– Ene 2, 2020, 15:20 (CET)

Estas son las razones por las que sí se puede morir a causa de la contaminación

La contaminación ambiental ya está generando problemas de salud que pueden terminar en la muerte, pero esto es solo el principio.

Las primeras polémicas de 2020 nacidas en el ámbito de la política no se han hecho esperar y no todas han tenido que ver con la próxima investidura del nuevo gobierno. Una de las que más han dado que hablar ha sido la surgida de las declaraciones de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, quien el 1 de enero afirmó en una entrevista para la cadena Ser que no debería crearse una alarma pública con motivo de la contaminación ambiental madrileña; pues, según ella, nadie ha muerto por este motivo.

Como es lógico, sus palabras no tardaron en generar respuestas, tanto de la población general como de los políticos y, lógicamente, también de los científicos. Es el caso del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), en cuya cuenta de Twitter se publicaron una serie de entradas aludiendo a estudios que demuestran que lo que dijo la política del Partido Popular carece de fundamento científico. Sí que se puede morir a causa de la contaminación y no es necesario viajar muy lejos para encontrar concentraciones que ya sean perjudiciales para la salud a este nivel. La propia ciudad de Madrid es un buen ejemplo de ello y lo peor es que si no se le da la importancia que merece a este problema las cifras no harán más que empeorar.

EPOC, el principal aliado de la contaminación

Según un estudio publicado en mayo en PLOS One por un equipo de científicos españoles, ciertos factores derivados de la contaminación ambiental contribuyen al empeoramiento del estado de salud de los pacientes con enfermedad pulmonar obstructiva crónica, más conocida como EPOC. Como resultado, en las zonas en los que niveles de polución son mayores se da un número más alto de ingresos que, en los casos más graves, pueden finalizar con la muerte del enfermo.

En realidad, esta patología inflamatoria, caracterizada por la obstrucción crónica del flujo aéreo, se origina en la mayoría de casos por el consumo de tabaco. Sin embargo, existen muchos factores que pueden empeorarla y este es uno de los más preocupantes.

De cualquier modo, como bien explicaba a Hipertextual el pasado mes de noviembre el doctor Javier de Miguel-Diez, la enfermedad también puede darse en no fumadores y desde un tiempo atrás se ha observado que la contaminación ambiental puede ser un disparador de la misma.

El peligro de las partículas inhalables

Ciertos gases contaminantes, como el metano, el dióxido de carbono o el dióxido de nitrógeno, son perjudiciales a varios niveles, pero especialmente por su papel en el desarrollo del calentamiento global y todo lo que esto conlleva para el clima del planeta.

No obstante, a más corto plazo, las mayores enemigas de nuestra salud son las partículas en suspensión, clasificadas como pequeñas, muy pequeñas o finas. Se conoce que pueden acumularse en los pulmones y bloquear los bronquios, razón por la que se asocian a la aparición de enfermedades del sistema respiratorio y circulatorio, infecciones y cáncer de pulmón.

Se hace referencia a todo esto también en el hilo publicado por el CSIC a raíz de las declaraciones de Díaz Ayuso. En él, uno de los investigadores del centro, Aurelio Tobías, señalaba que las partículas inhalables (PM10), capaces de penetrar hasta los pulmones, y las finas (PM2.5), que pueden introducirse hasta el torrente sanguíneo, se asocian con un aumento en la mortalidad a corto plazo de 0.44% y 0.68%. Esto afecta principalmente a personas mayores o pacientes afectados previamente por enfermedades respiratorias, cuya muerte puede adelantarse desde días hasta años, por este motivo.

En riesgo incluso antes de nacer

La contaminación ambiental también supone un riesgo para las embarazadas y los hijos que esperan traer al mundo.

Son las conclusiones de un estudio publicado hace un año por científicos del Instituto de Salud Carlos III. En él, se hizo un seguimiento de los nacimientos acaecidos entre 2001 y 2009 en la mayoría de provincias españolas, relacionándolos con los niveles de contaminación ambiental en cada una de ellas.

Se prestó especial atención a las partículas de PM10 y el dióxido de nitrógeno (NO2). Se sabe que las primeras pueden atravesar los alveolos y llegar hasta la sangre de la embarazada, donde generarían síntomas como disminución de la circulación útero-placentaria o hipertensión materna. Esto puede provocar partos prematuros, un fenómeno que también se asocia frecuentemente con el NO2.

En el estudio no se encontró una correlación remarcable con estas sustancias por separado, pero en los lugares en los que los niveles de ambas eran altos sí que se detectó. De hecho, se concluye que solo en España se dan cada año unos 2.400 nacimientos prematuros relacionados con la presencia de estos contaminantes. Esto puede generar problemas de salud en los niños, hasta el punto de ser la principal causa de muerte durante el primer mes de vida.

Mirando al futuro

Todas estas son las consecuencias a corto plazo de la presencia de contaminantes en el aire. No obstante, no debemos olvidar que estos son también responsables del calentamiento global y que, con él, pueden generarse también serios problemas para la salud.

Por ejemplo, la fusión del hielo está “resucitando” enfermedades que habían quedado enterradas en él durante décadas o incluso siglos. Es el caso de lo que ocurrió en 2016, cuando numerosos pastores nómadas comenzaron a caer enfermos en Siberia a causa de una enfermedad sin identificar. Finalmente resultó que el origen estaba en un reno muerto de ántrax 75 años atrás, cuyo cuerpo, y también las bacterias causantes de la enfermedad, habían emergido del permafrost derretido.

También puede darse un intenso auge de las enfermedades transmitidas por mosquitos, si las condiciones climáticas para que estos proliferen se extreman.

Incluso se ha dado un aumento de los niveles de mercurio en la carne de algunos peces, que al ascender las temperaturas del agua deben aumentar sus reservas de grasa, comiendo más cantidad de cefalópodos, cuyos niveles de metilmercurio (un compuesto derivado del mercurio que en cantidades elevadas puede generar neurotoxicidad) son altos.

En definitiva, son muchas las razones por las que la contaminación ambiental mata y seguirá matando. Entre todos podemos contribuir a que esto no ocurra o al menos a que se dé con la mayor gravedad posible. Sin embargo, para eso el primer paso es tomarlo en serio y darle la importancia que merece y ahí el papel de los políticos es indispensable.