La historia no ha terminado y Donald Trump sigue muy dentro de los debates dentro de la Casa Blanca, muy a pesar de Jon Biden. El asalto al Capitolio del pasado 6 de enero sigue debatiéndose en Estados Unidos. De ese evento, que pasará a los libros de historia, consecuencias muy grandes principalmente para el sector de las tecnológicas y redes sociales. También para el conjunto de los líderes políticos y la libertad de expresión.

Las cabezas de las grandes plataformas tecnológicas de Estados Unidos se vieron las caras ayer en una audiencia con el comité de Energía y Comercio de la Cámara de Representantes. Sobre la mesa, determinar si Facebook, Twitter o Google habían sido determinantes en la organización, exaltación y posterior toma del Capitolio de los Estados Unidos. Mark Zuckerberg, Sundar Pichai y Jack Dorsey se dieron cita ayer mismo ante la cámara de representantes para hablar sobre el efecto que tuvieron sus redes sociales en el evento. Porque si algo tiene claro el Gobierno de Estados Unidos es que las tres tecnológicas promovieron, de forma indirecta o directa, el asalto al Capitolio.

El papel de las redes sociales, no solo en la toma del Capitolio, también en la gestión de las elecciones presidenciales de cualquier país, es un hecho que ninguna de las partes puede negar. Y no solo de las más populares. El propio asalto al Capitolio fue retransmitido en Twitch como si de un juego se tratase; la audiencia de esta emisión dejaba por tierra la de cualquier juego de éxito. De Parler , ahora caída en desgracia y la que fuese considerada como la red de los atacantes por su caracter permisivo y conspiranoico (patrocinado por QAnon, se extraían los datos GPS de los atacantes demostrando la gravedad de la situación.

El problema de las respuestas de sí o no

Jack Dorsey

Los tres líderes de las tecnológicas llegaron a la misma conclusión: efectivamente, sus plataformas fueron la base de muchas de las movilizaciones que se dieron cita en la toma del Capitolio. Pero con matices.

Las preguntas planteadas por Mike Doyle, congresista demócrata, solo podían ser respondidas con un sí o un no. Esto, en una cuestión tan completa, no era suficiente para los interrogados. De esta forma, aunque todos asumían en papel de sus plataformas en el asalto al Capitolio, Zuckerberg apuntaba a que no solo había que tener en cuenta el ecosistema tecnológico, sino el global de la situación.

Jack Dorsey, el niño malo de las tecnológicas y el primero en cortar las alas a Donald Trump en su red social –después llegaron Twitch y Facebook– por considerar que enaltecía al terrorismo en sus palabras, fue el más combativo en el encuentro. Tanto como para recibir una reprimenda de la congresista Kathleen Rice durante su comparecencia.

Minutos antes de ser preguntado, Dorsey publicaba un tuit en el que hacía mención al modelo de preguntas planteadas por la Cámara. Una queja contra el sí o no que limitaba su exposición.

Cuando le llegó el turno a Dorsey, Rice hizo referencia precisamente al tuit publicado unos minutos antes. «¿Qué gana en su encuesta de Twitter?», preguntó Rice. «Sí», respondía el CEO de Twitter sin apenas emoción. Tras esto, la congresista alababa la capacidad del empresario por hacer multitarea.

Zuckerberg contra Donal Trump

Mark Zuckerberg, director ejecutivo de Facebook

Como si de una película de abogados se tratase, Dorsey interpretaba el papel del rebelde y Zuckerberg el del justiciero. Sundar el de mediador de las partes con un discurso entre la protección de las tecnológicas y la ley.

Mark Zuckerberg, de hecho, fue el que más «escurrió el bulto» de las declaraciones. Respondiendo afirmativamente al papel de las redes sociales, no se quedó corto por el contrario en culpar a la imagen de Donal Trump en todo lo acontecido. Lo que para el Congreso es una acto de censura –en referencia a la eliminación de las cuentas de Trump–, para Zuckerberg es un acto de heroicidad. Mismo acto que Elon Musk o Angela Merkel catalogaron como un precedente peligroso para la libertad de expresión.

«Creo que el ex presidente debería ser responsable de sus palabras y que las personas que infringieron la ley deberían ser responsables de sus acciones»

Mark Zuckerberg

Con clara referencia al papel de Donal Trump en su discurso previo al asalto al Capitolio de los Estados Unidos.

«Creo que la responsabilidad es de las personas que tomaron las acciones para violar la ley y hacer la insurrección. En segundo lugar, también con las personas que difundieron ese contenido, incluido el presidente pero también otros, con retórica repetida a lo largo del tiempo, diciendo que la elección fue amañada y alentando a la gente a organizarse, creo que esa gente también tiene la responsabilidad principal.»

Mark Zuckerberg

Esta respuesta repetidas en varias de las preguntas planteadas al creador de Facebook fue el mantra del encuentro, pese a reconocer que había indicios de la actividad en cuestión dentro de la plataforma. Asumía, por otro lado, que efectivamente los servicios de moderación tenían que mejorar dentro de sus ecosistemas.

Para el congreso, si es que había alguna duda, esta respuesta no fue suficiente. Ya que, a pesar de redes como Parler, la mayor parte de los que se dieron encuentro en el Capitolio tenían a Facebook como su red de cabecera.

El debate de fondo con el asalto al Capitolio de frente

«Su propio modelo de negocio se ha convertido en el problema y se acabó el tiempo de la autorregulación. Es hora de que legislemos para hacerlos responsables”, apuntaba Frank Pallone en referencia a los comentarios de Dorsey al final del encuentro. Amén de la reprimenda a la actividad de Twitter, las palabras del congresista demócrata ponen sobre la mesa un debate que lleva tiempo gestándose.

¿Quién tiene el mando en las redes sociales? Son las propias plataformas culpables de lo que en ellas se dice o deben mantener un papel secundario. Los equipos de moderación, activados desde hace tiempo para limitar los discursos de odio, racismo, machismo, xenofobia… son la punta del iceberg de algo mucho más grande.

La realidad es que sí que son en parte responsables de lo que en sus dominios acontece. La pregunta, ahora mismo, es hasta dónde y cuál es su límite de acción. Empresas privadas con intereses privados –millonarios en cualquier caso– que se han transformado en el megáfono del mundo político y social. Con intereses políticos de por medio, dónde empieza y terminan sus acciones en todo momento. El caso de Donal Trump, y mucho antes el caso de Cambridge Analytica, ha supuesto llevar al límite un debate que lleva años dejándose a un lado.

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