Durante el tiempo que llevamos conviviendo con el coronavirus, muchas palabras se han sumado a nuestro vocabulario: número de reproducción básica, preprint, tormenta de citoquinas… Por supuesto, también hemos aprendido muchos sobre desinfectantes, desde la famosa lejía hasta el ozono.

Este último es precisamente uno de esos conceptos que hemos aprendido en esta época. Estábamos acostumbrados a leer sobre él en lo referente a la protección de la Tierra frente a radiaciones ultravioleta, pero no tanto en relación a eliminar patógenos. Hemos visto cómo se ha usado para desinfectar vehículos y edificios de todo tipo. Incluso algunos comerciantes han empezado a comprar máquinas esparcidoras de este gas para desinfectar sus establecimientos. ¿Pero cómo lo hace? ¿Es realmente tan efectivo como parece? Y más importante aún, ¿podemos utilizarlo sin necesidad de seguir ninguna precaución? Ante el uso cada vez más extendido de esta sustancia y el desconocimiento de la población al respecto de estas preguntas, el Ministerio de Sanidad ha lanzado recientemente unas recomendaciones para su uso. El resumen es que aún tenemos mucho que aprender al respecto y que, hasta entonces, es necesario actuar con cautela.

¿Por qué se usa el ozono como desinfectante?

El ozono (O3), es un compuesto formado por tres átomos de oxígeno, que se origina cuando uno de los átomos resultantes de la separación de una molécula de gas oxígeno (O2) se une a una molécula completa.

Su uso como desinfectante se basa en su poder oxidante. Esto quiere decir que tiende a oxidar a otros compuestos, al robarles electrones.

Esto le convierte en un agente muy eficaz para luchar contra un gran número de microorganismos, aunque no todos son igual de susceptibles. En el caso de los virus, sus “víctimas” potenciales son los encapsulados; entre los que, efectivamente, se encuentra el SARS-CoV-2. De hecho, este cuenta con una envoltura rica en cisteína, un aminoácido que al oxidarse pierde un “fragmento” esencial para que el virus se pueda unir a la membrana de la célula y penetrar en ella.

Esto convierte al ozono en un posible candidato para limpiar las superficies de coronavirus. Ya lo hizo en el pasado con otros, como el SARS-CoV-1, y se sospecha que podría volver a ser útil. No obstante, es importante tener en cuenta que su “superpoder” lo convierte también en un potencial enemigo.

Advertencias frente al uso de ozono

Según la empresa australiana de monitorización de la calidad del aire Aeroqual, respirar pequeñas cantidades de ozono puede ser muy dañino. Al ser un potente oxidante con una buena solubilidad, puede actuar directamente en las vías respiratorias superiores, causando síntomas como tos o dificultad para respirar. Además, puede empeorar la evolución de ciertas enfermedades respiratorias, como el asma.

Por todo esto, es necesario tener muy en cuenta las restricciones en su uso impuestas por las autoridades sanitarias. En el caso del Ministerio de Sanidad, en el informe emitido la semana pasada se recuerda que, al contrario que otros biocidas, los dispositivos de administración de ozono mediante maquinaria in situ se encuentran aún en evaluación por parte de la Unión Europea. Debido a esto, no cuentan con un etiquetado que avise de su peligrosidad y usos y se puede caer en una mala utilización.

Para evitar que esto ocurra, es importante tener en cuenta algunas recomendaciones. La primera, y muy importante, es no usarlo en presencia de personas. Solo podrán estar cerca las que se encarguen de su aplicación, que deberán contar con equipos de protección adecuados. Además, se debe ventilar el lugar que se va a desinfectar antes de su uso. Finalmente, es importante evitar que entre en contacto con sustancias inflamables o con otros productos químicos con los que pueda reaccionar.

Por todo esto, si bien el ozono puede ser útil para desinfectar lugares muy concretos, siguiendo unas medidas muy importantes, no parece la mejor opción con fines cotidianos. En el caso de nuestras viviendas, la lejía y el alcohol siguen siendo los mejores candidatos. En el de los establecimientos, sus responsables deben seguir las indicaciones comunicadas por las autoridades competentes. No olvidemos que, desde que empezó el confinamiento, los casos de intoxicaciones han experimentado un intenso repunte. No debemos arriesgarnos a mermar nuestra salud a la vez que intentamos salvarla. Parece sencillo, pero a veces el miedo nos ciega, y eso es algo con lo que también debemos lidiar.