fideos con pollo sobrantes, cuando las sobras de comida son peligrosas

El joven afectado por las sobras de comida, apodado “JC” por sus iniciales, divisó un táper con fideos y pollo ubicado en el frigorífico de su vivienda. Este envoltorio contenía la comida que su compañero de piso había traído la noche anterior de un restaurante. Inmediatamente tras comerlo, JC comenzó a encontrarse fatal con retortijones y molestias en su estómago. Con el paso de las horas, la cosa no fue a mejor. El dolor se iba intensificando más y más. Pensó que serían gases, pero no, no lo eran. Además, sintió un sabor agrio en la superficie de su lengua y escozor en sus mejillas justo antes de desmayarse y caer al suelo. Llegó como pudo al aseo, y ahí comenzaron vómitos irrefrenables y constantes que no cesaban mientras sentía como sus ojos salían de sus órbitas.

Al dolor causado por las sobras de comida se sumó una terrible sensación de frío y fuertes temblores que comenzaron en las extremidades

Por si fuera poco, al dolor causado por las sobras de comida se sumó una terrible sensación de frío y fuertes temblores que comenzaron en las extremidades y progresivamente se fueron trasladando a su pecho. Ahí comenzaron las dificultades para respirar.

Cuando su compañero de piso llegó, la situación era terrorífica. JC era incapaz de girar la cabeza por la rigidez de su cuello, y su vista comenzaba a nublarse. Al confesar el hurto alimentario de los fideos, su compañero de piso le pidió disculpas: también le había sentado mal la comida, pero por algún motivo incomprensible decidió guardar las sobras en el frigorífico en lugar de tirarlas a la basura. En cualquier caso, ninguno de los jóvenes le dio más importancia al asunto, ya que las manecillas del reloj siguieron contando sin que se dirigieran al hospital. Asumieron que la comida estaba en mal estado, y que todo acabaría pasando. Pero no fue así.

Infección por bacterias meningocócicas 

Conforme pasaba la noche, JC sentía como su corazón latía con fiereza en el pecho. Sin embargo, y a pesar de encontrarse como un auténtico despojo humano, JC aguantó toda la noche dolorido en posición fetal. A la mañana siguiente, vio como sus brazos y piernas se tornaban violetas en ciertas zonas, con señales que parecían hematomas. Con toda esta situación insostenible encima, finalmente JC y su compañero decidieron ir al hospital. De camino al hospital, JC apenas podía mover la cabeza porque su cuello estaba muy rígido. A esto se sumó la pérdida de visión. 

Una vez en la examinación, JC estaba consciente, pero su piel se volvió pálida y comenzó a tener fiebre. Su corazón latía muy rápido, de forma anormal, y la concentración de oxígeno en sangre se desplomó por los suelos. A la entrada de la UCI, JC presentaba dolor muscular, escalofríos y dificultad para respirar. Tuvo que ser intubado mediante respiración artificial, pero no era suficiente: su presión sanguínea seguía disminuyendo. Adicionalmente, pequeños sarpullidos seguían apareciendo por todo su cuerpo. Estaba claro: se trataba de una infección por bacterias.

Las extremidades de JC estaban heladas, y sus lesiones sobrepasaban ya la apariencia de un simple sarpullido

Sin embargo, las sobras de comida aún no estaban en la ecuación. Los doctores aún no eran capaces de conocer qué bacteria era la causante de este estropicio. Por ello, administraron a JC antibióticos genéricos para tratar de combatir la infección. Sin embargo, las cosas seguían complicándose todavía más. Las extremidades de JC estaban heladas, y sus lesiones sobrepasaban ya la apariencia de un simple sarpullido. Por otro lado, los riñones estaban fallando por completo y la concentración de plaquetas en sangre estaba por los suelos: no podía coagular ni sanar sus heridas. Los análisis de sangre revelaron al culpable: la bacteria Neisseria meningitidis o meningococo. Esta bacteria es capaz de causar una grave infección llamada meningococemia que puede llevar a la muerte: es lo que le estaba sucediendo a JC.

Esta bacteria está relacionada con la meningitis, pero no es exactamente lo mismo. La meningitis es una enfermedad caracterizada por la inflamación de las meninges, membranas que rodean al cerebro y la médula espinal. Esta inflamación puede deberse a múltiples causas, siendo una de ellas Neisseria meningitidis. Sin embargo, lo que le sucedió a JC no era meningitis, pues su cerebro no había sido afectado. Otras partes de su cuerpo sí que estaban siendo afectadas: sus extremidades se dirigían hacia la necrosis, ya que el flujo sanguíneo se había detenido. Finalmente, ambas piernas de JC se vieron afectadas por la gangrena y tuvieron que ser amputadas.

Mucho cuidado con la higiene alimentaria

Pollo al horno convencional. Claudio Schwarz (Unsplash)

¿Cómo pudo suceder este trágico accidente? Es un caso sumamente raro, ya que la bacteria Neisseria meningitidis se transmite a través de la saliva y no es un agente patógeno habitual en alimentos. El compañero de piso de JC comió estas sobras y también tuvo vómitos, lo cuál confirma el mal estado de la comida y una posible presencia de meningococos. Sin embargo, revisando el historial médico de JC los doctores advirtieron que el joven solo había recibido la primera dosis de la vacuna contra meningococos de pequeño, lo cual podría explicar las graves secuelas de esta infección. Lo que no es fácil de explicar es la presencia de Neisseria meningitidis en los fideos. Incluso queriendo cultivar dicha bacteria a propósito en un laboratorio, sería difícil conseguir un crecimiento bacteriano en el alimento.

No es fácil de explicar es la presencia de Neisseria meningitidis en los fideos

Recordemos: el táper no era suyo, sino de su compañero de piso. ¿Podría ser que el compañero de JC estuviera infectado por Neisseria meningitidis y transmitiera la bacteria a la comida mediante la saliva? Nunca lo sabremos a ciencia cierta. Lo que sí sabemos es que la higiene alimentaria es algo fundamental y que puede llevarnos a consecuencias fatales si la eludimos. La moraleja de esta triste historia es que no debes comer los fideos de tu compañero de piso sin preguntar antes. Y, si eres el compañero de piso de alguien: por favor, asegúrate de tirar la comida en mal estado a la basura. No seas cerdo.

Este caso es un ejemplo sumamente aislado, raro y bizarro cuyas probabilidades de replicación son ínfimas. Sin embargo, debe servirnos como ejemplo para llevar cuidado con lo que comemos y no almacenar las sobras en el frigorífico más tiempo de la cuenta. De esta forma evitaremos posibles intoxicaciones alimentarias por bacterias más frecuentes como Salmonella, Listeria monocytogenes o Campylobacter.