Si nos hablan de adicción, posiblemente nos vengan a la mente las drogas, el tabaco, el alcohol, las compras o incluso el chocolate. Se puede ser adicto a muchas cosas, realmente a cualquiera que nos genere placer. Pero aun así, todavía hay algunas a las que no prestamos mucha atención. Es el caso de la adicción al porno.

No está recogida como tal en el DSM-V, la última edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría. Sin embargo, esta agrupación sí que ha reconocido ya públicamente el fenómeno de la adicción conductual, que no supone el consumo de sustancias. Ahí se ha dado gran relevancia a Internet. Y, por supuesto, a todo lo que Internet nos aporta.

¿Existe la adicción al porno como tal?

Según una encuesta citada en Psychology Today, aproximadamente el 80% de los hombres ven pornografía semanalmente. Lo mismo un 30% de las mujeres, 45% si se tienen en cuenta las que lo hacen en pareja. Este no tiene por qué ser un hábito negativo, como tampoco lo es masturbarse, a pesar de lo que digan ciertos sectores ultra conservadores.

No obstante, ambas acciones se pueden convertir en adicción cuando llegan a interferir en el desarrollo habitual de la vida de una persona. Y normalmente van de la mano. De hecho, en un estudio publicado en 2019 por científicos de la Universidad de Salamanca explican que todo esto forma parte de un trastorno más amplio, conocido como hipersexualidad.

Las personas que lo padecen exhiben con excesiva frecuencia comportamientos como la masturbación excesiva, el cibersexo, el uso de pornografía, el sexo telefónico o las visitas a clubes de striptease. Aclaran que no hay una definición formal de este trastorno, pero que sí se ha estudiado su prevalencia, que oscila entre un 3% y un 6%. Este es un porcentaje que podría seguir elevándose, ya que la accesibilidad de las nuevas tecnologías, que ofrecen un amplio abanico de actividades sexuales gratificantes, llevan a que cada vez más personas lo sufran.

Aunque no está muy estudiado, se sospecha que, del mismo modo que otras adicciones, se debe a factores neurobiológicos y ambientales. ¿Pero cómo es el cerebro de alguien con adicción al porno?

Las adicciones en el cerebro

Para entender cómo actúa la adicción al porno en el cerebro se debe partir primero de las adicciones en general. Estas se dan como un refuerzo de los conocidos como sistemas de recompensa, cuya estimulación se encarga de generarnos placer.

Sustancias como el alcohol o el tabaco promueven la liberación en nuestro cerebro de compuestos que estimulan esta sensación. Pero también ocurre con casi cualquier actividad que tenga un beneficio evolutivo. Comer, por ejemplo, es necesario para nuestra supervivencia como especie. Por eso es tan placentero hacerlo. Y, lógicamente, aquí no podría faltar el sexo. Aunque no todo el mundo lo hace con fines reproductivos, la recompensa es la misma para todos. Además, esto no es aplicable solo a la simple copulación, también lo es a todas esas actividades que se engloban en el concepto de hipersexualidad.

En cualquier caso, esos sistemas de recompensa están compuestos por varias regiones cerebrales. La principal es el núcleo accumbens, conocido también como centro de recompensa. Pero de este centro parte todo un circuito, constituido por la amígdala, el hipocampo y la corteza frontal. En su conjunto, todas estas áreas modulan respuestas como el placer, la recompensa, la memoria, la atención y la motivación.

El sistema se puede activar de múltiples formas, pero en general todas convergen en la liberación de grandes cantidades de dopamina en el núcleo accumbens.

La adicción al porno también es una adicción

Cabe destacar que todas las drogas afectan a la vía de la dopamina mesolímbica, que se inicia en el área tegmental ventral (VTA) y se proyecta, de hecho, hacia el núcleo accumbens. No obstante, también existe la vía mesocortical, que empieza en el mismo sitio, pero va terminar en la corteza prefrontal.

Conocer estas vías ha sido muy necesario para comenzar a contemplar la existencia de nuevas adicciones. Esto se debe a que, si bien se pensó inicialmente que solo se veía afectada por sustancias de abuso, existen estudios que han utilizado la resonancia magnética para demostrar que también se activa con comportamientos como los juegos de azar, las compras, los videojuegos y, por supuesto, el sexo.

Esta última englobaría la adicción al porno, de ahí que haya tantos expertos involucrados en que su existencia llegue a tenerse en cuenta.

Pornografía durante la pandemia

La pandemia de COVID-19 ha separado muchas parejas y ha dificultado a las personas solteras la posibilidad de encontrar otra con las que tener relaciones sexuales.

Las aplicaciones de citas siguen funcionando; pero, lógicamente, no es el mejor momento para quedar con desconocidos sin mascarilla y con el acercamiento que supone el sexo. Por eso, no es raro que haya aumentado la búsqueda de nuevas formas de buscar el placer en soledad. Las ventas de juguetes eróticos se han disparado y la masturbación es cada vez un poco menos tabú. Aunque hará falta mucho más que una pandemia para que deje de serlo por completo.

Dada la situación, no es raro que también haya aumentado la visualización de pornografía. Por supuesto, esto no significa que hayan incrementado los casos de adicción al porno. Puede seguir haciéndose de una forma saludable, sin que llegue a afectar al desarrollo de la vida normal de una persona. Pero es innegable que se está viendo mucho más.

Esta es la conclusión de un estudio publicado el pasado mes de noviembre por científicos de varios centros de investigación italianos, turcos y suizos. En él, no solo analizaron cómo han aumentado estas visualizaciones en general. También señalaron un curioso efecto de la pandemia: el incremento de búsquedas relacionadas con pornografía y coronavirus.

Para su realización se analizaron con Google Trends las búsquedas sobre el tema entre el 9 de enero de 2020 y el 25 de mayo del mismo año. Concretamente, para comprobar si se habían hecho búsquedas sobre porno y coronavirus, se tuvieron en cuenta aquellas que incluían las siguientes combinaciones: "coronavirus + pornografía", "covid + pornografía", "coronavirus + sexo", "covid + sexo".

Una vía de escape al miedo

El resultado del análisis, por rocambolesco que parezca, ha sido que, efectivamente, no solo han aumentado las visualizaciones de pornografía en los países más afectados por la pandemia, también las búsquedas relacionadas con el coronavirus. En Pornhub, por ejemplo, hubo más de 1’8 millones de ellas solo en marzo.

El estudio aclara que estos vídeos suelen incluir a personas manteniendo relaciones sexuales con mascarillas o con guantes. Se dan dos posibles explicaciones para este curioso efecto de la pandemia. Por un lado, los autores creen que podría deberse a “la necesidad constante de las personas de novedad sexual y la capacidad de los humanos para fetichizar prácticamente todo”. Por otro, señalan una posible erotización del miedo, ya que “está bien establecido que las emociones fuertes a menudo se confunden con la atracción sexual”.

De cualquier modo, en principio esto no tendría que considerarse necesariamente como adicción al porno. Son personas huyendo a su manera de una situación que nos ha sobrepasado a todos. Mientras lo hagan de una forma segura y legal, no hay motivos para reproches.

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