En 1972, el comediante George Carlin grabó el polémico monólogo *Siete palabras que nunca puedes decir en la televisión*. El fragmento incluía, por supuesto, los términos censurados. El resultado fue que Carlin fue arrestado y vapuleado por cargos de “indecencia” y también “por perturbar la paz”. Pero el largo trayecto del monólogo hacia el oprobio público no terminó allí. La serie de chistes relacionados con términos de especial vulgaridad fue transmitido por radio. Y antes que el programa terminará, la estación fue demandada por la FCC, caso que finalmente llegó a la Corte Suprema. Mientras todo esto ocurría, comediantes incómodos como Lenny Bruce también fueron arrestados por “vulgaridad”, “trastorno a la paz” y otras situaciones parecidas.

De modo que lo que se vive en la actualidad no es una situación inédita. La cultura pop es en especial sensible a los debates sociales a su alrededor. Y presiona en consecuencia. En los últimos años, el fenómeno se ha hecho cada vez más directo. Las redes sociales y la implicación directa de la opinión del público en el contenido crean un nuevo peso con el cual lidiar. Por supuesto, también se trata de un recorrido incómodo a través de un sesgo de nuestra época que se analiza desde los extremos. ¿Por qué el entretenimiento debe complacer posturas políticas? ¿Por qué debe satisfacer a grupos específicos?

En realidad, el debate es más amplio que ese y comienza justo en un lugar específico. Las redes sociales y su poder.

Redes sociales: un peso temible

Colin Madland

Hace pocos días, Netflix transmitió la docuserie Escena del Crimen: La desaparición de Elisa Lam. Los cuatro capítulos del programa muestran el fenómeno alrededor de la desaparición de Lam, pero también algo más. El caso, convertido en una curiosidad online, también demostró la distorsión de la opinión pública virtual.

Después de que la policía de Los Ángeles difundiera un vídeo en el que se veía a Lam en una situación inexplicable, millones de usuarios de internet se obsesionaron con el caso. Y a pesar que la investigación policial llegó a demostrar lo ocurrido con la víctima, legiones de investigadores amateurs tergiversaron la situación. Tanto como para incluso destruir la vida de un músico y acosar a la familia de Lam en Canadá. Incluso, desestimar las conclusiones oficiales.

Internet es un caldo de cultivo ideal para premisas falsas, apoyadas en pruebas circunstanciales. También es un espacio fértil para acoso a gran escala, y en particular reacciones violentas contra debates controversiales. La combinación de ambas cosas se refleja directamente en la cultura como un hecho masivo. Y convierten a las redes sociales en un lugar peligroso.

Buscando culpables

Unos meses antes de su muerte, el actor Chadwick Boseman fue acosado en redes. Se usó el epíteto de “Crack Panther” para hacer alusión a su delgadez y aspecto demacrado. La persecución fue tan tenaz que terminó con el actor, abandonando las redes sociales. La situación solo se hizo pública después de su trágico fallecimiento. Lo mismo ha ocurrido con varios de los actores de la saga Star Wars. Daisy Ridley y Kelly Marie Tran cerraron sus respectivas cuentas en plataformas sociales, después de ser sometidas al asedio de millones de fanáticos del fandom de la franquicia. Una y otra vez, la situación muestra la forma en cómo la democratización de las plataformas de información pueden convertirse en un fenómeno incontrolable.

Y también, uno que tiene repercusión en la televisión o en el cine. Después de tener un papel de cierta relevancia en Star Wars: The Last Jedi, el personaje de Kelly Marie Tran desapareció por completo en el cierre de la trilogía. Rose Tico apenas apareció en un par de escenas y como si eso no fuera suficiente, fue suprimida de algunas principales que la actriz aseguró haber grabado. ¿Consecuencia de la presión de los fans? Nada es muy claro al respecto, asegurando que su participación era mucho más amplia que la que pudo verse en Star Wars: El ascenso de SkyWalker.

Las situaciones semejantes se multiplican. Bri Larson tuvo que enfrentar una considerable presión antes del estreno de Capitana Marvel. ¿El motivo? El gesto serio del personaje. También las connotaciones feministas alrededor de la primera película de una superheroína en el MCU. Después, el acoso aumentó por la negativa de Larson de mostrarse “amable”. Al final, Larson no cedió pero llevó a cuestas críticas negativas y una campaña en su contra con la que aún debe lidiar.

Un territorio en llamas

Por otro lado, los ejemplos que la presión cultural sobre los medios son cada vez más abundantes. El 10 de julio del 2020, la recién nacida plataforma de streaming HBO retiró de su catálogo el clásico Lo que el viento se llevó. La decisión ocurría en mitad de acusaciones de racismo. En la calle, millones de personas se manifestaban debido al asesinato de George Floyd a manos de un policía blanco.

Este movimiento llegó después de que lo solicitara John Ridley, guionista de la película 12 años de esclavitud. Según un artículo del escritor, el film “glorifica” la esclavitud durante la Guerra de Secesión de EE.UU., “ignora sus horrores y perpetúa los estereotipos más dolorosos para las personas de color”. La solicitud se hizo viral y la compañía se apresuró a complacer la sugerencia. Y aunque la película regresó al catálogo meses después, lo hizo con una advertencia sobre sus puntos controversiales. Y también, dejando un precedente a cuestas.

Las redes sociales y la polémica de las películas infantiles

Disney Plus eliminó de su catálogo infantil películas como Dumbo, los Aristogatos y Peter Pan, en otras. Antes, los films incluían una advertencia en la que podía leerse “este contenido incluye representaciones negativas o tratamiento inapropiado de personas o culturas. Estos estereotipos eran incorrectos entonces y lo son ahora”. Pero después de la decisión del canal, solo pueden verse en el perfil con especificaciones para adultos de la plataforma.

La decisión fue tomada después de semanas de críticas sobre el contenido más antiguo de Disney Plus, que incluye clásicos animados y cinematográficos de contenido controvertido. ¿Tuvieron relación ambas cosas? Poco a poco parece que el poder de las redes sociales y su ámbito de influencia aumenta. Lo cual hace preguntarse hasta dónde es lícito que ese peso insistente se convierta en una obligación o en un riesgo a tener en cuenta. ¿Cuál es el límite entre exigencias con peso político y la agresividad en redes? Parece que hace poco se cruzó de manera muy evidente.

Al final, espacios en blanco

La actriz de *The Mandalorian* Gina Carano fue despedida de luego de difundir un grupo de polémicas publicaciones. Carano se enfrenta ahora no solo al despido, sino a una progresiva desaparición de su imagen. Hasbro anunció que dejaría de fabricar la figura de acción de su personaje. O al menos, con el rostro de la actriz.

Esto ocurrió casi en simultáneo a una extensa campaña en redes, en las que se exigía su despido después de una serie de comentarios acerca de su postura política y posición sobre la emergencia sanitaria del coronavirus. Sin duda, Disney y LucasFilm actuaron en consecuencia a las directrices de sus exigencias sobre la imagen de sus empleados. Pero la gran pregunta es si la reacción en redes provocó al final la medida.

Llegando más allá

Más allá de eso, Gina Carano sufrió un acoso en redes que aún se mantiene, a pesar de su despido. Se trata de una situación que hace cuestionarse hasta qué punto, el poder y el músculo de las redes sociales puede convertirse en un terreno incontrolable. Más allá de las declaraciones de Carano y lo inadecuadas que puedan ser: ¿merece el escarnio público y el hostigamiento que se extiende ya por semanas?

El poder de las redes sociales es cada vez más amplio y peligroso. ¿Cuál es la conclusión de una serie de situaciones cada vez más duras? La respuesta no es sencilla y se hace cada vez más difícil de resumir bajo un único aspecto. Una reflexión que lleva a un análisis de la cultura y los prejuicios que se expresan en masa.

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