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– Ago 24, 2020, 10:00 (CET)

Estos ejemplos te harán entender por qué no debes fiarte de todo lo que diga un Premio Nobel

Los Premios Nobel que se equivocan en ramas de la ciencia que no son la suya muestran que ni siquiera las declaraciones de un científico deben tomarse como definitivas sin contrastarse.

Las batallas son mucho más difíciles de ganar cuando los miembros de tu propio ejército se unen al enemigo. Los símiles bélicos no son siempre apropiados, pero cuando hablamos de combatir bulos, quizás sean los más adecuados. Aunque no debería ser así, se crean dos bandos, y las consecuencias si no se logra frenar la desinformación pueden ser una catástrofe. Por eso, que haya científicos en las filas de negacionistas y defensores de otros mitos supone un grave peligro. Además, si también cuentan con un premio Nobel, sus argumentos se convierten en armas arrojadizas contra la evidencia científica. Sin embargo, hay muchos Premios Nobel que se equivocan al hablar de otras ramas de la ciencia.

Una persona puede haber desarrollado un trabajo tan bueno en su campo como para ser merecedor del Premio Nobel, pero a la vez tener pleno desconocimiento de otras ramas de la ciencia. Haber estudiado una carrera científica no otorga a nadie la verdad absoluta sobre nada. Por eso es tan importante contrastar toda la información que nos llegue en suficientes fuentes fiables. Y, de paso, conocer algunos ejemplos de científicos que, a pesar de tener un Premio Nobel, llegaron a meter la pata estrepitosamente.

James Watson y el racismo

subasta del Premio Nobel
El Dr. James Watson.

Junto a su compañero Francis Crick, James Watson es famoso por haber descubierto en 1953 la estructura de la molécula de ADN. Esto le valió a ambos y a Maurice Wilkins el Premio Nobel de medicina en 1962.

Hoy sabemos que ese premio debería haber caído también en las manos de Rosalind Franklin, pues sin las imágenes que ella tomó mediante difracción de rayos X difícilmente habrían llegado a tal hallazgo. No solo no se le dio todo el crédito que merecía, sino que, en un libro escrito sobre todo el proceso que les llevó hasta el galardón, Watson llegó a hablar de ella de una forma totalmente despectiva, con frases como que “habría podido resultar muy guapa si hubiera mostrado el menor interés por vestir bien”.

Pero ese no fue el único atropello científico de la historia de Watson. También es conocido por haber usado sus conocimientos de genética para exponer proclamas racistas que, en el fondo, no gozan de ningún tipo de evidencia.
Todo empezó en 2007, cuando en una entrevista para The Sunday Times aseguró que las políticas de cooperación para el desarrollo en África se basan en la teoría de que su inteligencia es la misma que la nuestra; a pesar de que, en realidad, no es así.
Numerosas veces desde entonces ha mantenido su postura, alegando diferencias genéticas entre negros y blancos. No hay una sola evidencia de que lo que declaró sea cierto. De hecho, ha sido rebatido por muchos científicos, que recuerdan que las poblaciones no han estado suficientemente aisladas para que haya diferencias genéticas a nivel cognitivo.

Kary Mullis y el negacionismo, un claro ejemplo de premios Nobel que se equivocan

Tim Hunt

El nombre de Kary Mullis se está escuchando mucho en boca de los negacionistas del coronavirus, pues lo utilizan como pretexto para criticar la técnica que él mismo desarrolló.

Este bioquímico ganó el Premio Nobel de Química en 1993 en reconocimiento a la invención de la PCR. A él le debemos en parte el control de muchos de los brotes de SARS-CoV-2 que están plagando el planeta. Sin embargo, los negacionistas del coronavirus dicen que él mismo dijo que su prueba no sirve para el diagnóstico.

En realidad, esto no es cierto, pues la frase que se le atribuye forma parte de un artículo redactado en 1996 por el reportero John Lauritsen. En él, asegura que “la PCR está diseñada para identificar sustancias cualitativamente, pero por su propia naturaleza no es adecuada para estimar números”. Esto se ha extrapolado a que sirve para pruebas de identificación, como las de paternidad, pero no para obtener diagnósticos. Además, se ha difundido falsamente que fue Kary Mullis quién la dijo, por algo que sí que une al científico con Lauritsen: ambos eran negacionistas del VIH.

Es aquí donde Mullis entra a formar parte del club de Premios Nobel que se equivocan en ramas científicas que no son las suyas. En numerosas ocasiones aseguró que el SIDA existía como enfermedad, pero que no había un virus que lo generara. Lo que no hizo nunca fue decir que, de haberlo, no pudiera diagnosticarse con la PCR.

Este no fue el único error del bioquímico estadounidense. También era negacionista del cambio climático y llegó a reconocer que creía en la astrología. Le debemos mucho, sí, pero en su campo. Mejor no hacer mucho caso a lo que dijo fuera de él.

Luc Montagnier, la homeopatía y la conspiración

Del negacionista del VIH, a su descubridor. En 2008, Luc Montagnier ganó el Premio Nobel de Medicina junto a otros dos virólogos, su alumna Françoise Barré-Sinoussi y el alemán Harald zur Hausen. Montagnier y Barré-Sinoussi obtuvieron el galardón por su trabajo detrás del hallazgo del VIH. Zur Hausen lo hizo por el descubrimiento del virus del papiloma humano.

Volviendo al virólogo francés, sin duda desarrolló un gran trabajo en el área de la virología. Sin embargo, en 2010 su reputación quedó en entredicho por sus declaraciones en la reunión de Premios Nobel de Lindau.

En ella, expuso un nuevo método de detección de infecciones virales cuyo fundamento era muy similar al de la homeopatía. Desde entonces, los defensores de esta pseudociencia utilizan siempre su nombre para dar más veracidad a sus teorías.

Por si eso fuera poco, este año también llegó a meter la pata en su propia área de investigación. Y es que, al principio de la pandemia, aseguró que el SARS-CoV-2 podría haber sido creado por el hombre durante un intento para crear una vacuna contra el VIH. Basaba esto en que, supuestamente, contenía fragmentos sospechosos de este virus en su genoma. Lógicamente, al ser ambos virus, pueden tener ciertos puntos en común. No obstante, según declaró a Science News la epidemióloga Suiza Emma Hodcroft, hacer estas afirmaciones sería como ver la palabra “la” en la Odisea y, al abrir otro libro y observar la misma letra, asegurar que este contiene fragmentos de la obra de Homero.

No te fíes

Estos Premios Nobel que se equivocan en sus afirmaciones sobre ciencia son solo unos ejemplos. No obstante sirven a la perfección para entender que debemos contrastar la información absolutamente siempre. Un físico puede saber mucho sobre agujeros negros, pero no tener ni idea sobre la transmisión de enfermedades ligadas al cromosoma X. Incluso puede que un físico especializado en física nuclear tampoco tenga la menor idea sobre agujeros negros.

Un enlace a las declaraciones de un científico no hace que un bulo deje de serlo. Un enlace a estudios científicos correctamente contrastados sí. Las declaraciones de numerosos expertos en esa materia concreta, también. Aprendamos a contrastar la información, porque en esta pandemia, dadas las circunstancias, empieza a irnos la vida en ello.