Corea del Sur es uno de los países más referenciados en la lucha contra la COVID-19. Tras una exposición temprana a raíz de un gran brote de casos en torno a una secta religiosa, la potencia asiática había logrado contener la epidemia. Hasta esta última semana, donde se vuelve a medir un repunte de más de un centenar de casos de coronavirus en Corea del Sur.

La estrategia del país combina una gran infraestructura de testado y trazado de los contactos con unas prácticamente inexistentes directrices de confinamiento. Esto es, a penas ha reducido su actividad durante la pandemia. Tras este repunte de transmisión comunitaria, echan mano de una herramienta más agresiva: los datos de las operadoras, tarjetas de crédito e incluso de las cámaras de vigilancia.

Pragmatismo ante privacidad para frenar el coronavirus en Corea del Sur

Y es que visto el historial del país, no parece tan difícil que un "supercontagiador" acabe generando un rebrote que se traslade en centenares de muertes. Es lo que ocurrió el pasado febrero, y lo que las autoridades locales intentan evitar ahora recurriendo a los datos de localización de la forma más directa posible.

El nuevo rebrote es comparativamente reducido al inicial, pero ya se cuentan más de 119 casos relacionados con un único hombre de 29 años que había acudido a la zona de bares del distrito de Itaewon en Seúl. Al menos 43 de estas infecciones serían secundarias, según indica el medio The Korea Herald, por lo que la capacidad para localizarlos es vital. 76 de estos casos corresponden a personas localizadas en el popular distrito coreano.

Al menos 22.000 personas han sido vinculadas en torno a la red de infecciones de Itaewon. De estas, 10.905 fueron localizadas por las teleoperadoras, al pasar al menos 30 minutos en el área entre el 24 de abril y el 6 de mayo. Al menos otras 494 personas fueron vinculadas mediante los pagos con sus tarjetas de crédito.

Unicamente 9 de los 51 pubs en Itaewon habían confirmado casos, según recoge desde Seúl el diario Straits Times. No obstante, más de 2.000 locales han sido cerrados, por orden del alcalde de Seúl, para evitar nuevos casos que pongan en riesgo la estabilidad sanitaria conseguida. Así lo contaba la agencia de noticias France24.

Según recoge el diario local The Korea Herald, es el director general del Centro para el Control de Enfermedades de Corea del Sur quien explica la relevancia de poder rastrear estos contactos de una forma rápida y efectiva para contener la propagación del coronavirus en Corea del Sur:

"Los contactos abarcan desde un bebé de 1 año hasta un anciano de 84 años. En particular, el virus se está propagando a personas cercanas (pacientes) como padres, abuelos, sobrinos, sobrinas y hermanos. Un retraso en el diagnóstico podría causar transmisiones secundarias y terciarias y exacerbar el daño".

El anonimato, en riesgo

Cuando se busca la trazabilidad de este tipo de brotes, el tiempo apremia. No es, sin embargo, el único factor del que depende el éxito de las nuevas políticas. Daños colaterales son la privacidad y el anonimato de los ciudadanos.

Y es que con este nuevo brote del coronavirus en Corea, la identificación de los individuos puede comprometer los derechos y libertades de los ciudadanos. Especialmente los del colectivo LGTB, que afronta un crecimiento de la homofobia y el estigma social entre la ciudadanía con cierto miedo de que puedan filtrarse sus identidades.

A pesar del trazado, las autoridades no han conseguido dar con la totalidad de los ciudadanos, a quienes se han enviado varios mensajes. Al menos unos 2.000 casos siguen sin acotarse y testarse, mientras la policía del país ha prometido que se mantendrá el anonimato en este caso. Asimismo, las autoridades sanitarias han recordado que publicar datos sensibles es ilegal y que se actuará acordemente. Todo ello, para favorecer que sean los propios usuarios los que acudan a realizarse la prueba.