Uber sigue su técnica de deshacerse de unidades de negocio no esenciales, especialmente con la llegada del coronavirus. En esta ocasión, le ha llegado el turno a Uber Elevate –el negocio de los taxis voladores–, que ahora forma parte de la compañía aerospacial estadounidense Joby Aviation.

La operación ha seguido la misma línea que la cerrada en mayo de 2020 con Lime. El acuerdo, referente a la división de patinetes, cedía toda la unidad de negocio de Jump a Lime; Uber, por su parte, entraba como inversor en la compañía aportando 170 millones de dólares.

En el caso de los taxis voladores, la situación ha vuelto a replicarse. El acuerdo entre las dos compañías se ha cerrado con la cesión del negocio en cuestión, además de una inversión de 75 millones de dólares en Joby. Una financiación que se une a otra de 50 millones anterior, pero que no llegó a trascender a los medios.

¿Esto quiere decir que Uber se deshace de su idea de seguir acaparando verticales del transporte? La realidad es que es un movimiento estratégico que le permite a Uber liberarse de la carga que supone la creación de vehículos voladores. De esta manera, Joby estará enfocada en el diseño y testeo de los taxis voladores; un sistema que promete tener a pleno rendimiento a partir de 2023.

Uber, por su parte, seguirá con la promoción del negocio a nivel comercial. Ya en 2018, anunciaron que Australia, Brasil, Francia, India y Japón estaban en las quinielas para ser las primeras en probar el nuevo sistema de transporte. Eran las primeras regiones con las que Uber iniciaría contactos con las autoridades para aceptar sus requisitos y negociar los beneficios para ambas.

Todo después de ser probado en 2023 en Dallas y Los Ángeles. No está claro si la pandemia atrasará su implantación. Y no es la primera vez que esta fecha sufre un cambio: en 2017, con el lanzamiento del por entonces Uber Air, ahora Uber Elevate, apuntaba a 2020 como la fecha del primer vuelo en Dubai y Dallas. Ahora, y con los acontecimientos del pasado año y la pandemia, no era el mejor año para ponerse a experimentar.

2020, el año en el que Uber reculó en sus planes

Uber tenía una idea bien clara sobre la mesa para 2020: lograr ser rentables. O, al menos, equilibrar unas cuentas que aún tenían demasiada deuda acumulada. Con la salida a bolsa en 2019, el objetivo del grueso de los inversores estaba claro.

2020 comenzó bien, pero la llegada de la pandemia por el coronavirus arruinó los planes de Uber y la mayor parte de las empresas del sector. Ya a finales de marzo, la tecnológica avisaba que las cuentas del trimestre no serían del todo optimistas, tampoco las previsiones para el resto del curso. Con un parón de la actividad principal de Uber de casi el 70% a nivel mundial, poco se podía hacer con sus números en rojo. Solo Uber Eats –el filón del delivery durante 2020 será motivo de estudio a medio plazo– ha salvado los muebles en la tecnológica. Desde marzo de 2020, la división de reparto a domicilio sostiene gran parte del negocio de la estadounidense.

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