Un 40% de los niños estadounidenses cree que los perritos calientes tienen un origen vegetal. Esta es la conclusión de un estudio que acaba de publicarse en Journal of Environmental Psychology, de la mano de científicos de la Universidad Furman, en Greenville. 

En el estudio participaron solo 176 niños, por lo que deberíamos tomar el dato con cautela. Sin embargo, incluso con una muestra tan pequeña de participantes, la información que se extrae de esta investigación es digna de analizar. Por un lado, porque incluso con esa cifra tan reducida de niños es un porcentaje preocupante. Por otro, porque nos puede dar información sobre la educación nutricional que reciben los niños a edades tempranas y, con ello, orientar una nueva forma de informarles.

De hecho, los autores del estudio consideran que abrirles los ojos sobre la procedencia real de la carne puede ayudar a dirigir sus hábitos alimenticios futuros hacia una dieta más rica en vegetales. 

Pero no será una orientación sencilla, pues los perritos calientes no son el único alimento al que han señalado erróneamente un origen vegetal. También ha ocurrido con otras carnes, como el bacon, o con productos lácteos como el queso.

El supuesto origen vegetal de los perritos calientes

En el estudio participaron 176 niños con edades comprendidas entre los 4 y los 7 años. Todos ellos tuvieron que responder las preguntas emitidas por un grupo de psicólogos sobre el origen de algunos alimentos de consumo frecuente.

Se mencionaron los perritos calientes, el bacon y el queso, pero también las palomitas, las hamburguesas, las patatas fritas o las almendras, entre otros.

La mayoría pensaban que las vacas, los cerdos o los pollos no se pueden comer

Debían señalar cuáles consideraban que tenían un origen vegetal y cuáles procedían de animales. Y hubo errores en ambas direcciones. Por ejemplo, un 40% dijo que los perritos calientes tenían origen vegetal. Algo que también se consideró sobre el bacon en un 44% de los casos. No obstante, cuando se les preguntó por las patatas fritas, un 47% dijo que provenían de animales.

Y lo más curioso es que al hablarles sobre cerdos, vacas y pollos el 73%, el 77% y el 65% respectivamente pensaron que esos animales no podían comerse. Los veían casi más como mascotas que como carne de la que alimentarse. 

Hay que cambiar la formación nutricional de los niños

En su estudio, estos científicos inciden en la importancia de dirigir poco a poco la dieta de la población a una alimentación más rica en plantas, con el fin de combatir el cambio climático.

Una alimentación más rica en plantas ayudaría a combatir el cambio climático

Por eso, lejos de escandalizarse con estos resultados, los ven como una oportunidad que debería aprovecharse. Consideran que posiblemente los padres de esos niños, sin ninguna mala intención, simplemente por evitar situaciones incómodas, les han dejado creer que el bacon o los perritos calientes no provienen de esos animalitos que tanto les gustan.

Sin embargo, si se les explicara sin tapujos todo eso, quizás, poco a poco se verían más interesados en comer alimentos que realmente sean de origen vegetal. Lo explican claramente en el estudio. “La infancia puede representar una ventana de oportunidad única en la cual las dietas basadas en plantas de por vida se pueden establecer más fácilmente en comparación con más adelante en la vida”.

Podría decirse que los niños son esponjas, también en lo que a una dieta vegetariana se refiere. “Dada la propensión de los niños a proteger a los animales del daño, pueden gravitar naturalmente hacia los alimentos de origen vegetal si tienen acceso a ellos. De hecho, hay evidencia de que los niños entre las edades de 6 a 10 años pueden optar por una dieta vegetariana por motivos morales. Incluso cuando sus familias consumen carne”. No se trata de adoctrinamientos ni obligaciones, por supuesto. Simplemente, estos psicólogos creen que si se les cuentan las cosas tal y como son podría ser que ellos mismos decidan optar por una dieta, si no vegetariana, al menos más rica en plantas.

Sea como sea, lo que está claro es que se debe tratar a los niños como los seres humanos que son. Está bien que queramos protegerles y evitarles el sufrimiento de saber que muchos de los alimentos que comen proceden de animales. Sin embargo, tienen derecho a saberlo. Y, una vez que lo tengan claro, con el tiempo ellos verán qué quieren comer

Pero, para terminar, es importante volver a remarcar que en este estudio han participado pocos niños. Y también que solo se ha realizado en Estados Unidos. No puede considerarse una muestra representativa del país norteamericano, y mucho menos del mundo entero. Eso sí, por si acaso, asegúrate de que tus hijos saben lo que comen.