Si uno tiene entre manos una nueva película acerca de un mito del cine de terror, y sobre todo si adapta una obra de la literatura, no parece disparatado suponer que la posibilidad de incluir huevos de pascua debe de resultarle muy tentadora. Es lo que le ocurriría a la directora neoyorkina Nia DaCosta (The Marvels) con Candyman (2021), que no es un remake del filme homónimo realizado por Bernard Rose en 1992, pero sí una sustanciosa vuelta de tuerca a la pesadilla del espectro asesino del garfio.

Por supuesto, no pretendemos hablar de las referencias al primer largometraje; porque son simples elementos de continuidad, lógicos y siempre presentes en propuestas así, y en tal cosa no hay tentación que valga. Pero sí en añadir un guiño evidente al autor del relato corto en el que conocimos esta terrible historia de leyendas urbanas e invocaciones a lo María Sangrienta o Bloody Mary y otros fastidiosos fantasmas del espejo: el inglés Clive Barker, nacido un día de 1952 en la misma ciudad que Los Beatles.

Un autor de culto en la narrativa de terror

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En su estupendo ensayo Danza macabra (1981), el novelista estadounidense Stephen King asegura que la idea de que a un narrador de su género ha debido de pasarle algo malo para dedicarse a lo que se dedica es una bobada; “juicios psicológicos a matacaballo” y “poco más que astrología presuntuosa”. Porque los escritores como el creador de Candyman “se hacen, no nacen ni se crean a partir de sueños o traumas de la infancia”, por “una decisión consciente” y “un montón de estudio y trabajo duro”.

Por este motivo, el hecho que de Clive Barker presenciase en 1956, con tres años solamente, cómo el paracaidista francés Léo Valentin se estampaba contra el suelo durante un malhadado espectáculo en Liverpool no influiría en su profesión literaria. Aunque luego mencionase al difunto en unos cuantos de sus libros de terror, por los que el propio Stephen King le elogia.

Entre sus diecinueve novelas publicadas, podemos mencionar El juego de las maldiciones (1985), Hellraiser: El corazón condenado (1986), también trasladada a una serie fílmica, Cabal (1988), El gran espectáculo secreto (1989) o la trilogía de Abarat (2002-2011). Pero Clive Baker posee, por otro lado, varias recopilaciones de cuentos, como las seis entregas de los Libros de Sangre (1984-1985), y ha podido firmar catorce libretos de teatro, desde A Clowns’ Sodom (1976) hasta Colossus (1983), y los guiones de nueve largometrajes, de los que ha rodado Hellraiser (1987), Razas de noche (1990) y El Señor de las Ilusiones (1995), adaptándose a sí mismo.

Otra obra de Clive Barker, el creador de Candyman

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El caso es que, en una de las visitas que el pintor Anthony McCoy (Yahya Abdul-Mateen II) le hace a William Burke (Colman Domingo) en su lavandería de la peli de Nia DaCosta, vemos que este último lee una novela en rústica. No la antología In the Flesh, quinto volumen de los Libros de Sangre o Books of Blood, publicado en 1986 y en el que se encuentra “Lo prohibido” o “The Forbidden”, el cuento sobre Candyman, sino la novela Sortilegio o Weaveworld, que Clive Barker lanzó en 1987.

Se trata de una fantasía oscura sobre un mundo mágico y secreto que se esconde en una alfombra para pasar desapercibido; y de cómo dos personajes, los humanos Calhoun Mooney y Suzanna Parrish, se ven envueltos en su lucha sobrenatural. Y uno no sabe si Nia DaCosta decidió no meter la antología del relato en el que se basa su filme como easter egg por no parecernos demasiado obvio. Pero ahí está novela en formato de bolsillo.