Lo primero que sorprende en The Batman de Matt Reeves, es su ritmo. Mesurado, que luego avanza a una electrizante acción en su tramo central, para volver a un aire íntimo hacia el final. Es casi inevitable no incluir algunos puntos de la trama (hay algunos spoilers adelante), para narrar esta contundente visión de un antihéroe complejo. Pero aun así, The Batman es un evento tan complejo que sobrepasa cualquier detalle específico. Mucho más, en la forma en que el director le ha construido y mostrado. Se trata de la adaptación de Batman, que rinde tributo a su versión como detective del cómic. Pero también, otra que muestra la disputa violenta y dolorosa del bien y de la violencia, en un Batman joven y muy cerca del abismo. Matt Reeves encontró una forma de narrar la oscuridad de un héroe en crecimiento. Y hacerlo con una pulcritud ejemplar. 

Hay evidentes reminiscencias de thrillers de suspenso que recuerdan a la densidad de Fincher. Lo hace, cuando este Batman que apenas lleva la máscara hace menos de un año y medio, comienza el tortuoso camino a una investigación feroz. Pero también, hay mucho de la atmósfera de agobio, claustrofóbica y por momentos irrespirable de Jonathan Demme. Este Batman, que lleva sobre sus hombros una responsabilidad que le sobrepasa — y no lo disimula — es una criatura a mitad de transformación. Una que avanza en medio de la oscuridad de la ciudad que intenta proteger con esfuerzo. Y se enfrenta a varios enemigos a la vez, incluyendo su propio alter ego. El Batman de Reeves está recluido en su propio plan de venganza

The Batman asombra, también, porque en esta ocasión el film no desea contar desde dónde surge el antihéroe, sino hacia dónde se dirige. No en vano, el tono entero de la película es de un dolor profundo con frecuente estallido una rabia mal contenida. Robert Pattinson encuentra el tono y el sentido de una criatura sombría, a mitad de camino entre un mártir y un vengador. El Batman de Reeves todavía no decide si desea justicia o venganza. Y esa dualidad, escinde al personaje en dos partes.

Una criatura de las sombras

Lo hace, desde sus primeras escenas, en la que plantea el hecho que Bruce debe luchar contra el trauma y la cólera. Hacerlo, durante un largo año de dolor en que transitó hacia lugares complicados y duros, que es evidente, le resultan inesperados. Pattinson moldea al personaje desde la contención. De hecho, Wayne solo parece ser él mismo y ser parte de su historia, cuando lleva el traje de Batman puesto. Reeves le sigue con una mirada atenta, dura, en medio de una ciudad oscura y corrupta. Una que, además, se convierte lentamente en una amenaza. 

Si la ciudad de Joker de Todd Phillips tenía tenía un cierto aire a David Mamet y su derrota moral, la de Reeves es un híbrido curioso. Una parte con la visión sucia y destartalada de Martin Scorsese. La otra, con un brillo plomizo de esquinas oscuras y largas miradas sombrías de David Fincher. Al final, Gotham y Batman son parte de la misma esencia, lo mismo que todo lo que rodea al antihéroe.

En esta ocasión, se trata de una versión suya que no tiene la fibrosa fuerza de Christian Bale o la contundencia irreal del de Ben Affleck. De hecho, uno de sus puntos más fuertes es la forma en que desarrolla su peso humano. El sufrimiento que le atañe y la angustia que le lleva a ser un vigilante anónimo. Por primera vez, Bruce Wayne tiene tanto peso como Batman en la dualidad de la naturaleza del personaje. Y eso es una buena noticia. 

Un recorrido por todos los espacios inquietantes de Gotham 

Matt Reeves comienza su historia dejando claro que Gotham no entiende muy bien al vigilante que patrulla sus calles en un coche gigantesco. Pero más allá de eso, tampoco es evidente qué ocurre con este personaje ambiguo, cual es su propósito. Tampoco lo tiene claro Bruce Wayne, que no sabe del todo si en realidad todo su esfuerzo puede contra la oscuridad de Gotham. Hay algo asombroso en cómo Reeves tomó la cuestión de Batman como un investigador nato y lo transformó en punto focal. Batman utiliza el disfraz no para amedrentar  — que lo hace —  sino para ocultar. Además, avanza hacia nuevos espacios del personaje forzando una idea pesimista y rota difícil de definir. De hecho, hay mucho de la idea de mal necesario — e inevitable — en este hombre violento, que vigila y evade explicaciones sencillas. 

Pero es cuando el alcalde es asesinado, que Batman termina por perder su cualidad de héroe a la sombra. Su asociación con el teniente James Gordon (Jeffrey Wright), permite que ambos se complementen uno al otro. Es entonces cuando Batman muestra sus cualidades y, de hecho, Wayne encuentra una validación real. Es de enorme interés la manera como el guion de Reeves recorre la investigación (de nuevo, el peso de Fincher es notorio) y brinda a Batman sus mejores momentos. De pronto, el hombre detrás de la máscara no sólo una excusa para el traje extravagante. También es un brillante y capacitado detective al que el argumento brinda soltura y fluidez. La narración de Batman se hace cada vez más elegante y turbia, a medida que las pistas se unen. Y el villano escondido entre los sobres con acertijos específicos, emerge en todo su poder. 

DC | Warner Bros.

La sorpresa más asombrosa de The Batman es, sin duda, Paul Dano; con un Enigma convertido en un cruel asesino serial. Hay una obvia evolución en la idea del mal en todos los universos de Batman y, de hecho, Dano lo es su principal muestra. No solo está matando de forma tenaz, espeluznante y violenta. También envía un mensaje. Y para Gotham, la lucha parece librarse entre dos monstruos. Uno con una máscara en busca de encontrar sentido a la cólera y a la venganza. El otro, nacido de un tipo de anarquismo brutal en medio de las sombras. 

A la vez, el mundo de la mafia de Batman se muestra a detalle aunque quizás, con demasiada rapidez. La muy esperada aparición del Pingüino (Colin Farrell) es más corta y menos sustanciosa que lo esperado. Lo mismo que la de Carmine Falcone (John Turturro), con un dejo de miserable crueldad que resulta aterrador. El crimen para Reeves no es la maldad en estado puro, sino una ruptura por completo en medio del miedo. Y lo muestra, con un subtexto sobre la verdadera oscuridad de Gotham. Mientras Enigma mata — y deja mensajes para enfocar hacia la suciedad en Gotham — la mafia mueve los hilos. Y al otro lado, hay observadores.

Y uno de ellos es Catwoman, interpretada de forma sutil y físicamente intuitiva por Zoe Kravitz. El personaje termina por ser el hilo conductor entre los diversos mundos de villanos. Pero también, el peso emocional de Batman/Bruce Wayne. La química entre ambos fluye poderosa y definitivamente; es el sentido real de un trayecto intelectual y moral desconocido en el personaje. 

Un largo trayecto hacia el heroísmo 

Pero este es el duelo entre Batman y Enigma, lo que la película pone en relieve tantas veces como puede. Y es el ritmo entre ambos lo que hace a la película brillante a niveles adultos, muy lejos de cualquier otra versión de Batman. Quizás, uno de los puntos complicados sea que The Batman es más un Noir a cuerpo entero que una película de superhéroes. De la misma forma que Joker era más un cuento de horror sobre exclusión y soledad. Pero el Batman de Pattinson tiene una fortaleza brutal y un rasgo humano hasta ahora desconocido. 

Para el final de The Batman, es evidente que la confrontación entre el bien y el mal empuja a Batman a una decisión notoria. Y la toma, a pesar de su rabia, de su dolor y el sufrimiento a cuestas. Y es entonces, cuando Reeves logra que su película y su guion brillen de forma potente. Una versión sobre un héroe que se sostiene a partir del sufrimiento. Un héroe recluso, rehén de sus obsesiones. Un hombre abatido, herido y colérico que hará el bien a costa de su propio interés en la conciencia. Batman ha regresado y se sostiene en una cualidad de héroe que construye su propio camino. Quizás, la mejor noticia de todas.