Las historias sobre El Holocausto Nazi y sus horrores han sido uno de los temas favoritos en cine y televisión durante los últimos cuarenta años. En el nuevo milenio, las cosas no parecen ser distintas: mientras Jojo Rabbit, de Taika Waititi, sigue causando sensación en las carteleras del mundo y la novela El Tatuador de Auschwitz, de Heather Morris, se encuentra tras dos años de su publicación entre la lista de los más leídos en EE.UU., la serie Hunters, de Amazon Prime Video, trae de nuevo al ojo público las historias de los nazis tras la Segunda Guerra Mundial. El argumento, además, explora una historia inquietante: la de los llamados cazadores de nazis, que según rumores y leyendas urbanas pulularon durante años a través de Europa y América.

‘Hunters’, primera temporada: los malditos bastardos contra la utopía nazi

Como era previsible, el show ha despertado controversia e interés, pero mucho más al conocerse que su retorcida historia está basada en hechos más cercanos a la realidad de lo que puede esperarse. Esta es a llamada Operación PaperClips, relacionada con la postura de Washington con respecto a la presencia de refugiados y figuras políticas alemanas luego de la caída del Tercer Reitch.

Una historia misteriosa

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La postura de Estados Unidos sobre los refugiados alemanes, una vez culminada la Segunda Guerra Mundial, siempre fue un tanto ambigua. Tanto como para preocupar a historiadores y, sobre todo, a la comunidad judía del país.

Lo cierto es que a pesar de la postura oficial de rechazo a cualquier tipo de elemento relacionado con la Alemania nazi muchos de los funcionarios que trabajaron para Hitler fueron indultados e incorporados a la sociedad estadounidense de forma sutil y secreta. En especial, hubo un enorme componente de científicos alemanes —y que presumiblemente trabajaron para la maquinaria del nazismo— involucrados en todo lo referente y relacionado con el desarrollo de la de energía nuclear y los avances científicos que rodearon el tema.

Hunters trae de nuevo la polémica a colación al mostrar en su primer episodio a una científica de la NASA cuyo pasado está conectado directamente con el nazismo. Esto parece hacer referencia directa a las condiciones especiales —ambiguas y la mayoría de las veces repudiables— que permitieron a científicos acusados de diversos crímenes, formar parte de la sociedad estadounidense y, lo que es más peligroso aún, de estamentos de poder de considerable importancia en las décadas siguientes.

‘Hunters’, un éxito de audiencia, pero bajo el ojo de la polémica

De hecho, hay un referente directo a la situación que narra el argumento de Hunters: el ingeniero Wernher von Braun, — que durante la Segunda Guerra Mundial se especializó en misiles para la maquinaria nazi — fue absorbido por ejército norteamericano para diseñar mecanismos semejantes — desde cohetes hasta artefactos teledirigidos — para la NASA. Durante los años siguientes a la caída del Tercer Reitch hubo denuncias relacionadas con la forma como el gobierno estadounidense brindó indultos inmerecidos a personas relacionadas e involucradas con crímenes de considerable gravedad, que no llegaron a ser analizadas más allá de artículos con cierto aire amarillista y en algunos foros específicos.

También hubo rumores — jamás confirmados y mucho menos, con fundamento alguno — sobre muertes en extrañas circunstancias de hombres y mujeres alemanes beneficiados legalmente por el país.

Sin embargo, más allá de las leyendas urbanas relacionadas al tema, hay poco material verídico al respecto.

Un mundo complicado

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Tras de la victoria de los Aliados sobre el eje del mal hubo discusiones en sobre la disparidad del desarrollo tecnológico entre los países. En específico, EE.UU. estaba muy preocupado por el hecho que la Alemania nazi había logrado adelantos muy concretos en campos científicos de enorme interés para el país.

Un ejemplo que se analizó por años fue el hecho de que el nazismo había logrado considerables avances sobre el álgido tema de la energía nuclear, pero ningún medio para la crear bombas dirigidas a un objetivo concreto.

Al acabar la Segunda Guerra Mundial y después de que los territorios controlados por Hitler fueran repartidos y fragmentados entre los triunfadores, la percepción sobre las diferencias científicas aumentó. En especial después de que varios países fueran administrados de manera temporal por los triunfadores, lo que permitió el acceso a sus secretos militares y, también, a los considerables recursos de los que disponían. Y aunque esta estratificación tenía por objetivo ayudar en la recuperación de los países tras la guerra, tanto EE.UU. como la URSS aprovecharon la oportunidad no solo para recopilar secretos de Estado, sino además para captar a los mejores talentos en pro de sus intereses.

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De hecho, el presidente Truman creo la llamada “Operación Overcast” gracias a la cual los inmigrantes nazis de interés científico para la seguridad nacional de EE.UU. podían obtener la documentación necesaria, a pesar de los probables — y en algunos casos, comprobados delitos — que pudieran cometer. El proceso evolucionó y comenzó a reclutar científicos con estrecha relación con el Tercer Reitch y pasó a llamarse “Operación Paperclip”. Entre los numerosos nuevos talentos asimilados por el ejército de EE.UU., se encontraban auténticos criminales de Guerra que de otra forma habrían sido ejecutados en Europa debido a sus crímenes.

Para Norteamérica, se trató de una apuesta arriesgada que le permitió desarrollar su plan nuclear, y culminar con éxito la carrera espacial. Walter Schreiber, Arthur Rudolph o Hubertus Strughold fueron algunos de las fichas nazis perdonados y animados por el gobierno estadounidense.

Hunters, desde su visión cruel y llena de tintes de humor negro, recupera este triste capítulo de la historia norteamericana, y además trae de nuevo al debate la noción y percepción sobre lo que ocurrió con la mayoría de los prófugos nazis después de la Segunda Guerra Mundial, más allá de las cuestionables decisiones gubernamentales relacionadas con la operación PaperClip.

De hecho, la persecución contra los criminales nazis sigue vigente: en 2018 fue deportado, desde EE.UU. a Alemania, Jakiw Palij, un miembro de la SS de 95 años de edad. Una prueba que la memoria histórica sobre la tragedia ocurrida en los Campos de Concentración sigue siendo un tema crítico dentro de la percepción colectiva sobre la Segunda Guerra Mundial.

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