Noche de fuego es una película de Netflix que ha sido una de las grandes sorpresas del año. No se trata solo de la manera en que la directora logra plasmar la violencia de México. También de la habilidad cinematográfica de la directora para mostrar una serie de temas incómodos y dolorosos. 

El film, que se ha convertido en uno de los más vistos en Netflix, es también un punto de vista poderoso acerca del miedo. Pero, además, el argumento abarca tópicos más sutiles como la desesperanza, el desarraigo y la exclusión.

Con medios limitados pero un profundo conocimiento sobre el cine como medio expresivo, Noche de fuego demuestra que se puede hacer mucho con muy poco. También que el terror no solo se concentra en sofisticados monstruos o historias enrevesadas. En el caso de Noche de Fuego, los miedos pueden venir de la vida cotidiana. Quizá los peores y más salvajes que uno se pueda encontrar.

Premios, inteligencia e ingenio creativo 

Noche de fuego recibió una mención honorífica en el Festival de Cannes y tres premios en San Sebastián, incluyendo el de mejor película latinoamericana. Por si eso no fuera suficiente, también fue reconocida por el Premio del Jurado en Pingyao, China. El revuelo alrededor del film de Huezo demuestra la efectividad del lenguaje cinematográfico bien utilizado incluso con recursos discretos.

El film está basado en el libro Ladydi de Jennifer Clement, publicado en el 2014. Para su adaptación al cine, Huezo resumió la historia del grupo de mujeres que sufren el acoso del narcotráfico en las montañas mexicanas. En lugar de la mirada global de una población eminentemente femenina bajo riesgo, llevó la perspectiva a la experiencia de tres niñas. La decisión de guion logró crear la misma sensación de terror claustrofóbico de su versión en papel. 

Se trató de una estrategia de filmación audaz que brindó a Noche de fuego un enorme poder narrativo. Pero para lograr el efecto de una mirada íntima a un tema tan amplio como la violencia en Latinoamérica, la producción necesitaba las actrices correctas. Más de 800 niñas y adolescentes de las zonas rurales de México (la mayoría sin ninguna experiencia cinematográfica) se presentaron para los papeles de Noche de fuego. La directora y la producción apostaron por el naturalismo en lugar de la experiencia. La intención era brindar un rasgo de absoluta sinceridad al punto de vista sobre la violencia y los estragos que ocasiona. 

Por otro lado, Huezo llevó el escenario de la novela (que se ubica en el estado de Guerrero) a Sierra Gorda de Querétaro. El traslado permitió a la directora explorar en las posibilidades de la fotografía y el diálogo de símbolos visuales en Noche de fuego.

'Noche de fuego', un experimento afortunado 

Netflix

Finalmente, después de encontrar a sus intérpretes, Huezo dio prioridad a la forma de analizar a las mujeres centro de la historia. Y en una decisión que le ha valido aplausos y reconocimiento, construyó personales tridimensionales y complejos. Ninguna de las mujeres de Noche de fuego es una víctima. En realidad, los personajes son reflejos de una situación y sobreviven a ella con inteligencia. Un punto de vista que resalta en una película que, en esencia, analiza la tragedia.

Con un equipo de producción que trabajó en Roma del director Alfonso Cuarón, Noche de fuego es una brillante mirada a un tema duro. Además, es un testimonio de cómo el cine puede narrar historias poderosas incluso, sin todos los recursos a su disposición. Algo que Tatiana Huezo lleva a una nueva perspectiva en el film.