En un año en que se adaptó Fundación de Isaac Asimov y Dune de Frank Herbert, The Expanse demostró su valor en un aspecto distinto. No solo se trata de una serie que evade puntos comunes de la ciencia ficción. En realidad, tiene toda intención de recrear una atmósfera en la que lo humano, lo tecnológico y lo emocional tienen la misma importancia. 

No se trata de algo sencillo, pero The Expanse lo ha hecho de forma brillante. La serie creó un lenguaje, un equilibrio y una mirada a la complejidad de su historia que es algo más un experimento afortunado. De la política a las relaciones del poder. Del miedo a la reconstrucción de las relaciones humanas y su relación con un futuro pesimista. The Expanse es una combinación inteligente que elevó las series de ciencia ficción a un nuevo y emocionante nivel. 

Por supuesto, volver a bordo de Rocinante junto con James (Steven Strait), Naomi (Dominique Tipper) y Amos (Wes Chatham) es un recorrido por una historia compleja. Pero la sexta temporada, que cierra un ciclo extraordinario que incluyó una cancelación temprana y el regreso por insistencia de los fanáticos, es también una posibilidad. The Expanse no es un solo un grupo de personajes enfrentados a situaciones formidables y cada vez más complejas. En realidad es un escenario que podría expandirse en todas direcciones a partir de ahora. 

¿Es posible que The Expanse pudiera ser el comienzo de algo más? Pudiera ser que sí, en especial cuando la serie demostró sus posibilidades a cada capítulo. 

Líneas abiertas y la búsqueda del significado 

La última temporada comienza en el mismo punto del final de la anterior, con el Sistema Solar en guerra y la Tierra destruida. La Armada Libre finalmente logró llevar adelante su plan de bombardear con asteroides y provocar un cataclismo mortal. 

La Tierra y Marte intentan combinar fuerzas para vencer la amenaza. Por otro lado, los habitantes de El Cinturón acaban de comprender que hay posibilidades defensa. Con un escenario semejante, The Expanse hace un intenso y formidable recorrido por seis capítulos, en el que la coalición de fuerzas cambiará y a la vez, se hará más compleja.

Pero solo son seis capítulos, la gran pregunta es: ¿puede la serie cerrar una historia semejante de manera satisfactoria? En realidad, lo hace gracias a una inteligente visión sobre su propio contexto. The Expanse es algo más que un conflicto. Es la Tierra, Marte, El Cinturón y todos los conflictos que acaecen entre ellos. 

Y aunque la Guerra sigue siendo el núcleo de esta despedida, también lo son sus personajes. Nunca The Expanse fue tan generosa para hacerlos crecer como para brindarles sostén emocional y argumental. Eso repercutió de inmediato en la idea de que la Guerra (como conflicto), es un escenario común, en el pasado y en el presente. Que no importa si se trata del futuro distante, en el espacio o en otro planeta. Las heridas y el dolor está ahí. La capacidad para explorar ideas tan sustanciosas a través de la ciencia ficción, también.

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De modo, que The Expanse deja abierta la posibilidad que este escenario perdurable no se limite sólo a la despedida. Como es sabido, la serie de libros The Expanse de James S.A. Corey (seudónimo de los autores Daniel Abraham y Ty Franck) abarca nueve novelas. La última temporada adapta la historia del número seis — Cenizas de Babilonia — que tiene el sentido de un final convincente pero no definitivo.

Para el libro siete, la historia adelanta 30 años en el futuro. Y con el final abierto de la temporada — y el hecho, que la historia sea todavía relevante — las posibilidades están abiertas. Tal vez, The Expanse tenga mucho más que decir de lo que podríamos esperar, lo que sin duda, es una buena noticia.