La onda expansiva de la crisis de suministros está empezando a cebarse con las grandes tecnológicas alejadas del hardware. Si el problema de los envíos desde China y la escasez de chips ya se estaba cebando con Apple, Samsung o las PlayStations de Sony, ahora llega la falta de mano de obra para estas compañías. Es el caso concreto de Uber, se enfrenta a un reto en Reino Unido.

De aquí a Navidades, la compañía de transporte necesita de casi 20.000 conductores para su plataforma. Es tal la crisis que sufre la compañía, que el propio CEO Dara Khosrowshahi ha hecho un viaje express a Londres con el objetivo de animar la situación en un país que, hasta hace no mucho, era el mayor bastión de la compañía en Europa (continental al menos). También se ha reunido con el alcalde de la capital británica, Sadiq Khan, para contar con el apoyo gubernamental en el panorama que se le presenta a la tecnológica. Porque pese al bloqueo de su actividad por parte de la administración de transportes de Londres del pasado, la región sigue siendo de vital importancia para su negocio.

"Te necesitamos, díselo a tus amigos", decía el directivo intentando animar a los nuevos empleados. No está claro si las palabras de ánimo harán su efecto sobre un sector altamente desanimado. Khosrowshahi necesita que Uber se mantenga en el país y para ello está animando al mercado a golpe de talonario. Si en Estados Unidos se anunciaba un estímulo de 200 millones de dólares para animar a los nuevos conductores a trabajar para la compañía –estiman que esto ha aumentado en un 20% las cifras de profesionales–, en Reino Unido el cambio viene por las tarifas. El directivo anunciaba un aumento del salario de los conductores en Reino Unido de un 10%, un precio con el que quieren estimular la migración de los trabajadores a su plataforma. Ahora mismo con muchos inactivos o trabajando para las otras divisiones de la compañía (Uber Eats) con más actividad y rentabilidad, por el momento.

Un problema con muchos orígenes fuera del control de Uber

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Precisamente el problema de los salarios es una de las constantes dentro de la compañía en todas las geografías. Antes de la pandemia, el sector de los conductores ya pugnaba por un aumento de las tarifas a percibir; tras la pandemia la situación se ha recrudecido. También por la seguridad laboral. Un tema que ya vivió Londres hace unos meses y que también se pudo ver en California con el proyecto –fallido– de obligar a las plataformas a contratar a todos sus conductores.

Por otro lado, para muchos trabajadores de la plataforma no salía rentable salir a trabajar durante los meses más complicados del virus. Poco trabajo, poco sueldo, muchos gastos y mucho riego. Ahora, prácticamente la totalidad de los servicios de transporte de plataformas ha subido los precios para paliar el desastre. Había que recuperarse de un 2020 que supuso un duro golpe a sus cuentas: los conductores, sin embargo, no vieron el reflejo en sus cuentas.

Si a esto le sumamos la situación internacional de suministros, el problema de Uber aumenta. En un mantenimiento de los salarios –pese a la subida de tarifas–, pero con un incremento de los combustibles y los precios generales como consecuencia, las cuentas no salen para muchos de los profesionales de la plataforma. Los costes de operación empiezan a ser complicados de rentabilizar en unos vehículos que, pese a todo, siguen necesitando de una gasolina –a veces también afectada por una cuestión de suministros– con un precio al alza.

En el caso de Reino Unido añadimos el factor Brexit, el mismo que mantiene al sector del transporte de mercancías en un brete desde hace unos meses con la ausencia de mano de obra. Un sector complejo, y también poco agradecido como es el del transporte, ha perdido refuerzos en un país que ha cerrado fronteras con la Unión Europea.

Uber es, de nuevo, víctima de una crisis coyuntural de gran escala. Una que no solo afecta al país británico. Los precios de luz y combustible también son una constante al sur de Europa. Según las cifras de Uber en España, la compañía ya ha vuelto a niveles prepademia en lo que a actividad se refiere; con un sistema de VTC y subcontratas de compañías propietarias de las licencias, el sistema funciona de una forma completamente diferente. Habrá que ver la lucha por la parte de los precios de explotación en una más que segura escalada de los precios.

Los clientes y el precio, un problema pos pandemia

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El precio de Uber en Estados Unidos y Reino Unido ha subido, en eso la compañía no ha ocultado sus intenciones. Ante un aumento de los costes, serán los clientes lo que tengan que asumir la diferencia. En España, este efecto ha podido verse en el incremento de los precios en los servicios delivery. Era una de las consecuencias que, ya avisaron, tendría la implantación de la Ley Rider. A repartidores más caros, precios de servicio más caro que será costeado por el usuario.

Se cumple, por tanto, una letanía que veía resonando desde hace tiempo: ¿hasta cuándo se podrían mantener los precios a la baja por parte de muchas de estas compañías? La barrea del precio ha sido una de las formas de entrada y captación de usuarios de la nueva economía: Uber o Cabify en el transporte, Netflix, Disney+ o HBO Max en el streaming y Spotify en la música. Los precios de taxi y VTC, de hecho, se están equiparando en muchas de las regiones donde operan ambas opciones. Un punto que se cumple cuando las cuestiones laborales y regulatorias entran a formar parte de la ecuación y el terreno ya está ganado y listo para poner precios rentables para la compañía.