Que el cine es un gran negocio, en Hollywood especialmente, nadie puede dudarlo. El tira y afloja entre los realizadores artísticos que quieren defender las ideas de su creatividad y los productores que buscan hacer caja parece el pan fílmico de cada día. Sin embargo, con un proyecto como Space Jam: Nuevas leyendas (Malcolm D. Lee, 2021), protagonizado por el baloncestista LeBron James, tal cosa no ocurre porque el único propósito en la mente del equipo es el comercial.

Máxime con el ingrediente básico de la nostalgia de los espectadores por una peliculita como Space Jam (Joe Pytka, 1996), que la Warner Bros. ha decidido explotar veinticinco años después de su estreno. Entonces, triplicó en la taquilla planetaria su presupuesto final y fue la décima con mayor recaudación, superando a otras propuestas exitosas como El paciente inglés, Scream o Trainspotting (Anthony Minghella, Wes Craven, Danny Boyle, 1996).

Un director más lógico para ‘Space Jam: Nuevas leyendas’

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No obstante, si la elección de LeBron James como personaje principal entraña la misma lógica que la del famoso Michael Jordan hace un cuarto de siglo, la del estadounidense Joe Pytka como director resultó mucho más chocante que ahora la de su compatriota Malcolm D. Lee para ese puesto en Space Jam: Nuevas leyendas.

El uno casi nunca ha salido de los videoclips, mientras que el otro ya se había encargado de hasta diez largometrajes de comedia penosa; nueve de ellos con una mayoría de actores afroamericanos, igual que la nueva aventura de los Looney Tunes. Desde El mejor amigo del novio (1999), pasando por El hermano secreto (2002), Sobre ruedas (2005), Bienvenido a casa, Roscoe Jenkins; Soul Men (2008), Scary Movie 5, El reencuentro (2013), La barbería 3: Todo el mundo necesita un corte (2016) y Plan de chicas (2017), hasta Escuela para fracasados (2018). Así que podíamos imaginar en lo que desembocaría esto.

Un espectáculo mayor que el de su predecesora

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Ninguno de los cuatro guionistas originales repite en esta secuela, en cuyo libreto han metido mano hasta seis personas, entre las que destaca Juel Taylor (Creed 2: La leyenda de Rocky). Sin embargo, descubrimos que la continuación de Space Jam respeta el espíritu que define a este último; un simple entretenimiento con una premisa que nunca va más allá de sus reducidas fronteras, y que reproduce su misma estructura y elementos.

Y, aunque no se muestra coherente con el hogar de los Looney Tunes, los narradores saben que necesitan ofrecer algo más vistoso que su predecesora. Así, el espectáculo en el que interviene LeBron James es mayor y las jugarretas en la cancha, más variopintas, con una planificación oportuna pero jamás brillante. Por otro lado, las tribulaciones del deportista en la ficción superan con una claridad absoluta a las de Michael Jordan en su vertiente emocional, determinando el desarrollo de la trama.

La cancha de LeBron James se derrumba

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Con estos mimbres, Space Jam: Nuevas Leyendas podría haber sido una nimiedad semejante a la peli de Joe Pytka, un aceptable pasatiempo palomitero al límite de lo insípido. Pero se precipita en unas cuantas arbitrariedades, unos chistes que pocas veces dan en el blanco, discursos de estomagante brocha gorda, inverosimilitudes que no se pueden obviar, personajes que son un quiero y no puedo cómico y un villano, el Al G. Rhythm al que encarna un incómodo Don Cheadle (Misión a Marte), que hubiese requerido a un intérprete más histriónico o con un carisma de envilecimiento al que el rostro de James Rhodes no puede optar por mucho que se lo proponga.

Todo ello hace que la tardía secuela de Space Jam con LeBron James se derrumbe, y que sirva de constatación de que apelar a la nostalgia cinematográfica del público para llenarse los bolsillos, sin cuidar los pormenores del producto por temor a pifiarla así, nunca es suficiente. Y ni las parodias de los Looney Tunes ni las mil y una referencias cinéfilas logran salvarla.

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