Durante septiembre de 2018, Sony dio un paso clave que permitiría que la comunidad de PlayStation disfrutase títulos multijugador en compañía de los jugadores de Xbox y PC. El suceso, esperado por muchos durante tanto tiempo, se hizo realidad pese a los constantes pronunciamientos de la plataforma japonesa en contra del juego cruzado. Sony cedió a la presión mediática —y a la de Epic Games—, una presión que provenía de muchos frentes, incluso de sus propios usuarios.

Sin embargo, tres años después, el tema del crossplay ya no es tan alentador como lo era antes; sobre todo para los usuarios que juegan en consolas. ¿Qué está pasando?

Retrocedamos algunos meses atrás de tan importante decisión que tomaron los altos mandos de PlayStation. ¿Por qué se negaban a implementar el crossplay? Según sus líderes, primero intervenía un motivo comercial, pues era una propuesta que involucraba la participación de distintos actores —desarrolladores, editoras y fabricantes de consolas—. La segunda era porque Sony no quería perder el control de la seguridad que implica tener un servicio de juego en línea.

Jim Ryan, actual responsable de Sony Interactive Entertainment (PlayStation), explicó en 2017 por qué no tenían la intención de implementar el crossplay en Minecraft.

"Tenemos que ser conscientes de la responsabilidad con nuestra base instalada. Sabes tan bien como yo que a Minecraft juegan jugadores de todas las edades, sobre todo los más jóvenes. Tenemos un contrato con la gente que utiliza nuestros servicios online, cuidando de todo aquel que forme parte del universo PlayStation. Exponer a quienes en muchos casos son niños a influencias externas que no podemos controlar, es algo sobre lo que debemos pensar detenidamente."

Los hackers y tramposos provocan las malas miradas hacia el crossplay

Cuando PlayStation y Xbox habilitan el crossplay, no pueden controlar el comportamiento de los jugadores de otras plataformas. Curiosamente, esas "influencias externas" que mencionaba Ryan son las que se están saliendo de control en la actualidad.

Los hackers y tramposos se han convertido en un problema serio en varios juegos multijugador. Warzone, Destiny 2 e incluso Halo Infinite, que todavía se encuentra en fase beta, son los casos más sonados. No hay un solo día en que la comunidad no exprese sus quejas y preocupación al respecto, pues su experiencia se ha visto perjudicada por culpa de unas personas que no respetan el juego limpio. Estas, por cierto, provienen en su gran mayoría de PC.

Cada día resulta más evidente que muchos jugadores de consolas no quieren ser emparejados en partidas con los de ordenador. Y con esto no quiero decir que todos los usuarios de PC recurran a prácticas ilegales, porque no es así, pero no se puede negar que la raíz del problema, de momento, está en esta plataforma.

Con Halo Infinite está sucediendo algo preocupante tras la presencia confirmada de tramposos en PC. Si bien es posible deshabilitar el crossplay a través de la configuración de privacidad de una consola Xbox, el tiempo para encontrar partida aumenta considerablemente. Esto ha provocado que algunos jugadores de Xbox exijan a 343 Industries y Microsoft tomar cartas en el asunto para resolverlo. No quieren encontrarse con usuarios de PC, pero tampoco perder tiempo en el matchmaking.

Entonces, al mirar hacia el pasado, es cuando se entiende una parte de la negativa de PlayStation para abrazar el crossplay. Se pierde el control y quienes sufren las consecuencias del desorden son los jugadores. Pasamos de exigir el juego cruzado a desactivarlo de forma voluntaria, lo cual es desafortunado para una característica cuyo propósito siempre fue unir a las comunidades.

Tanto PlayStation como Xbox, cuando se trata de juegos multijugador de terceros, deben tener la esperanza en que los desarrolladores lograrán implementar un robusto sistema anti-trampa. Tan importantes se han vuelto estas "soluciones" que sus responsables las promocionan como una gran novedad —Ricochet de Warzone es un ejemplo—; cuando en realidad debería ser una característica predeterminada de lo más común.