La pandemia del coronavirus, el patógeno surgido de la localidad china de Wuhan, ha cambiado las costumbres de buena parte del mundo en muy poco tiempo. Esta circunstancia, además de horror, debería causarnos cierta maravilla porque nos sirve para constatar el hecho de que hemos logrado una humanidad casi completamente interconectada, y no solo de forma virtual, algo inasumible hace solo unas décadas. Así, la prevención para que evitemos el contagio del covid-19 es esencial, y por ese motivo debemos permanecer en nuestros hogares, salir lo mínimo posible, prescindir entonces de las interacciones físicas y lavarnos bien las manos más a menudo.

Y, aunque es de suponer que los encuentros con otras personas deben haber disminuido en nuestra rutina barrida por la pandemia, dándose el caso, entre las interacciones prescindibles están los saludos con los apretones de manos habituales, besos o abrazos. Por esta razón, han surgido diferentes propuestas para sustituir tales gestos por otros menos peligrosos que no nos transmitan el condenado bicho, desde saludarse uniendo los codos, inclinando la cabeza o, faltaría más, como el primer oficial Spock en la saga cinematográfica de Star Trek (Gene Roddenberry, desde 1966).

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Para el saludo que realizan los nativos de Vulcano, el planeta del que procede este miembro alienígena de la Flota Estelar asignado a la nave USS Enterprise como oficial científico de abordo, consiste en alzar la mano con la palma hacia delante, el pulgar extendido y los dedos corazón y anular separados, y suele acompañarse de estas palabras: “Dif-tor heh smusma”, buenos deseos cuya traducción sería la siguiente: “Larga vida y prosperidad”, a lo que se responde algo muchísimo menos conocido por el gran público: “Paz y larga vida”, aunque a veces se intercambia el orden de las frases.

Una fórmula similar la encontramos en una antigua bendición egipcia que puede aparecer después de los nombres de los faraones en los jeroglíficos, en el Deuteronomio (5:33), en la célebre obra shakespeareana Romeo y Julieta (1594), en la semblanza criminal de The True and Genuine Account of the Life and Actions of the Late Jonathan Wild (Daniel Defoe, 1725), en la novela Trilby (George du Maurier, 1894) o como una cita del ensayo Cuando conocí a Stephen Crane (Willa Cather, 1900), que la autora atribuye al susodicho novelista norteamericano.

Fue en el episodio “Amok Time” (2x01) de la primera serie de Star Trek (1966-1969), dirigido por Joseph Pevney y con guion del literato Theodore Sturgeon, cuando conocimos este popular saludo. Fue ideado por el propio Leonard Nimoy, que encarnó a Spock en diez ocasiones antes que Zachary Quinto en las nuevas películas (J. J. Abrams, Justin Lin, desde 2009) o Ethan Peck en la serie Star Trek: Discovery (Bryan Fuller y Alex Kurtzman, desde 2017), y lo describió como “una versión de doble dedo del signo de la victoria de Winston Churchill” durante una entrevista para The New York Times en 1968.

Pero, más tarde, en su autobiografía I Am Not Spock (1975), explicó que se había basado en la bendición sacerdotal judía que representa la letra hebraica Shin, que se hace igual que en el mundo del oficial extraterrestre pero con ambas manos y los pulgares unidos y que le impresionó en su infancia cuando fue con su abuelo a una sinagoga ortodoxa y la contempló. Muchos trekkies, impresionados también por la space opera de Roddenberry, y otros cinéfilos han sugerido el saludo vulcano contra la infección; y hasta George Takei, el tripulante Hikaru Sulu en Star Trek, lo propuso en Twitter, y un médico en una reunión reciente del Partido Demócrata. Menos inconsciencia ante el coronavirus y más larga vida y prosperidad.

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