The Expanse de Amazon Prime, la adaptación de la saga literaria de Daniel Abraham y Ty Franck, llegó a la televisión en el año 2015. Le precedía un considerable éxito literario y el interés acerca de una historia que analizó la ciencia ficción desde un ángulo novedoso. En esta ocasión, el habitual viaje al espacio y la exploración de la última frontera se entremezclaban con una poderosa idea política. Pero, además, también con un ingrediente humano de considerable interés. A mitad de camino entre el género en estado puro y algo más elegante, vinculado con la idea del poder y la manipulación cultural.

La serie se convirtió en una desconcertante mirada a cada uno de esos temas. Además, en un cuidadoso análisis sobre el tiempo, la ambición social y la codicia colectiva. Pocas series de ciencia ficción se han tomado el tiempo, interés y el trabajo de hacer un recorrido por tópicos semejantes. The Expanse lo hace: encuentra la manera de narrar a través del inteligente uso de recursos alegóricos varias capas de historias superpuestas. Mientras el entorno tecnológico y espacial brilla, lo que sostuvo a The Expanse como triunfo argumental, fue su profundidad tramposa. Una que logró reelaborar la habitual visión sobre el recorrido hacia nuevos lugares y descubrimientos deslumbrantes.


Desde su comienzo en el canal SyFy hasta su rescate milagroso por parte de Amazon , la serie evolucionó y maduró. A lo largo de seis temporadas, la trama se extendió en direcciones distintas hasta abarcar un argumento nuevo. Para su despedida, The Expanse, convertida en serie de culto y con un guion preciso y brillante, encuentra nuevos espacios. En especial, una vez que el riesgo de destrucción masiva es una realidad y el gobierno de la Tierra debe lidiar con sus consecuencias.

The Expanse: una mirada a los nuevos retos

Al final de la temporada anterior, The Expanse mostraba los estragos causados por Marcos Inaros (Keon Alexander) en la Tierra. Para los nuevos capítulos, la historia está interesada en el día después. Hay una magistral concepción sobre el desastre, el infortunio y el horror, que el argumento plantea desde una desolación angustiosa. The Expanse no ha perdido su cualidad equilibrada y bien construida para narrar situaciones que evaden explicaciones sencillas.

Si las anteriores temporadas narraron una guerra espacial a un nivel político y diplomático deslumbrante, la derrota tiene tintes apocalípticos. Pero el guion se aleja de la tentación de mostrar el miedo y la devastación con códigos comunes. En su lugar decide reconstruir la idea sobre el terror en masa para asumir la idea del caos desde lo esencial.

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¿Qué puede hacer un gobierno en medio de una debacle que le sobrepasa? The Expanse, que hasta ahora ha tenido un pulso directo y brillante para la concepción de los matices morales, encuentra una imagen terrorífica. La gran tragedia acaeció y en medio de los horrores el poder debe unificarse, reconstruirse, sostenerse y avanzar.

En medio de la lucha contra la caída definitiva de la vida tal y como se la conoce, la serie juega sus mejores cartas. Para el primer capítulo, es evidente que la temporada final de The Expanse celebra los puntos extraordinarios de su conjunto. Y lo hace con la convicción que la historia - que asombró a los televidentes y desconcertó a la crítica - necesita un cierre a la altura. Algo que, sin duda, comienza a delinear.