A pesar de que la Agencia Europea del Medicamento (EMA) ya anunció que la vacuna contra el coronavirus de AstraZeneca es eficaz y segura y que sus beneficios son mucho mayores que sus riesgos, la sombra de los trombos experimentados por algunas personas vacunadas sigue cerniéndose sobre ella. 

En su momento la EMA explicó que por ahora no hay evidencias científicas de que exista relación entre las trombosis y las vacunas. También aclaró que su panel de expertos seguiría analizando el caso de cerca y que se incluirían los trombos como efecto secundario muy raro en la ficha de efectos secundarios

Ahora, un científico de la Universidad de Greifswald, en Alemania, ha dado una posible explicación a estos sucesos. No serían exactamente un efecto de la vacuna, sino más bien del propio sistema inmunitario, que reaccionaría bruscamente contra ella. De hecho, no es un tema desconocido, pues también se ha observado algo parecido con otros fármacos, como la heparina.

Detectives en busca de una relación entre AstraZeneca y los trombos

Durante los ensayos clínicos de la vacuna contra el coronavirus de AstraZeneca no se detectó una proporción de trombos superior a la de la población general. De hecho, se dieron más casos en los voluntarios que recibieron el placebo.

Esto llevó a que no se añadieran a su lista de efectos secundarios. Sin embargo, al empezar con la vacunación masiva en Europa se comenzaron a detectar varios casos entre las personas que habían recibido las vacunas. La proporción seguía siendo muy baja, de apenas 22 personas entre 3 millones de vacunados.

Pero, por si acaso, se decidió parar la vacunación en algunos de los países afectados a la espera de un análisis de la EMA. Paralelamente, se realizaron autopsias a los pocos pacientes que también fallecieron. Fue, por ejemplo, el caso de una profesora española, que finalmente se comprobó que tenía una predisposición genética a los accidentes cerebrovasculares, que nada tenía que ver con las vacunas contra el coronavirus.

La casualidad parecía estar detrás de la mayoría de casos. Aun así, muchos científicos han seguido analizando este fenómeno. Es, por ejemplo, el caso de Andreas Greinacher, quien comenzó a interesarse por el tema de los trombos después de que contactara con él una hematóloga de la Universidad de Viena, preocupada por el caso de una enfermera que había recibido la vacuna de AstraZeneca.

Foto por Markus Spiske en Unsplash

Equivocaciones del sistema inmunitario

La hematóloga en cuestión era Sabine Eichinger. Según cuentan en un artículo de la revista Science, esta científica estaba analizando el caso de una enfermera que había acudido a urgencias afectada por fuertes dolores de estómago y náuseas, unos días después de recibir la vacuna de AstraZeneca.

El fenómeno detectado se da cuando se genera una coagulación tan extensa que se agotan las plaquetas

Las pruebas que se le realizaron mostraron que tenía un nivel muy bajo de plaquetas. Además, a través de tomografía computarizada detectaron varios trombos, primero en las venas de su abdomen, y más tarde en las arterias. Se encontraba ya muy grave y no pudieron hacer nada por ella, por lo que falleció apenas un día más tarde.

La situación llamó mucho la atención de Eichinger, ya que las plaquetas son esenciales en la coagulación y esta es la que se encuentra detrás de la formación de trombos. Encontrándose a niveles tan bajos, la trombosis era difícil de explicar.

Sin embargo, hay un fenómeno en el que esto puede ocurrir. Se llama coagulación intravascular diseminada y se da cuando una infección o ciertas patologías, como el cáncer, dan lugar a una coagulación tan extensa que termina agotando las plaquetas. La paciente no tenía ninguno de estos problemas, por lo que se descartó. Pero había más opciones. Algo similar ocurre también con un raro fenómeno conocido como trombocitopenia inducida por heparina (HIT), que se da cuando, al administrar este anticoagulante a un paciente, su sistema inmunitario la ataca, generando una coagulación descontrolada.

El problema es que la enfermera fallecida tampoco había recibido heparina. Pero el caso era tan similar que Eichinger decidió contactar con Greinacher, a sabiendas de que era un buen experto en el tema.

De la heparina a las vacunas

El primer paso de Greinacher fue contactar con miembros de los sistemas de farmacovigilancia alemanes y canadienses, que le cedieron las muestras de ocho pacientes con una situación similar después de recibir la vacuna de AstraZeneca.

En todos ellos, se habían generado trombos, paralelamente a una disminución de los niveles de plaquetas. Además, en la mitad se detectaron anticuerpos característicos de la HIT. Esto le llevó a pensar que podría haber una relación. 

Si esto se confirmase, sería un problema tratable, al igual que la HIT

A día de hoy no se sabe exactamente por qué el sistema sanitario de unas pocas personas reacciona contra la heparina. Pero sí que se conoce un tratamiento. Si los síntomas se detectan a tiempo, se puede tratar con inmunoglobulinas, unos anticuerpos inespecíficos que ayudan a frenar la activación desmesurada de las plaquetas, antes de que se agoten. 

Greinacher ha publicado sus conclusiones sobre este fenómeno, al que ha bautizado como Síndrome de Trombocitopenia Protrombótica Inmune Inducida por la Vacuna (VIPIT), en un estudio aún sin revisar por pares. Esto lleva a que tengamos que tomar sus resultados con mucha cautela. Él mismo sostiene en Science que necesita investigar más para estar seguro de su teoría. Por eso, no debe cundir el pánico. Si se demuestra que está en lo cierto, se trata de un fenómeno muy raro, que se puede detectar y tratar.

Sería necesario hacer un seguimiento exhaustivo de los pacientes y sus historiales, por si tuviesen antecedentes de HIT. Pero no es un motivo para retirar la vacuna de AstraZeneca de la circulación. De hecho, aun a sabiendas de que la HIT puede ocurrir, la heparina sigue administrándose a las personas que la necesitan. Esto es algo normal en los fármacos. Pueden generar un amplio abanico de efectos secundarios, normalmente leves, pero a veces más graves. Lo importante es saber que pueden existir y tenerlos bajos control. Para eso están los sistemas de farmacovigilancia. 

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