Desde que se descubrió el SARS-CoV-2, la información sobre él ha ido variando, a medida que se han realizado nuevos estudios al respecto. Por ejemplo, si bien en un inicio se habló de que podría durar hasta 9 días en muchas superficies, con el tiempo se han llevado a cabo nuevos análisis, más específicos, que han determinado una duración menor bajo condiciones cambiantes de humedad y temperatura y para cada material diferente.

Sea cual sea este periodo, está claro que el contacto con objetos contaminados es una de las formas más habituales de contagio de este coronavirus, por lo que es muy importante intentar desinfectar a menudo superficies de uso muy común, como los pomos de las puertas, los botones de ascensor o las barandillas.

Se ha comprobado que sustancias muy comunes, como la lejía o el alcohol son muy eficaces para inactivar el virus prácticamente en su totalidad. Sin embargo, eliminan el que ya está, pero no evitan que, poco después, la zona se pueda volver a contaminar. Por eso es tan interesante el recubrimiento desarrollado por un equipo de científicos de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Hong Kong (HKUST), que no solo elimina este y otros patógenos; sino que, además, promete proteger las superficies en las que se deposita durante un periodo de hasta 90 días.

Polímeros contra el coronavirus

En realidad, este recubrimiento, bautizado como MAP-1, no se ha desarrollado específicamente para proteger las superficies del coronavirus. De hecho, es el resultado de un proceso de diez años de investigación y desarrollo, dirigidos a obtener un producto que, depositado sobre un objeto, lo proteja de la proliferación de bacterias y la permanencia de virus activos.

Está formado por millones de nanocápsulas cargadas de desinfectante y rodeadas de unos polímeros que potencian su acción por efecto del calor. Esto significa que, por ejemplo, al posarse una mano humana sobre una barandilla revestida con MAP-1, este liberará aún más desinfectante del que ya de por sí había en la superficie.

Las pruebas clínicas realizadas en el hospital de Hong Kong han determinado que no es tóxico y, además, es seguro para la piel y para el medio ambiente. Por eso, ya ha sido aprobado para su comercialización y llegará a las tiendas de Hong Kong en mayo. De momento, ya se ha utilizado en iglesias, centros comerciales, escuelas y pabellones deportivos de dicha ciudad, siempre con buenos resultados.

Sin duda es un gran momento, ahora que la vuelta a la normalidad en China obliga a extremar las precauciones para evitar nuevas oleadas de contagio de la COVID-19. Por eso, en un comunicado de la universidad, los investigadores responsables del desarrollo de esta sustancia han explicado que, aun habiéndose empezado a desarrollar antes de que se conociera la existencia de este coronavirus, las pruebas llevadas a cabo han mostrado que puede inactivar hasta el 99’99% de las partículas de calcivirus felino, “un estándar de oro de la desinfección”, mucho más resistente que el SARS-CoV-2.