La Ley Rider está recién salida del horno. Dos meses y un día después de su anuncio por parte de la Ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, el Pleno ha dado luz verde a un texto que no termina de gustar a ninguna de las partes implicadas. "Es una norma que va a cambiar el signo de los tiempos", ha explicado la ministra. "Por primera vez el mundo está mirando a España respecto a la regulación que hemos propiciado", ha añadido. Las propias plataformas de riders, tanto las que apoyan el modelo de autónomos como las que no, han plagado de protestas el mapa de España para parar in extremis la aprobación de un Decreto Ley que ya había cogido carrerilla en las últimas semanas.

Mientras Glovo, Deliveroo o Uber Eats analizan sus próximos pasos con fecha límite en agosto de este año –tiempo máximo que ha dado Trabajo para poner en orden sus estructuras laborales–, surgen otras iniciativas que buscan solucionar algunos de los problemas nacidos de la mano de estas grandes tecnológicas.

Banzzu, fundada hace escasos 6 meses, ha encontrado en la pandemia por el coronavirus su filón. Con una hostelería en horas bajas presionada por los cierres perimetrales, toques de queda o restricciones horarias, era el momento perfecto para lanzar una opción para el colectivo más allá de las grandes plataformas delivery del momento. Algo que les ayudase a sobrellevar un 2020 catastrófico.

Concretamente, el negocio de Banzzu está centrado en ofrecer digitalización a un sector que pensaba que eso no iba con ellos. Por un lado, un sistema SAS que gestione a nivel interno la organización de los locales, pero también una plataforma web y app desde la que se pueda pedir a domicilio. Esto último ha sido vital para algunos de sus clientes.

Digitalización sí, pero si es sin comisiones mejor

La cuestión de la digitalización del negocio de sala era el pilar básico sobre el que se apoyó la sevillana Banzzu en sus primeros días. Luego llegó todo lo demás por pura necesidad del sector.

Más allá del debate de la Ley Rider, la eliminación de las comisiones para una hostelería castigada es, en gran medida, uno de los puntos que más tirón ha tenido para la joven startup. Entre el 30% de Uber Eats, el 35% de Deliveroo o el 40% de Glovo, ya se ha definido por muchos como un sistema ciertamente abusivo para muchos tipos de negocios que no ven rentable el uso de dichos marketplaces. Solo soportado por algunas grandes cadenas, esas cifras se escapan de los márgenes de otros negocios más familiares.

Algunos locales mantienen su cuenta en Glovo o Deliveroo a la par que promocionan su propia web de pedidos

Banzzu ofrece un servicio de digitalización, pero con una cuota fija mensual. "Los restaurantes van a pagar lo mismo hagan 1 o 1.000 pedidos", explica Iván Santiago, cofundador de Banzzu a Hipertextual. "El tema de las comisiones, de hecho, es lo que ha hecho que seamos una plataforma competitiva en este momento", añade.

Igualmente, apunta, este servicio no es excluyente para sus más de 450 clientes. Algunos locales mantienen su cuenta en Glovo o Deliveroo a la par que promocionan su propia web de pedidos. Dicho de otra forma, usan el gran delivery como forma de atraer al cliente para luego intentar convencerle de que use un modelo en el que no intermedien las comisiones.

No todo son grandes ciudades

En el momento en el que trascendían las primeras líneas de la famosa Ley Rider, Glovo adelantaba la posibilidad de cerrar operaciones en regiones menos rentables. Esto era sinónimo de salir de ciudades con menor volumen de habitantes. Banzzu tiene ahora un filón en ese vacío que dejan unas grandes tecnológicas que no terminan de encontrarse en esa España menos poblada. La pequeña tecnológica ha visto ahora el momento de expandir su actividad, además de cerrar una ronda de financiación durante las próximas semanas para poder cumplir su objetivo.

Burger Jardín, uno de los clientes de Banzzu en un pequeño pueblo de Córdoba, básicamente no tenía muchas más opciones. "Al ser una localidad pequeña estos servicios no llegan aquí", explica Fernando, dueño del pequeño negocio familiar. De hecho, la cuestión de los grandes y pequeños negocios ha sido motivo de discusión para para las grandes plataformas. Si bien Burger King o McDonald's pueden permitir el pago de las elevadas comisiones y un mantenimiento de un servicio propio, esto no ocurre con otros negocios menos explosivos.

Los principales clientes de Banzzu –además de los abandonados por las grandes corporaciones– son cadenas locales con varios restaurantes, pero sin expansión nacional. Las cuales, curiosamente, no han afrontado la digitalización y tampoco quieren pasar por el aro de Glovo, Deliveroo o Uber Eats.

La complicada cuestión de los riders

Banzzu comenzó ofreciendo software a los locales asociados. Tanto para la parte de gestión de la sala, como de los pedidos a domicilio. Pronto llegaron las peticiones de gestionar también la parte logística del servicio. Hablamos, por supuesto, de los riders. Un colectivo muy mencionado durante los últimos días. Si bien muchos optan por sus propios empleados, como el caso de Burger Jardín, otros prefieren quitarse ese peso de encima. Y no es para menos, es el tema de moda desde mucho antes de la pandemia. También uno que ha traído muchas complicaciones.

El modelo de subcontratación será el que se imponga a partir de ahora a fin de evitar plantillas excesivamente numerosas de riders

La startup ha delegado la gestión de la parte logística en terceros. De hecho, Iván Santiago asume que no está muy al día de la nueva normativa; la recién aprobada bajo la Ley Rider. Asume que las empresas contratadas ya están al día en estas cuestiones. Hanso y DeliBee son las dos empresas elegidas para la gestión del sector rider de Banzzu.

La subcontratación de riders y repartidores no es un modelo nuevo. Es, de hecho, uno que ha popularizado Just Eat en contraste con otras compañías delivery. El mismo que parece que será el que se imponga a partir de ahora a fin de evitar plantillas excesivamente numerosas de riders bajo el paraguas de las grandes tecnológicas. El mismo, de hecho, que la CEOE usaba como excusa para justificar su respaldo a la polémica Ley Rider. Y, de nuevo, el mismo que ya se ha puesto en el punto de mira de plataformas como Riders x Derechos al considerar que, aunque contratados, la precariedad es una constante en el sector.

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