Malas noticias para las grandes inversiones en el sector tecnológico; aunque, en realidad, las cifras publicadas por SoftBank no son una sorpresa.

Uber –dentro de la cartera del fondo japonés– avisaba semanas antes de la presentación de cuentas que estas iban a ser malas. Incluso tiraban por la borda sus previsiones para 2020 abandonando el ideal de la rentabilidad para el presente año. Al final, la cuenta se saldó con pérdidas de 2.940 millones de dólares siendo UberEats la tabla salvavidas de la compañía.

Las cosas no iban a ser mucho mejores para SoftBank, que además arrastra desde el año pasado la caída de WeWork –la que había sido una de sus inversiones estrella.

De esta forma, SoftBank que acaba de presentar resultados para el primer trimestre de 2020 demuestra el efecto que ha tenido su arriesgada estrategia para sus cuentas. El efecto Uber y WeWork, sin desmerecer otras inversiones, se ha saldado con pérdidas de 16.647 millones de euros. El golpe de gracia para el fondo japonés, materializado a través de Vision Fund, ha venido de la mano de la COVID-19. Una pandemia que ha afectado de lleno algunas de sus compañías en cartera.

Son conscientes, además, de que la situación para las inversiones de Vision Fund no tienen, al menos a corto plazo, ninguna vista a mejorar. La incertidumbre generada por la pandemia no solo tiene un efecto directo sobre la actividad de las empresas, también sobre el devenir de las inversiones de los próximos meses. Porque si algo está claro es que cuando la incertidumbre entra por la puerta, el dinero sale por la ventana.

Con estas circunstancias, SoftBank ya anunció en marzo la venta de 18.000 millones en activos no estratégicos para aligerar deuda. No ha sido suficiente para mejorar la perspectiva de la compañía ante los inversores.

De hecho, la grave situación del fondo se ha saldado con la primera caída. Jack Ma, cofundador de Alibaba y miembro del consejo de SoftBank, ha anunciado que dejará el puesto que mantenía desde 2007. Sobre esta salida, la compañía no ha querido dar más detalles, aunque Ma ya apuntó el año pasado su intención de dedicarse a la filantropía.

El desastre de WeWork

La decepción en bolsa de Uber apuntaba a un 2019 complicado para uno de los principales inversores de la compañía. En este caso SoftBank.

La estrategia del fondo japonés venía siendo un problema desde hacía tiempo. Ya algunas de las compañías punteras de Silicon Valley venían rechazando la entrada del fondo nipón por lo agresivo de sus peticiones. Y es que la tendencia está clara: coger una compañía que puede crecer vía talonario cambiando un sector polémico completamente –y controlarlo–. En cuanto sea posible, salir a bolsa para recuperar la inversión. La rentabilidad quedaría en un segundo plano.

La tendencia que en Uber ha tenido algo de éxito, pese a sus últimas cifras, se ha cobrado su primera víctima. El caso de WeWork estallaba en las manos del fondo semanas antes de salir a bolsa, durante el verano de 2019. Desde entonces, y tras la salida del fundador Adam Neumann de la compañía, el fondo heredó la envenenada tarea de salvar la compañía de alquiler de oficinas.

6.216 millones de euros en pérdidas le ha costado WeWork a SoftBank según sus cuentas. Y esto sin tener en cuenta que el fondo no ha llevado a cabo la promesa de compra de acciones de la compañía, por valor de 3.000 millones, para salvarla de su complicada situación financiera. Motivo por el que Neumann ha demandado a SofBank por incumplimiento de contrato y abuso de poder para tumbar el acuerdo. Esta se escuda en la larga lista de investigaciones penales pendientes de WeWork, además de un intento de Neumann por cambiar el acuerdo a su favor.

Una situación que viene arrastrando desde verano, cuando su salida a bolsa se cancelaba al salir a la luz unas cuestas sin apenas viabilidad y un negocio sobredimensionado a punto de estallar.