Se ha estrenado la tercera película de Matthew Vaughn (Kick-Ass: Listo para machacar) sobre los habilidosos espías ingleses, perfectamente vestidos, creados para los cómics del guionista Mark Millar y el dibujante Dave Gibbons (2012-2018) y a los que muchos no llegamos a conocer hasta Kingsman: Servicio secreto (2014) y Kingsman: El círculo de oro (2017), las dos entregas anteriores, dirigidas por el mismo cineasta y respecto a las que The King’s Man: La primera misión (2021) constituye una potente precuela sobre el origen de estos agentes enigmáticos.

Si el elenco de los otros largometrajes lo encabezan Taron Egerton (Rocketman) y Colin Firth (Shakespeare in Love), aquí tenemos a Ralph Fiennes (La lista de Schindler) y Harris Dickinson (Trust) en la piel de Orlando y Conrad Oxford, en compañía de Djimon Hounsou (En América), Gemma Arterton (Tamara Drewe), Daniel Brühl (Good Bye, Lenin!) o Matthew Goode (Match Point) como Shola, Polly Wilkins, Erik Jan Hanussen y Morton. Pero también a Rhys Ifans (Las vidas posibles de Mr. Nobody) y Tom Hollander (Bohemian Rhapsody), a los que hemos entrevistado.

Subirse al carro de ‘The King’s Man: La primera misión’

20th Century

Según Rhys Ifans, lo que le atrajo principalmente para participar en un filme como The King’s Man: La primera misión fue el libreto escrito por el propio Matthew Vaughn y Karl Gajdusek (Oblivion). “Sin el guion, solo hay ideas”, comenta, y el de esta aventura de acción “es una mirada realmente refrescante a la historia, una que aún puede contener el horror real, la tragedia humana y el coste que supuso la Primera Guerra Mundial pero, a la vez y alrededor de esta dolorosa verdad, es capaz de mirar satíricamente a los responsables de causar semejante carnicería”.

Tom Hollander, por su parte, está de acuerdo en la importancia del guion para escoger un proyecto cinematográfico u otro. Pero con un aliciente en lo que a él respecta: “No todos los días te piden que interpretes a tres personajes al mismo tiempo”, nos cuenta. Porque él encarna a Jorge VI de Inglaterra, Guillermo II de Alemania y Nicolás II de Rusia. “Eso fue muy emocionante. Y Matthew Vaughn es conocido como un director muy singular que siempre está haciendo algo interesante, así que parecía que el filme tenía buenas perspectivas”.

Un personaje tan excéntrico como Rasputín

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No hay duda de que uno de los personajes más llamativos de The King’s Man: La primera misión, si no el que más, es el Grigori Rasputín de Rhys Ifans. “Se le veía muy excéntrico”, admite el artista galés “Cuando miras a los demás actores que interpretan a los líderes de la Primera Guerra Mundial, todos tenían el mismo corte de pelo y vello facial de alguna manera. Pero Rasputín se ve diferente a todos ellos”. Y, puesto que “hay una gran cantidad de evidencia fotográfica” sobre él, “era importante obtener la apariencia correcta” para la película.

“Es un personaje que siempre ha sido misterioso y controvertido”, continúa Rhys Ifans, “pero, en este caso, en el universo de Kingsman, lo principal es que tiene una enorme presencia física. Es un bailarín y un luchador increíble y todo eso”. Por tal razón, había que asegurarse de que estaba en forma para las acrobacias y que “era perturbador, repulsivo y divertido; todas esas cosas. Y luego decidir, según lo que estaba escrito en las páginas, cuáles de esos elementos quería mostrar más” por que fuesen útiles en mayor medida para la historia”.

Un cineasta tan inspirador como Matthew Vaughn

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“Creo que lo que hace la película genuinamente en general es que nos permite reírnos de los tiranos”, apunta Rhys Ifans. “Y eso es importante poder hacerlo siempre”. Mejor si hay un buen cineasta al frente de una obra como The King’s Man: La primera misión. Porque Matthew Vaughn “tiene una comprensión buena de cómo funciona la cámara” y de qué forma “se traducen” sus grabaciones en lo que vemos después en la gran pantalla, opina el actor galés. “Es un verdadero director de cine” porque “lo tiene en la cabeza”.

“Es capaz de ver sus decisiones a medida que le surgen más, y esta es una habilidad increíble”, continúa Rhys Ifans. “Y es fantástico estar cerca de alguien que tiene una confianza cinematográfica y una gramática tan maravillosas. Siempre es muy inspirador estar rodeado de personas que confían en quien sugiere cosas que no entiendes del todo, y confiar en él también. Es un salto de fe estupendo; poder llegar a confiar así en el director es un verdadero lujo”. Como para someterse a las horas de maquillaje que necesitaba Tom Hollander a diario y divertirse igual que él.