Poco después del inicio de la pandemia de coronavirus comenzaron a llegar los primeros mensajes sobre intoxicaciones provocadas por productos de limpieza. Esto ha sido un problema en todo el mundo, pero especialmente en Estados Unidos. En realidad no es extraño si se tiene en cuenta que su propio presidente ha sugerido públicamente los posibles beneficios de inyectarse lejía. Afortunadamente, no parece que ese disparatado mensaje haya calado totalmente en la población. Sin embargo, sí que se conocen cada vez más casos de problemas de salud causados por un mal uso de la lejía y otros desinfectantes.

Es precisamente lo que se explica en un informe publicado recientemente por el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC). En él, se muestran los resultados de una encuesta en la que buena parte de los estadounidenses aseguran saber bien cómo desinfectar de una forma segura; aunque, a la hora de la verdad, muchos acaban metiendo la pata.

Mal uso de la lejía, en todos sus formatos

La lejía, como el alcohol, se ha convertido en el desinfectante estrella durante esta pandemia.

Ambas sustancias han mostrado eliminar al coronavirus con gran eficacia, por lo que se ha recomendado insistentemente su uso por encima del de otras opciones no homologadas, como el ozono. No obstante, un mal uso de la lejía, el alcohol o cualquier sustancia similar puede ser tan peligroso como enfermar.

Por suerte, parece ser que la mayoría de la población ha asumido que beber lejía deliberadamente no es una buena idea. Sin embargo, esta no es la causa de la mayoría de intoxicaciones.

El informe del CDC apunta principalmente a acciones como lavar la fruta y verdura directamente con lejía, inhalar adrede sus vapores o limpiarse la piel con ella.

Es cierto que lo primero puede ser recomendable, pero no de cualquier forma. Para empezar, no todas las lejías son adecuadas. Solo deben usarse aquellas cuya etiqueta indique que son aptas para la desinfección de agua de bebida. Además, no puede utilizarse directamente, sino con una dilución adecuada. Según explican en la página de la Agencia Española del Consumo y la Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN), será necesario sumergir la fruta en cuestión durante 5 minutos en agua potable con 1 cucharita de postre de lejía (4,5 ml) por cada 3 litros de agua. Finalmente, se aclara con abundante agua corriente.

Si esto no se realiza de forma adecuada, pueden quedar restos tóxicos en los productos, que finalmente terminaríamos comiendo.

¿Realmente creemos que lo hacemos bien?

En la encuesta realizada por el CDC, el 39% de los 502 participantes admitieron realizar alguna actividad peligrosa, como las mencionadas con anterioridad.

No obstante, el 51% de ellos aseguraron saber perfectamente cómo se deben usar los productos desinfectantes. La mayoría, en cambio, reconocieron no saber bien cómo almacenarlos. Además, solo el 54% sabía que los desinfectantes de manos deben mantenerse fuera del alcance de los niños.

Lo peor de todo es que muchos tampoco sabían lo peligroso que puede ser mezclar lejía con sustancias como el amoníaco o el vinagre. Y, como cabía esperar, el 25% manifestó haber experimentado problemas más o menos graves de salud después de las maniobras de desinfección.

Por todo esto, la institución estadounidense reitera la importancia de educar a los consumidores sobre los peligros que puede acarrear un mal uso de la lejía, el alcohol o cualquier sustancia similar. Gracias a ellas hemos podido atravesar una época convulsa con algo más de tranquilidad. No obstante, un gran poder conlleva una gran responsabilidad, incluso cuando ese poder consiste simplemente en disponer de una botella de lejía en casa.

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