Space Jam: Una nueva, de Malcolm D. Lee, se convirtió en un éxito de taquilla. Incluso logró destronar a Viuda Negra de Marvel en salas. Se trata de un triunfo de considerable importancia.

Además, la secuela de Space Jam corrió el riesgo de intentar repetir el éxito de la original. Conseguir que una película mezcla de live action y animación, además de ídolos deportivos, resultara exitosa. Lo logró replicando los puntos más altos de la original y llevándolos a una dimensión nueva. El regreso de los personajes de Warner a un universo de referencias cada vez más amplio y caótico, reverdeció el concepto central de la original.

No obstante, la película resultó una decepción para buena parte de la crítica especializada. Principalmente para la fiel audiencia que volvió a los cines con una singular fidelidad protagonizada entre otros, por la estrella Michael Jordan. ¿El motivo? Space Jam: Una nueva Era aunque usó los mismos trucos y golpes de humor de la original parece haberse excedido en lo esencial. 

Aunque la premisa es la misma, hay algo artificioso y potencialmente confuso en la forma en la que Warner desarrolló el nuevo argumento. En 1996, el film de Joe Pytka se convirtió en un éxito generacional que sobrepasó las expectativas más optimistas. 

El ejercicio sencillo de combinar dibujos animados con los astros más queridos del baloncesto norteamericano tuvo un resultado ingenioso

Lo que parecía un audaz experimento sin demasiadas pretensiones, terminó por convertirse en la película que creó un estilo propio. Había algo de inocente en la forma en Pytka mezcló a los queridos Looney Tunes con un equipo de estrellas deportivas. El resultado fue satisfactorio para todos los gustos y logró ganar identidad propia a pesar de la posibilidad que la multiplicidad de referencias fueran contraproducentes. 

Sin embargo, la película tenía algo a su favor: la originalidad. El ejercicio sencillo de combinar dibujos animados con los astros más queridos del baloncesto norteamericano tuvo un resultado ingenioso. De modo que Space Jam: Una nueva era tenía el extraño compromiso de mantener vivo el espíritu original. Además, agregar todo un acelerado recorrido por las mitologías modernas y disfrutar de la nueva libertad de mostrar nuevos ángulos de una historia conocida. 

No solo no lo logró, sino que el resultado parece ser un artificioso y desagradable que tuvo críticas negativas casi unánimes. Las más amables insisten que la película es una “mala copia” de la original. Las más agresivas, que el exceso de referencias terminaron por destruir la dinámica de chistes y buen humor de su predecesora. ¿En qué falló la película? Más bien, cabría preguntarse cuál fue el error en un delicado equilibrio que parece incapaz de sostener en esta ocasión.

Una caída al desastre 

Lo sorprendente de las críticas que ha recibido Space Jam: Una nueva era es el hecho que todas apuntan a que el problema es la ruptura de algo fundamental.

La primera película sorprendió y conquistó a una buena parte de la audiencia con su humor absurdo e inocente. La segunda, siguiendo la usual tendencia de Hollywood de doblar la apuesta en las secuelas, es más ruidosa, costosa y larga que la original. Aumentar el universo de Warner hasta niveles imposibles al parecer ha creado una versión de la inofensiva Space Jam más relacionada con el éxito corporativo. Y por extraño que parezca, allí radica su fracaso. 

Porque lo que en el ’96 fue una jugada magistral e inesperadamente brillante de referencias de todo tipo, en el 2021 es un juego cargado de trampas. Después de películas referenciales como la saga Shrek y la duología Rompe Ralph, la secuela de Space Jam sabe a poco. 

Y no por su carencia de mensajes y chistes, sino justamente por la forma exagerada en que los usa. Space Jam: Una nueva era se esforzó hasta el límite por crear una experiencia en la que Warner se convirtieran en el centro del argumento. Tanto como para traer todo tipo de rostros, voces, guiños pero sin la tensión o el ingenio suficiente para resultar divertido. 

Space Jam: Una nueva era se esforzó hasta el límite por crear una experiencia en la que Warner se convirtieran en el centro del argumento

Lo más desconcertante: la película carece de humor. O al menos no el humor trivial, hilarante y excesivo de su primera parte. La película es una promoción descarada y sin límites a la propiedad intelectual de Warner Bros. El truco de incluir personajes, referencias y nostalgia, podría funcionar con un argumento más firme. O al menos, con la posibilidad que se sostenga sobre un tipo de juego intelectual que pueda incluir al público. 

Como ocurrió en Ready Player One, el excesivo uso de material de referencia diluyó la película en una mezcla inconsistente de nostalgia. Más allá de eso, Space Jam: Una nueva era es también una descarada forma de autopromoción sin sustento real. Si la película original había sido una travesura que resultó en un producto consistente, su secuela traiciona su esencia.

'Space Jam: una nueva era', nada que aportar a una idea más amplia

Los críticos también comentaron que a diferencia del deslumbrante, encantador y amable Michael Jordan de la original, la leyenda de la NBA LeBron James tiene un ritmo deslucido. De hecho, el equipo entre Looney Tunes y celebridades deportivas es apenas una excusa para algo más aparatoso.

La crítica parece poner el dedo en el lugar sensible de este fracaso monumental. “Mientras LeBron recluta a su equipo, Warner Bros. nos hace ver un largo anuncio de HBO Max, Mad Max, Austin Powers, Rick y Morty, Batman, Harry Potter, o Casablanca. Una manera de presumir sobre el extenso catálogo del estudio. Es una de las muchas estrategias del director Malcolm D. Lee para evitar desarrollar personajes o tener escenas divertidas”

En la muy querida Rompe Ralph la combinación hace reír por su intención de burla. Pero Space Jam: Una nueva era se toma muy en serio las cosas. Al final, con su 32% de criticas positivas en Rotten Tomatoes y una calificación de 3.7 / 10 en IMDb, la película es un fracaso de crítica. Pero también, una lección. A veces, demostrar el poder en Hollywood puede ser una forma de romper un delicado diálogo con el público. Como parece haber sido el caso de Space Jam: Una nueva era