El pasado mes de julio, la historia de la viróloga china Li-Meng Yan, que huyó de su país tras declarar que el SARS-CoV-2 tenía un origen artificial, dio la vuelta al mundo. Los conspiranoicos de la pandemia tenían nuevo material para sus teorías y no iban a desaprovecharlo. En cambio, en el otro extremo, la comunidad científica se mostraba recelosa y pedía pruebas sobre lo que aseguraba. Ahora, dos meses después, esas pruebas se han publicado en la plataforma Zenodo, en un estudio en el que ella y otros tres científicos chinos aportan información que supuestamente acredita que el coronavirus fue creado por el ser humano.

En menos de una semana ya acumula más de medio millón de descargas. Muchas de las personas que lo han leído son científicos que ya han dado su opinión al respecto, negativa en la mayoría de casos. Sin embargo, otras son defensores de la conspiración que, por el hecho de tener a cuatro investigadores chinos doctorados como firmantes consideran que es un documento totalmente fiable. Y no, eso no tiene por qué ser así.

Entonces, ¿fue el coronavirus creado por el ser humano?

Estos cuatro científicos defienden que el coronavirus fue creado por el ser humano a través de un “esqueleto” previo obtenido de otros virus.

Realmente, esta sería la única forma de conseguirlo, puesto que no se puede crear un virus con toda su complejidad desde cero. Buena parte del estudio trata sobre el parecido existente entre el SARS-CoV-2 y algunos coronavirus de murciélago. De hecho, es la base para considerar a estos como los candidatos ideales para haber servido como cimientos.

Y realmente esto es algo que ya se sabía. Efectivamente, el genoma del causante de la COVID-19 tiene un porcentaje muy alto de similitud con el de algunos coronavirus de murciélagos. Precisamente por eso se piensa que el que finalmente terminó “saltando” a los humanos lo hizo desde estos mamíferos voladores.

Los problemas empiezan cuando el estudio señala regiones concretas de su material genético que no parecen cuadrar con el proceso evolutivo normal de un virus. Supuestamente, se trata de pequeñas “pistas” de que podría haber salido de un laboratorio. Sin embargo, llega hasta ellas quedándose con la información necesaria para apoyar su teoría y prescindiendo de toda aquella que pueda refutarla.

Es precisamente lo que ha avisado en su cuenta de Twitter el doctor Kristian Andersen, autor principal del estudio de Nature en el que el pasado mes de marzo se ponía fin a la discusión sobre un origen artificial, mostrándolo como algo extremadamente improbable.

No menospreciemos la evolución

La naturaleza es más perfecta que el ser humano. Curiosamente, una de las razones por las que muchas de las personas que defienden que el coronavirus fue creado es su aparente perfección. Se trata de un virus muy contagioso. Además, mata a muchas personas, pero a la mayoría solo las infecta de forma leve o asintomática. De este modo, favorece la circulación rápida mucho más que si murieran o pasaran mucho tiempo en cama.

Esta perfección basada en el daño justo es propia del azar de la evolución, no de una creación artificial que solo puede valerse de un esqueleto vírico previo.

Por otro lado, cuenta con peculiaridades como una estrategia defensiva contra el sistema inmunitario humano que nunca podría haberse adquirido cultivándolo en una placa de laboratorio. Solo podría llegar hasta ahí “entrenándose” contra las defensas de sus hospedadores.

Yan no cita estos detalles. Sí señala otros referentes a regiones de su genoma que no se parecen a los de ningún virus desarrollado en la naturaleza. Sin embargo, Andersen apunta a que llega a esta conclusión dejando a un lado datos sobradamente conocidos sobre el material genético de numerosos virus, tanto de murciélago como de pangolín.

En definitiva, los datos que aportan estos científicos no son sólidos y están construidos a base de retazos sesgados de información que ya estaba disponible. Posiblemente, por ese motivo el estudio no haya pasado, al menos de momento, la fase de preprint, en la que no se han contrastado ni su metodología ni su contenido y, por lo tanto, un grupo de científicos expertos en la materia no lo ha aceptado para su publicación.

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La implicación de Bannon

Los autores de este controvertido estudio están afiliados a la Rule of Law Society y la Rule of Law Foundation, dos organizaciones sin ánimo de lucro dirigidas con anterioridad por el ex asesor de Donald Trump, Steve Bannon, quien actualmente enfrenta cargos por defraudar millones de dólares.

Pero no es la única persona de nombre controvertido que se encuentra detrás de estas entidades. Ambas fueron fundadas con la colaboración de Guo Wengui, un multimillonario chino fundador del sitio de noticias G News, en el que se han publicado numerosas historias sin fundamento científico sobre la teoría del coronavirus creado por el ser humano.

En estas, además, se suele defender que tras la creación en el laboratorio el patógeno fue liberado de forma intencionada por militares chinos.

Guo huyó de su país en 2014, después de que el gobierno del Partido Comunista lo acusara de soborno y fraude. Pero no era su primer encontronazo con estos, pues previamente había sido él quien había acusado a sus funcionarios de corrupción. Y lo hizo precisamente con la colaboración de Bannon.

¿Significa eso que toda esta conspiración no es otra cosa que un intento del millonario por desprestigiar al gobierno del país asiático?

Cada cual que plantee su propia opinión. Lo que está claro es que la ciudadanía no tendría que verse inmersa en una disputa política y que, sin embargo, aparte del miedo de estar en mitad de la primera gran pandemia de este siglo, tenemos que lidiar contra bulos y noticias generados en el seno de una lucha que no es la nuestra. Por eso, como población solo debemos confiar en la ciencia. Asidos a ella, podremos ver que las evidencias disponibles apuntan a que este estudio está muy lejos de ser fiable.