No exagero cuando digo que los MacBook Pro —y tiempo atrás, los PowerBooks— han sido la herramienta más importante de mi vida. Salvo contadas excepciones, he pasado por todas sus generaciones. Desde los PowerBooks G3 que aún tenían el logo de colores de Apple, pasando por los PowerBooks G4 de 12 pulgadas, y llegando hasta el que fue uno de mis diseños favoritos: la segunda generación del MacBook Pro, con diseño unibody.

Ahora, tras la generación caracterizada por la Touch Bar, el cambio de teclado y el énfasis en hacer el MacBook Pro mucho más delgado —con las decenas de críticas que ha recibido a lo largo de los últimos cinco años—, se ha lanzado la quinta generación del portátil más avanzado de Apple.

Esta nueva etapa arranca con nuevas pantallas –14 y 16 pulgadas con tecnología HDR y actualización dinámica hasta 120 Hz–, un nuevo teclado con mecanismo de tijera y el regreso del MagSafe, el puerto HDMI y el lector de tarjetas SD. Pero, sobre todo, lo que llama la atención de estos nuevos equipos son los dos nuevos procesadores diseñados por Apple: M1 Pro y M1 Max.

En mi vida profesional me ha tocado hacer de todo un poco. Temas administrativos en Hipertextual, escribir, editar fotos, diseño web, algo de programación... ¡incluso configurar y poner en marcha una infraestructura de servidores para nuevos proyectos!

En los últimos años, además, he empezado a trabajar en temas de vídeo para mi canal de YouTube y el de Hipertextual. Una tarea que siempre ha sido el gran reto —a nivel de desempeño— para las versiones anteriores del MacBook Pro. Salvo que trabajases con el modelo de 16 pulgadas con un procesador Core i7 o Core i9, editar vídeo en 4K a 10-bits era terrible. Ha sido la única actividad profesional en la que he tenido que buscar alternativas a la hora de elegir una herramienta de trabajo.

El procesador M1, por suerte, inauguró un nuevo capítulo en el que Apple puede innovar fabricando sus propios procesadores para los Mac. Un paso que me devolvió la esperanza de volver a hacerlo todo en mi día a día desde un portátil de la compañía.

Y tenía razón. Lo que Apple ha conseguido con los M1 Pro y M1 Max no tiene nombre. No solo supera las expectativas, las destruye. Es difícil no usar adjetivos como “increíble” o “absolutamente sorprendente” cuando se habla de estas máquinas. Y, aunque podríamos acabar aquí la reseña o quedarnos simplemente con el hecho de que vuelve el puerto HDMI, el lector SD o el puerto MagSafe para cargarlo, lo interesante está en otras cosas mucho más profundas que tendrán un impacto muy positivo en la vida profesional de millones de personas.

M1 Pro y M1 Max: bestias infernales de desempeño salvaje que cuidan la batería como dóciles cachorros a los que quieres abrazar

Definir a los M1 Pro y M1 Max es bastante fácil: son unas bestias con las que resulta difícil conmensurar lo que son capaces de hacer y la manera en que exprimen cada vatio de energía disponible.

Los M1 Pro y M1 Max son tan potentes que simplemente no se entiende cómo es posible que usen tan poca energía. En mi poder tengo un equipo que es capaz de editar vídeo en 4K a 10 bits de profundidad de color, en un software que aún no está del todo optimizado para estos procesadores (Premiere Pro) y en máxima calidad. Algo que nunca había sido capaz de hacer, ni siquiera con un Core i9 de Intel.

En aplicaciones optimizadas para los M1 Pro y M1 Max, la cosa se pone aún más interesante: Final Cut Pro te permite editar vídeo a máxima calidad, en resolución 8K y en formato ProRes 422. Esto, en parte, tiene que ver con un motor específico para este tipo de contenidos, que está presente en los M1 Pro y M1 Max, y que viene bien para ciertas actividades profesionales.

Davinci Resolve, también optimizado, asegura que ha visto incrementos de velocidad de hasta un 500% con el procesador M1 Pro o M1 Max.

No todo el mundo es editor de vídeo, pero este tipo de tareas son una buena medida de lo que los procesadores son capaces de hacer. No obstante, en la unidad de análisis que me envió Apple viene un proyecto de Logic Pro con cientos de pistas de audio en alta calidad, mezclado en Dolby Atmos, que puedo manipular en tiempo real sin una pizca de retraso.

De momento, aún no he encontrado con una sola actividad en la cual sienta que el portátil empieza a enfrentarse a sus límites. Ni una. Da igual lo que le tire: renders en Premiere Pro, con Chrome abierto y decenas de pestañas abiertas, mientras editas en Photoshop y Slack funciona a toda velocidad mostrando mensajes de dos grupos de trabajo distintos.

El MacBook Pro se reía en secreto mientras hacía el render sin problema. De hecho, lo hizo en el mismo tiempo que me toma en un equipo de escritorio con un Intel Core i9 tope de gama y 32 GB de RAM. Absolutamente descomunal.

En pruebas de rendimiento sintéticas como Geekbench, no hay forma de igualarlas. Aquí algunas comparaciones con otros equipos de alta gama de precios similares, o el último MacBook Pro de 16 pulgadas con procesador Intel:

Los resultados de pruebas con PugetBench para Premiere Pro confirman también algunas de mis impresiones usando la aplicación de edición de vídeo en el MacBook Pro M1 Pro con el que escribo esta reseña. También pueden ver algunas impresiones iniciales sobre el tema en el unboxing que hicimos en vídeo.

En definitiva: cargo en mi mochila una herramienta de trabajo tan potente que es capaz de funcionar al mismo nivel, e incluso superior, a un equipo de escritorio de alto rendimiento. No se cómo explicar cómo cambia la vida de tantas personas el poder hacer cosas que requieren de mucha potencia, como editar y hacer render de un vídeo, en cualquier lugar, sin tener que sentarse en un escritorio.

El incremento descomunal de potencia del MacBook Pro M1 Pro o M1 Max significa, además, que puedo hacer muchísimas más cosas en significativamente menos tiempo. Ahora, simplemente, no tengo que esperar a nada. Todo sucede inmediatamente.

Lo que me parece más notable aún es que esta sensación la tengo en software que aún no está del todo optimizado para el M1 Pro y M1 Max. Es natural que las aplicaciones de Apple estén más que optimizadas. Por ejemplo: Final Cut Pro X es capaz de exportar el mismo proyecto en prácticamente la mitad de tiempo que Premiere Pro.

Adobe no es tan rápida en mejorar sus aplicaciones, pero estoy seguro de que en unos meses veremos incrementos significativos en el desempeño de aplicaciones profesionales como Photoshop, Premiere Pro o After Effects sobre procesadores M1 Pro o M1 Max.

Lo mismo con otras soluciones de trabajo complejo que irán mejorando con el tiempo a medida que más personas obtengan estos equipos y que los desarrolladores detrás de estas compañías vayan descubriendo las formas de sacarle cada vez más jugo a los procesadores.

Batería

Pero lo que me voló la cabeza es que puedo hacer todo lo descrito antes con autonomías que nunca jamás había visto en un equipo portátil. De cualquier marca o de cualquier tipo.

El MacBook Pro M1 Pro de 14 pulgadas que he probado me permite hacer prácticamente cualquier cosa —a excepción de un render— sin tener que pasar por el cargador entre 9 y 12 horas. He dejado de cargar el portátil un viernes, he revisado un vídeo en Premiere Pro, he escrito esta reseña, he contestado emails, he mirado vídeos en YouTube, he navegado sin parar en Chrome, he tenido Slack abierto en todo momento y, dos días más tarde, aún tenía un 38% de batería disponible para seguir.

Oficialmente, Apple asegura que el modelo de 14 pulgadas con procesador M1 Pro ofrece hasta 17 horas de autonomía si se dedica únicamente a la reproducción de vídeo. Eso sí, con algunas particularidades: el vídeo debe haber sido previamente descargado y su reproducción ha de ser con la aplicación de Apple TV+.

Incluso cuando no se cumplen esas 17 horas máximas de autonomía, estas son cifras significativamente mayores que las del MacBook Pro de 13 pulgadas con procesador Intel que usaba antes, con el cual obtenía unas 3 horas reales de trabajo.

Diría que parte de la elección entre el modelo de 16 pulgadas o 14 pulgadas u optar entre procesador M1 Pro y M1 Max, radica en la autonomía que necesitas y el tipo de trabajo que requieres con estas máquinas.

Los procesadores M1 Max tienen el doble de núcleos de GPU que el M1 Pro, por lo que necesitan más energía aún cuando no estén en uso. Por otro lado, el modelo de 16 pulgadas tiene más autonomía porque, simplemente, tiene una batería más grande. Antes de elegir entre un modelo u otro, pondría sobre la balanza dos cosas:

  1. ¿Te puedes permitir sacrificar portabilidad a cambio de más autonomía?
  2. ¿Realmente usas aplicaciones que requieren más núcleos de GPU o más RAM? Lo digo porque ambos, M1 Pro y M1 Max, tienen los mismos núcleos de CPU. Pero para optar por los 64 GB de RAM o tener una GPU más potente, deberás elegir el M1 Max, sí o sí.

Si no te importa perder unas horas de autonomía pero tener en la mochila un equipo que no te rompe la espalda por el peso, iría por el modelo de 14 pulgadas. Prácticamente no se siente la diferencia con un MacBook Pro de 13 pulgadas (M1 o Intel).

Y si no usarás aplicaciones de edición de vídeo o herramientas de trabajo donde la GPU es fundamental, el procesador M1 Pro es mucho más que suficiente. Además, obtienes unas horas extra de autonomía.

Una pantalla a la altura de los nuevos MacBook Pro

La pantalla es otro de los cambios físicos más importantes de esta nueva generación del MacBook Pro. No solo es un poquito más grande con bordes más delgados, es XDR.

Este es el término que Apple usa para referirse a las pantallas con una serie de características técnicas importantes:

  • Hasta 1.000 nits de brillo sostenido, a pantalla completa.
  • 1.600 nits de brillo máximo en contenido HDR.
  • Contraste de 1.000.000:1.

Además, soporta millones de colores en gama cromática amplia (P3) y tiene tecnología True Tone. Esta cambia el tono basado en la iluminación del entorno. Es útil para prácticamente cualquier tipo de trabajo, salvo la edición de vídeo, donde quieres mantener el tono más neutral posible.

Además de todo lo anterior, es una pantalla ProMotion, igualando al iPhone 13 Pro y el iPad Pro, que también la tienen. La tecnología permite que la tasa de refresco cambie de forma dinámica, adaptándose al contenido que estás mirando o con la interfaz gráfica.

Por ejemplo: si estás mirando una foto, que no tiene movimiento, la tasa de actualización de la pantalla se reduce a 10 veces por segundo. Si ves una película a pantalla completa, se actualizará entre 24 a 30 veces por segundo. Si haces scroll o movimientos más rápidos, aumentará hasta 120 veces por segundo.

Eso hace que toda la interfaz gráfica se sienta “más fluida”. Además, aumenta la autonomía del equipo, puesto que reduce el uso de energía dependiendo de los contenidos o lo que estés haciendo con el equipo.

La pantalla, además, es Mini LED, por lo que los negros son totalmente negros, como una pantalla OLED, y no un gris muy oscuro como en una pantalla LED tradicional. Gracias a esto tienes mucho más contraste.

En cuanto al brillo máximo de la pantalla, debo hacer algunas aclaraciones importantes. Sí, es capaz de llegar hasta los 1600 nits o 1000 nits sostenidos, pero en la mayoría de los casos, el brillo máximo ronda los 500 nits.

Si tienes un iPhone o un iPad nuevo, sabes cómo funciona. Al abrir una foto o un vídeo, verás como el brillo aumenta. Si abres un vídeo en HDR, lo mismo. Todo lo demás, todo lo que esté en SDR, se verá a 500 nits.

Lo bueno de este sistema, es que, al igual que iOS en el iPhone, el aumento del brillo va a nivel sistema y funciona con cualquier aplicación o cualquier página web, ya sea con vídeo o fotos. Da igual si es Netflix, YouTube o la app de Fotos.

Y sí, la pantalla tiene un notch.

Si la discusión de la presencia del notch en el iPhone era ridícula, en el MacBook Pro es desconcertante. No es un problema. Pueden quedarse tranquilos.

Apple ha hecho la pantalla un poco más alta para acomodar la barra de menús y el notch, donde está la webcam. Y por cierto, esta tiene una calidad muchísimo mayor a anteriores generaciones del portátil e incluso que mucha de su competencia. Ahí acaba la discusión que nunca debió serlo.

El teclado vuelve a ser glorioso

Apple entró en una dinámica bastante compleja con una buena parte de su base de usuarios cuando decidieron cambiar el mecanismo de sus teclados. Del “tradicional” de tijera pasaron al de mariposa y así arrancaron casi seis años que solo pueden calificarse como una relación tóxica que fue de mal en peor.

Las primeras experiencias llegaron con el MacBook de 12 pulgadas, en el que las teclas prácticamente no tenían recorrido. Era una sensación extraña que terminó en drama con la introducción del MacBook Pro con Touch Bar y su teclado, que falla tanto que a día de hoy sigue activo el programa de cambio del componente sin costo alguno.

Apple siguió hacia adelante y continuaron mejorando el sistema de mariposa de sus portátiles. Y sí, fallaban menos, pero seguían fallando. Al final, terminaron arrinconados en una esquina sin forma de retroceder. Pero, si seguían hacia adelante, la cosa se pondría peor.

El tema del teclado, en mi caso, ha sido una verdadera pesadilla. A mi MacBook Pro 13” de 2018 le falló y nunca pudieron resolverlo por completo. Lo cambiaron por un modelo de 2019 en el que también falla.

Por suerte, el nuevo teclado del MacBook Pro es todo lo bueno que tenían los teclados de Apple antes del cambio al mecanismo de mariposa. Tiene el recorrido suficiente, es agradable al escribir y, finalmente, se comporta como debería.

Además, han dejado atrás el peor invento después del teclado de mariposa: la Touch Bar. Esa pieza horizontal que reemplazaba las teclas F y complicaba cosas tan simples como el subir o bajar el volumen.

En Apple, por algún extraño motivo, odian la tecla ESC. Durante un buen número de años la pusieron en la Touch Bar y los teclados del iPad siguen sin incorporarla. Es absolutamente ridículo.

Pero en el nuevo MacBook Pro han escuchado las plegarias de millones de personas y está presente, de forma física, y además es grande. ¿De verdad nos alegramos porque la tecla ESC está y es más grande? Sí, Apple nos quitó muchas cosas cuando intentaron reinventar la rueda.

El retorno de los puertos

Otra de las cosas que volvieron son los puertos. Para mí, el vivir con adaptadores no suponía un problema. De hecho, de cierta forma, lo agradecía. Cargaba en mi mochila con uno de esos dongles USB-C multipuertos que permitían conectarle desde un cable HDMI, hasta un Ethernet y que además era lector de tarjetas SD.

Lo que siempre me molestó perder fue el puerto MagSafe, que fue un tanto desconcertante. Ha sido un gran invento, no solo por la seguridad que te da el saber que si alguien tira del cable de corriente (o se tropieza con el), el portátil no saldrá volando de la mesa. También te indica perfectamente si el equipo está cargando o no.

Ahora, el cable MagSafe es USB-C por el otro lado, por lo que puede usarse con cualquier adaptador de corriente con un voltaje suficiente. Sea o no sea de Apple. Bienvenido sea.

También se pueden usar los puertos USB-C para cargar. Es lo que he hecho estos días que llego a casa. Conecto el MacBook Pro a un hub Razer Thunderbolt que tiene un adaptador de 135 W y al que está conectado un monitor externo y otros periféricos.

Se agradece la conveniencia. Pero aquí hay un poco de complejidad. En los MacBook Pro de 14 pulgadas se puede hacer carga rápida incluso a través de los puertos USB-C, siempre que estén conectados a un cargador de 100 W. Pero, en el caso del MacBook Pro de 16 pulgadas, esta solo se puede hacer con el puerto MagSafe y un adaptador de 140 W o más.

También vuelve un puerto HDMI, aunque es 2.0 y no es 2.1. Aparentemente es un tema de falta de estándares para 8K, pero creo que la realidad tiene más que ver con la escasez de semiconductores que vivimos en 2021. Y no, no tengo prueba alguna de lo que acabo de escribir. Es mejor tomarlo como una opinión.

También vuelve el lector de tarjetas SD, pero es UHS-II, no es UHS-III o SD Express. En la mayoría de casos es suficiente, pero tal vez en unos años se nos quede corto en cuanto a tasa de transferencia.

La vuelta a un MacBook Pro con más puertos, junto con el grosor general del dispositivo (que es mayor), es casi una declaración de intenciones de lo que Apple pretende conseguir con este producto. Atrás queda —al menos de cara a la línea profesional de productos— la forma antes que la función.

Steve Jobs dijo durante una entrevista que en el futuro los portátiles serán como los camiones (vehículos de trabajo). Mientras que los smartphones serían como los coches, que usamos para vivir experiencias, no solo para trabajar. En aquel momento, en el que el iPhone apenas tenía un par de años y era minoritario, nos pareció exagerado.

Pero era real. El nuevo MacBook Pro, con todos sus puertos de regreso, con su mayor grosor y su nuevo diseño más ¿tosco? que la generación anterior, es el mejor testamento de las palabras de Jobs. Esto ha sido concebido 100% como una herramienta de trabajo. No cabe duda. Para aquellos que buscan algo mucho más ligero, donde la potencia no es lo primordial, el MacBook Air M1 o MacBook Pro M1 de 13” son mejores opciones.

El MacBook Pro M1 Pro/M1 Max es el mejor portátil de trabajo que puedes comprar

No cabe duda, los nuevos MacBook Pro de 14 y 16 pulgadas son los mejores portátiles de trabajo que se han hecho. Además tienen una autonomía descomunal. Es una combinación difícil de superar que los pone en un lugar privilegiado frente a la competencia.

Sé que muchos —me incluyo— llevaban esperando meses, incluso años, a la llegada de este producto, con estas características y estas especificaciones. Y Apple no ha decepcionado. Ha cumplido y ha superado con creces todas nuestras expectativas. Tan solo los M1 Pro y M1 Max son suficientes para hacer el cambio. Pero con esta pantalla y todas las mejoras que —irónicamente— ocurren tras dar pasos hacia atrás en relación al teclado y los puertos, es un dispositivo muy redondo.

No todo es perfecto. Diría que el mayor pero de los nuevos MacBook Pro es el precio. La barrera de entrada es alta. En mi opinión no son caros, es decir, lo que obtienes supera con creces lo que pagas, por lo que la relación calidad/precio es muy buena. Pero la realidad es que un producto de estas características no es nada económico.

Igual que no es posible adquirir un superdeportivo por menos de 150.000 dólares, acceder al MacBook Pro con M1 Pro o M1 Max, en combinación con esa pantalla XDR Retina y esta autonomía, tiene un precio alto.